REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

miércoles, 19 de marzo de 2014

SAN JOSÉ, MODELO PARA EDUCADORES Y PADRES




Queridos hermanos y hermanas, buenos días:

Hoy, 19 de marzo, se celebra la fiesta de San José, Esposo de María y Patrono de la Iglesia Universal. Así que dedicamos esta catequesis a él, que merece toda nuestra gratitud y devoción por como fue capaz de custodiar a la Virgen Santa y al Hijo Jesús. Ser custodio es el sello distintivo de José, es su gran misión, ser custodio.

Hoy me gustaría retomar el tema de la custodia de acuerdo con una perspectiva particular: la perspectiva de la educación. Echemos un vistazo a José como el modelo del educador, que custodia y acompaña a Jesús en su camino de crecimiento "en sabiduría, edad y gracia", como dice el Evangelio. Él no era el padre de Jesús: el padre de Jesús era Dios, pero él le hacía de papá a Jesús, le hacía de padre para hacerlo crecer. Y ¿cómo lo ha hecho crecer? En sabiduría, edad y gracia.


Empecemos por la edad, que es la dimensión más natural, el crecimiento físico y psicológico. José, junto con María, se encargaron de Jesús, sobre todo, desde este punto de vista, es decir, lo "criaron", preocupándose de que no le faltara nada de lo necesario para un desarrollo saludable. No hay que olvidar que el cuidado atento y fiel de la vida del niño también dio lugar a la huida a Egipto, la dura experiencia de vivir como refugiados -José ha sido un refugiado con María y Jesús- para escapar de la amenaza de Herodes. Luego, una vez de vuelta a casa y establecidos en Nazaret, hay todo el largo período de la vida de Jesús en su familia. En aquellos años, José enseñó también a Jesús su trabajo, y Jesús ha aprendido a hacer el trabajo de carpintero con su padre José. Así José ha criado a Jesús.

Pasemos a la segunda dimensión de la educación que es la de la "sabiduría". José fue para Jesús ejemplo y maestro de esta sabiduría, que se nutre de la Palabra de Dios. Podemos pensar en cómo José educó al pequeño Jesús a escuchar las Sagradas Escrituras, en especial acompañándole el sábado a la sinagoga de Nazaret. Y José lo acompañaba para que Jesús escuchara la palabra de Dios en la sinagoga.


Y, por último, la dimensión de la "gracia". Dice siempre San Lucas refiriéndose a Jesús: "La gracia de Dios estaba sobre él" (2,40). Aquí, sin duda, la parte reservada a San José es más limitada respecto a los temas de la edad y de la sabiduría. Pero sería un grave error pensar que un padre y una madre no pueden hacer nada para educar a sus hijos a crecer en la gracia de Dios. Crecer en edad, crecer en sabiduría, crecer en gracia. Este es el trabajo que ha hecho José con Jesús: hacerlo crecer, en estas tres dimensiones, ayudarlo a crecer.

Queridos hermanos y hermanas, la misión de San José es sin duda única e irrepetible, porque Jesús es absolutamente único. Y sin embargo, en su custodia a Jesús, educándolo a crecer en edad, sabiduría y gracia, él fue un modelo para todos los educadores, especialmente para cada padre. San José es el modelo del educador y del papá, del padre. Así que encomiendo a su protección a todos los padres, los sacerdotes -que son padres, ¡eh!- y los que tienen un papel educativo en la Iglesia y en la sociedad.

En modo particular quisiera saludar hoy, en el día del papá, a todos los padres, a todos los papás: ¡los saludo de corazón!Veamos: ¿hay algunos papás en la plaza? Levanten la mano los papás, pero ¡cuántos papás! ¡Felicidades, felicidades en su día!

Pido para ustedes la gracia de estar siempre muy cerca de sus hijos, dejándolos crecer, pero de estar muy cercanos, ¿eh? Ellos tienen necesidad de ustedes, de su presencia, de su cercanía, de su amor. Sean para ellos como San José: custodios de su crecimiento en edad, sabiduría y gracia. Custodios de su camino, educadores. Y caminen con ellos. Y con esta cercanía serán verdaderos educadores. Gracias por todo lo que hacen por su hijos, ¡gracias! Y a ustedes muchas felicidades y buena fiesta del papá, a todos los papás que están aquí, a todos los papás.Que San José los bendiga y los acompañe.

También algunos de nosotros hemos perdido al papá, se ha ido, el Señor lo ha llamado; tantos que están en la plaza no tienen a su papá. Podemos rezar por todos los papás del mundo, para los papás vivos y también por aquellos difuntos y por los nuestros, y podemos hacerlo juntos, cada uno recordando a su papá, si está vivo o está muerto. Y recemos al grande Papá de todos nosotros, el Padre, un Padre nuestro por nuestros papás: Padre nuestro…

¡Y muchas felicidades a los papás!

VIRTUDES DE SAN JOSÉ


San José recibió de Dios la gracia necesaria para ser digno esposo de María y digno padre de Jesús. Su misión fue única e irrepetible en la historia de la salvación. A tanta gracia y a tan alta misión correspondió de modo admirable pues la misma Escritura lo llama hombre justo (Mt. 1, 19), luego debemos concluir que su santidad excede a todos sin excepción alguna.

La eximia santidad de San José y el carácter especial del culto que la Iglesia le rinde, ha movido a los teólogos a aplicarle a su culto el título de suma dulía, que expresa su inferioridad frente al culto a María de hiperdulía y, su superioridad respecto al de los santos, de simple dulía.

"Brillan en él, sobre todo, las virtudes de la vida oculta, en un grado proporcionado al de la gracia santificante: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad, que no puede ser quebrantada por ningún peligro; la sencillez, la fe, esclarecida por los dones del Espíritu Santo; la confianza en Dios y la más perfecta caridad. Guardó el depósito que se le confiara con una fidelidad proporcionada al valor de este tesoro inestimable" (Garrigou-Lagrange, R., San José, Buenos Aires, 1947, p.301).

"¿Cómo acertar a referir los progresos de su santidad al contacto de Jesús y en la sociedad más íntima con la Madre de Dios? No eran los sacramentos los que obraban en él, era el Autor de los sacramentos y de la gracia. Si Jesús les ha comunicado a sus sacramentos tanta gracia para santificar las almas, ¿como podían, por ventura, sus caricias, su sonrisa, su contacto, aun cuando de un modo distinto, producir efectos mucho más maravillosos? ¿Qué era la vida de San José sino una comunión continua con Jesús y con la plenitud de la santidad que habitaba en El: por los ojos, que con tanta frecuencia descansaban en Jesús; por la boca, cuando San José besaba con tanto amor al divino Niño; por el contacto, cuando Jesús descansaba entre sus brazos; por el pensamiento, que se volvía sin cesar a Jesús y a María; por toda pena, por toda prueba, por toda alegría, por todo trabajo, por todo movimiento? ... Pues nada existía en su vida que, por el sacrificio, la abnegación, el amor, no pusiese en contacto su alma con el alma de Jesús" (Sauvé, C., San José, Barcelona, 1915, p.361).

El Evangelio llama a San José hombre justo (Mt. 1, 19). "Una alabanza más rica de virtud y más alta en méritos no podría aplicarse a un hombre ... Un hombre ... que tiene una insondable vida interior, de la cual le llegan órdenes y consuelos singulares, y la lógica y la fuerza, propia de las almas sencillas y limpias, de las grandes decisiones, como la de poner en seguida, a disposición de los planes divinos, su libertad..." (Pablo VI, Homilía, 19-111-1969).

“San José habla poco pero vive intensamente, no sustrayéndose a ninguna responsabilidad que la voluntad del Señor le impone. Nos ofrece ejemplo atrayente de disponibilidad a las llamadas divinas, de calma ante todos los acontecimientos, de confianza plena, derivada de una vida de sobrehumana fe y caridad y del gran medio de la oración" (Juan XXIII, Alocución, 17-111-1963).

"Expresión cotidiana de amor en la vida de la Familia de Nazareth es el trabajo. El texto evangélico precisa el tipo de trabajo con el que José trataba de asegurar el mantenimiento de la Familia: el de carpintero ... La obediencia de Jesús en la casa de Nazareth, es entendida también como participación en el trabajo de José. El que era llamado el hijo del carpintero había aprendido el trabajo de su padre putativo. El trabajo humano y, en particular el trabajo manual tienen en el Evangelio un significado especial ... José acerco el trabajo humano "al misterio de la redención" (Juan Pablo II, Enc. Redemptoris custos, n.22).

Fuente: Revista MIRIAM

PRIVILEGIOS DE SAN JOSÉ





Hay algunos teólogos y santos que opinan que san Juan Bautista y Jeremías fueron santificados en el vientre de su madre, y que esto debe decirse con mucha más razón de san José.

Así lo afirman, entre otros, Gerson, Isidoro de Isolano, Bernardino de Bustos, san Alfonso María de Ligorio y la venerable María de Jesús de Ágreda, que dice: San José fue santificado en el vientre de su madre a los siete meses de su concepción.

Uno de los especiales privilegios concedidos por Dios a san José, según algunos santos, es el de su Asunción al cielo en cuerpo y alma. Así lo expresa el famoso teólogo español Suárez, San Pedro Damián y san Bernardino de Siena, san Francisco de Sales, san Alfonso María de Ligorio, la venerable Madre María Jesús de Ágreda, Bossuet, san Enrique de Ossó y Cervelló y otros.

Es interesante anotar que el Papa Juan XXIII, en la homilía pronunciada en la fiesta de la Ascensión, el 26 de mayo de 1960, con motivo de la canonización de Gregorio Barbarigo, expresó su opinión personal de que san José está en el cielo en cuerpo y alma; y la expuso como opinión aceptable. Dijo literalmente en italiano: così piamente noi possiamo credere (así nosotros podemos piadosamente creer).

ID A JOSÉ



Decía san Efrén (306-372): Nadie puede alabar dignamente a José.

San Juan Crisóstomo (+407) afirma con relación a san José: No pienses, oh José, que por haber sido concebido Cristo por obra del Espíritu Santo, puedes tú ser ajeno a esta divina economía. Pues, aunque es cierto que no tienes parte alguna en su generación y la madre permanece Virgen intacta, sin embargo, todo cuanto corresponde al oficio de padre, sin que atente en modo alguno contra la virginidad, todo te es dado a ti. Tú le pondrás el nombre al hijo, pues tú harás con él las veces de padre. De ahí que, empezando por la imposición del nombre, te uno íntimamente con el que va a nacer.

Santa Brígida (+1373), la gran mística, en sus Revelaciones, dice que un día le dijo la Virgen María: José me sirvió tan fielmente que jamás oí de su boca una sola palabra de lisonja ni de murmuración ni de ira, pues era muy paciente, cuidadoso en su trabajo y, cuando era necesario, suave con los que reprendía, obediente en servirme, pronto defensor de mi virginidad, fidelísimo testigo de las maravillas de Dios. Igualmente, estaba tan muerto al mundo y a la carne que no deseaba más que las cosas celestiales.

 Don Bosco contaba lo siguiente: Hace pocos años, un pobre muchacho de Turín, que no había recibido ninguna instrucción religiosa, fue un día a comprar una cajetilla de tabaco. Al volver donde su compañeros, quiso leer la parte impresa en el envoltorio del tabaco. Era una oración a san José para obtener la buena muerte... Tanto la estudió que se la aprendió de memoria y la rezaba cada día, casi materialmente, sin intención alguna de alcanzar ninguna gracia.
San José no quedó insensible ante aquel homenaje, en cierto modo involuntario; tocó el corazón del pobre joven, se presentó a Don Bosco y él le proporcionó la inestimable fortuna de llevarlo a Dios. El joven correspondió a la gracia, tuvo oportunidad de instruirse en la religión que había descuidado hasta entonces por ignorarla y pudo hacer bien su primera comunión. Al poco tiempo, cayó enfermo y murió, invocando el nombre de san José, que le había obtenido la paz y el consuelo de aquellos últimos momentos .

Santa Bernardita Soubirous, la vidente de la Virgen en Lourdes, era muy devota de san José. Cuando murió su padre en 1870, escogió a san José como su padre en la tierra.
Un día, una hermana la sorprendió rezando una novena a la Virgen delante de una imagen de san José, y le dijo que eso estaba muy mal, porque debía rezar la novena delante de la imagen de la Virgen. Pero ella le respondió:
- La Santísima Virgen y san José están perfectamente de acuerdo y en el cielo no hay celos ni envidias.
Un día de 1872, se fue a hacer una visita a la iglesia y les dijo a las hermanas de la enfermería:
- Voy a hacer una visita a mi padre.
- ¿A vuestro padre?
- Sí, ¿no sabéis que ahora mi padre es san José?
Y decía: Cuando no se puede rezar, es bueno encomendarse a san José.
Cuando la enterraron el 30 de mayo de 1879, lo hicieron en la cripta subterránea de la capilla de san José, en el jardín del convento y no en el cementerio público. En las Actas del proceso de beatificación, una de las religiosas declaró que repetía frecuentemente la invocación: San José, dame la gracia de amar a Jesús y a María como ellos quieren ser amados. San José, ruega por mí y enséñame a rezar.

Dice santa Faustina Kowalska (1905-1938): San José me ha pedido tenerle una devoción continua. Él mismo me ha dicho que rece diariamente tres veces el Padrenuestro, Avemaría y Gloria y el “Acordaos” (que se reza en la Congregación). Me ha mirado con gran cordialidad y me ha hecho conocer lo mucho que apoya esta Obra (de la misericordia) y me ha prometido su ayuda especialísima y su protección. Rezo diariamente estas oraciones pedidas y siento su especial protección.

Santa Teresa de Jesús es quizás la santa más conocida como gran devota de san José. Siendo de votos solemnes en el monasterio de la Encarnación de Ávila, estuvo cuatro días en coma en casa de su familia y todos pensaron que iba a morir.
Dice ella: Ya tenía día y medio abierta la sepultura en mi monasterio, esperando el cuerpo allá y hechas las honras en uno de nuestros conventos de frailes fuera de aquí, pero quiso el Señor tornase en mí (Vida 5, 10). La recuperación le costó tres largos años de sufrimiento. Pero se recuperó totalmente y esto se lo atribuía a san José. Dice:
- Tomé por abogado y señor al glorioso san José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así en esta necesidad como en otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío, me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado así del cuerpo como del alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, así en el cielo hace cuanto le pide... Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios; no he conocido persona que de veras le sea devota y le haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud... Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir muy por menudo las mercedes que me ha hecho este glorioso santo a mí y a otras personas... Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción... Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará de camino... él hizo que pudiese levantarme y andar y no estar tullida (Vida 6, 6-8).
En el día de la Asunción (1561), estando en un monasterio de la Orden del glorioso santo Domingo... vínome un arrobamiento tan grande que casi me sacó fuera de mí... Parecióme que me veía vestir una ropa de mucha blancura y claridad, y al principio no veía quién me la vestía; después vi a Nuestra Señora hacia el lado derecho y a mi padre san José al izquierdo... Díjome Nuestra Señora que le daba mucho contento que sirviera al glorioso san José, que creyese que lo que pretendía del monasterio se haría y en él se serviría mucho el Señor y ellos dos.
Una vez, estando en una necesidad que no sabía qué hacer ni con qué pagar unos oficiales, me apareció san José, mi verdadero padre y señor, y me dio a entender que no faltarían, que los concertase y así lo hice sin ninguna blanca, y el Señor, por maneras que espantaban a los que lo oían, me proveyó. Por eso, recomendaba encarecidamente a cada una de sus monjas: Aunque usted tenga muchos santos por abogados, séalo en particular de san José que alcanza mucho de Dios. Y les decía: Hijas, sean devotas de san José, que puede mucho.

lunes, 17 de marzo de 2014

ACTITUDES PARA SER MISERICORDIOSOS



Avergonzarse de los propios pecados y no auto-absolverse descargando la responsabilidad en los demás: son las actitudes que propuso el Papa para ser misericordiosos y poder ofrecer un aporte a la paz en las sociedades y en el mundo. Fue lo que dijo Francisco durante la Misa de hoy lunes en la Capilla de la Casa Santa Marta.

«Sean misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso»: el Papa comenta la exhortación de Jesús, afirmando enseguida que «no es fácil entender este comportamiento de la misericordia», porque estamos acostumbrados a juzgar: «no somos personas que dan espontáneamente un poco de espacio a la comprensión y también a la misericordia». «Para ser misericordiosos –observó– son necesarias dos actitudes: La primera es la conciencia de nosotros mismos», saber que «hemos hecho muchas cosas malas: ¡somos pecadores!». Frente al arrepentimiento, «la justicia de Dios… se transforma en misericordia y perdón». Pero es necesario avergonzarse de los pecados: «Es verdad, ninguno de nosotros ha matado a nadie, pero hay muchas cosas pequeñas, muchos pecados cotidianos, de todos los días… Y cuando uno piensa: “¡Fíjate, que corazón más pequeño! ¡He hecho esto contra el Señor!”. ¡Y se avergüenza! Avergonzarse ante Dios, esta vergüenza es una gracia: es la gracia de ser pecadores. “Yo soy pecador y me avergüenzo ante Ti y te pido perdón”. Es sencillo, pero es muy difícil decir: “He pecado”».

A menudo, observa Papa Francisco, justificamos nuestro pecado descargando la culpa sobre los demás, como hicieron Adán y Eva. «Quizás, el otro me ha ayudado, ha facilitado el camino para hacerlo, ¡pero lo he hecho yo! Si nosotros hacemos esto se darán muchas cosas buenas ¡porque seremos humildes!». Y, «con esta actitud de arrepentimiento somos más capaces de ser misericordiosos, porque sentimos sobre nosotros la misericordia de Dios», como decimos en el Padrenuestro: «Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Así, «si no perdono, estoy un poco ¡en fuera de juego!».

La otra actitud para ser misericordiosos, ha afirmado el Papa, «es agrandar el corazón», porque «un corazón pequeño» es «egoísta e incapaz de ser misericordioso». «¡Agrandar el corazón! “Pero soy un pecador”. “Pero mira que ha hecho esto y esto… ¡Pero yo he hecho muchas!” “¿Quién soy yo para juzgarlo?”. Esta frase: “¿Quién soy yo para jugar esto? ¿Quién soy yo para hablar de esto? ¿Quién soy yo, que he hecho las mismas cosas o peores?” ¡Agrandar el corazón! Y el Señor lo dice. “¡No juzguen y no serán juzgados! ¡No condenen y no serán condenados! ¡Perdonen y serán perdonados! ¡Den y se les dará!’. ¡Esta generosidad del corazón! ¿Y qué se les dará? Una medida buena, remecida, rebosante se les verterá en el seno. Es la imagen de las personas que iban a recibir el grano con el delantal, alargaban el delantal para recibir más grano. Si tienes el corazón ancho, grande, tú puedes recibir más»

El corazón grande, ha dicho Papa Francisco, «no condena, sino que perdona, olvida», porque «Dios ha olvidado mis pecados; Dios ha perdonado mis pecados. Agrandar el corazón ¡Esto es bello!», exclamó el Papa: «¡sean misericordiosos!».


«El hombre y la mujer misericordiosos tienen un corazón grande, grande: siempre excusan a los demás y recuerdan sus propios pecados. “¿Has visto lo que ha hecho aquel?”.”¡Tengo bastante con lo que he hecho yo y no me entrometo!”. Este es el camino de la misericordia que debemos pedir. Si nosotros, si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud ¡cuánta paz habría en el mundo, cuánta paz en nuestros corazones! Porque la misericordia nos lleva a la paz. Recuerden siempre: “¿Quién soy yo para juzgar?” Avergonzarse y agrandar el corazón. ¡Qué el Señor nos dé esta gracia!».
Fuente: www.news.va

viernes, 14 de marzo de 2014

VIERNES DE LA PRIMERA SEMANA DE CUARESMA


"Sacadme, Señor, de mis necesidades;
ved mi humillación y mi trabajo 
y perdonad todos mis pecados.
A Vos, Señor, elevé mi alma: 
Dios mío, en Vos confío, no sea confundido"
(Introito)

¿Quién podrá sentirse inocente en la presencia de Dios?
¿Quién podrá sentirse limpio y sin mancha ante el Justo?
¿Quién podrá creer que se basta a sí mismo?
Nuestra alma padece la penuria de las necesidades:
Necesitamos la Vida: ¡Cristo, vivifícanos!
Necesitamos la luz: ¡Cristo, ilumínanos!
Necesitamos la gracia: ¡Cristo, fortalécenos!
Necesitamos la misericordia: ¡Cristo, perdónanos!
Necesitamos un corazón nuevo: ¡Cristo, transfórmanos!
Necesitamos ser redimidos: ¡Cristo, justifícanos!
Estamos necesitados del agua que mana de tu costado herido: ¡Cristo, lávanos y purifícanos!
¡Aliméntanos con tu Cuerpo, que es verdadera comida!
¡Embriáganos con tu Sangre que es verdadera bebida!
Hasta tu Cruz nos acercamos para entregarte nuestros pecados, Tú que has venido al mundo para recogerlos y redimirlos.
Hasta tu Cruz nos acercamos y con María a ella nos abrazamos para entrar por las puertas de tu Corazón traspasado al reino de la Vida.
¡Dios mío, en Vos confío, no sea confundido!
P. Manuel María de Jesús

jueves, 13 de marzo de 2014

JUEVES DE LA PRIMERA SEMANA DE CUARESMA


"El brillo y el resplandor en su presencia;
brillan la santidad y la magnificencia en su santuario.
Cantad al Señor un cantar nuevo;
cantad al Señor toda la tierra"
(Introito)

La gloria del Señor ilumina la tierra entera. Él ha dejado la huella de su amor en todo cuanto existe.
Brilla la gloria del Señor en el hombre creado a su imagen y semejanza.
Resplandece la luz de su gracia y de su misericordia en el hombre redimido por su sangre.
¡Que el hombre no profane el santuario de Dios que es la creación, obra de sus manos!
¡Que brille la santidad en nosotros, templos consagrados por la unción del Espíritu Santo que mora en nuestras almas!
¡Que la magnificencia de su amor, de su sabiduría y de su misericordia resplandezcan en su santuario, que es la Iglesia edificada sobre el cimiento de sus Apóstoles y levantada con las piedras vivas que son sus fieles redimidos!
Así como la creación entera prorrumpe diariamente en cantos de alabanza a su Creador; sumémonos nosotros a los cantos de alabanza de los coros angélicos y de las criaturas.
El Señor aguarda pacientemente que llegue a su presencia nuestro canto nuevo.
Cantemos con nuestras obras el canto nuevo inaugurado por Cristo, el Unigénito y Predilecto del Padre.
Que brote desde las profundidades de cada corazón el canto nuevo de la reconciliación, del perdón y de la paz.
Que cada acto de nuestra vida se sume a la melodía de la caridad y de la misericordia, de la piedad y del santo temor de Dios, que es el principio de la Sabiduría.
Sea nuestra vida un canto nuevo que enjugue las lágrimas del que llora, que lleve consuelo al triste y justicia al oprimido; ánimo al abatido y confianza al desesperanzado.
Abramos nuestro corazón a la gracia en el tiempo de la misericordia para que la santidad y la magnificencia de nuestro Dios brillen y resplandezcan a través de nosotros, pues Él nos envía para ser sal de la tierra y luz del mundo.
P. Manuel María de Jesús