REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

viernes, 20 de abril de 2018

BENEDICTO XVI: EL ALMA ES INMORTAL

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA
HOMILÍA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
Basílica Vaticana
Sábado Santo 7 de abril de 2007

Queridos hermanos y hermanas:
Desde los tiempos más antiguos la liturgia del día de Pascua empieza con las palabras: Resurrexi et adhuc tecum sum - he resucitado y siempre estoy contigo; tú has puesto sobre mí tu mano. La liturgia ve en ello las primeras palabras del Hijo dirigidas al Padre después de su resurrección, después de volver de la noche de la muerte al mundo de los vivientes. La mano del Padre lo ha sostenido también en esta noche, y así Él ha podido levantarse, resucitar.
Esas palabras están tomadas del Salmo 138, en el cual tienen inicialmente un sentido diferente. Este Salmo es un canto de asombro por la omnipotencia y la omnipresencia de Dios; un canto de confianza en aquel Dios que nunca nos deja caer de sus manos. Y sus manos son manos buenas. El suplicante imagina un viaje a través del universo, ¿qué le sucederá? “Si escalo el cielo, allá estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha. Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra…», ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día” (Sal 138 [139],8-12).
En el día de Pascua la Iglesia nos anuncia: Jesucristo ha realizado por nosotros este viaje a través del universo. En la Carta a los Efesios leemos que Él había bajado a lo profundo de la tierra y que Aquél que bajó es el mismo que subió por encima de los cielos para llenar el universo (cf. 4, 9s). Así se ha hecho realidad la visión del Salmo. En la oscuridad impenetrable de la muerte Él entró como luz; la noche se hizo luminosa como el día, y las tinieblas se volvieron luz. Por esto la Iglesia puede considerar justamente la palabra de agradecimiento y confianza como palabra del Resucitado dirigida al Padre: “Sí, he hecho el viaje hasta lo más profundo de la tierra, hasta el abismo de la muerte y he llevado la luz; y ahora he resucitado y estoy agarrado para siempre de tus manos”. Pero estas palabras del Resucitado al Padre se han convertido también en las palabras que el Señor nos dirige: “He resucitado y ahora estoy siempre contigo”, dice a cada uno de nosotros. Mi mano te sostiene. Dondequiera que tu caigas, caerás en mis manos. Estoy presente incluso a las puertas de la muerte. Donde nadie ya no puede acompañarte y donde tú no puedes llevar nada, allí te espero yo y para ti transformo las tinieblas en luz.
Estas palabras del Salmo, leídas como coloquio del Resucitado con nosotros, son al mismo tiempo una explicación de lo que sucede en el Bautismo. En efecto, el Bautismo es más que un baño o una purificación. Es más que la entrada en una comunidad. Es un nuevo nacimiento. Un nuevo inicio de la vida. El fragmento de la Carta a los Romanos, que hemos escuchado ahora, dice con palabras misteriosas que en el Bautismo hemos sido como “incorporados” en la muerte de Cristo. En el Bautismo nos entregamos a Cristo; Él nos toma consigo, para que ya no vivamos para nosotros mismos, sino gracias a Él, con Él y en Él; para que vivamos con Él y así para los demás. En el Bautismo nos abandonamos nosotros mismos, depositamos nuestra vida en sus manos, de modo que podamos decir con san Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Si nos entregamos de este modo, aceptando una especie de muerte de nuestro yo, entonces eso significa también que el confín entre muerte y vida se hace permeable. Tanto antes como después de la muerte estamos con Cristo y por esto, desde aquel momento en adelante, la muerte ya no es un verdadero confín. Pablo nos lo dice de un modo muy claro en su Carta a los Filipenses: “Para mí la vida es Cristo. Si puedo estar junto a Él (es decir, si muero) es una ganancia. Pero si quedo en esta vida, todavía puedo llevar fruto. Así me encuentro en este dilema: partir —es decir, ser ejecutado— y estar con Cristo, sería lo mejor; pero, quedarme en esta vida es más necesario para vosotros” (cf. 1,21ss). A un lado y otro del confín de la muerte él está con Cristo; ya no hay una verdadera diferencia. Pero sí, es verdad: “Sobre los hombros y de frente tú me llevas. Siempre estoy en tus manos”. A los Romanos escribió Pablo: “Ninguno… vive para sí mismo y ninguno muere por sí mismo… Si vivimos, ... si morimos,... somos del Señor” (14,7s).
Queridos catecúmenos que vais a ser bautizados, ésta es la novedad del Bautismo: nuestra vida pertenece a Cristo, ya no más a nosotros mismos. Pero precisamente por esto ya no estamos solos ni siquiera en la muerte, sino que estamos con Aquél que vive siempre. En el Bautismo, junto con Cristo, ya hemos hecho el viaje cósmico hasta las profundidades de la muerte. Acompañados por Él, más aún, acogidos por Él en su amor, somos liberados del miedo. Él nos abraza y nos lleva, dondequiera que vayamos. Él que es la Vida misma.
Volvamos de nuevo a la noche del Sábado Santo. En el Credo decimos respecto al camino de Cristo: “Descendió a los infiernos”. ¿Qué ocurrió entonces? Ya que no conocemos el mundo de la muerte, sólo podemos figurarnos este proceso de la superación de la muerte a través de imágenes que siempre resultan poco apropiadas. Sin embargo, con toda su insuficiencia, ellas nos ayudan a entender algo del misterio. La liturgia aplica las palabras del Salmo 23 [24] a la bajada de Jesús en la noche de la muerte: “¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas!” Las puertas de la muerte están cerradas, nadie puede volver atrás desde allí. No hay una llave para estas puertas de hierro. Cristo, en cambio, tiene esta llave. Su Cruz abre las puertas de la muerte, las puertas irrevocables. Éstas ahora ya no son insuperables. Su Cruz, la radicalidad de su amor es la llave que abre estas puertas. El amor de Cristo que, siendo Dios, se ha hecho hombre para poder morir; este amor tiene la fuerza para abrir las puertas. Este amor es más fuerte que la muerte. Los iconos pascuales de la Iglesia oriental muestran como Cristo entra en el mundo de los muertos. Su vestido es luz, porque Dios es luz. “La noche es clara como el día, las tinieblas son como luz” (cf. Sal 138 [139],12). Jesús que entra en el mundo de los muertos lleva los estigmas: sus heridas, sus padecimientos se han convertido en fuerza, son amor que vence la muerte. Él encuentra a Adán y a todos los hombres que esperan en la noche de la muerte. A la vista de ellos parece como si se oyera la súplica de Jonás: “Desde el vientre del infierno pedí auxilio, y escuchó mi clamor” (Jon 2,3). El Hijo de Dios en la encarnación se ha hecho una sola cosa con el ser humano, con Adán. Pero sólo en aquel momento, en el que realiza aquel acto extremo de amor descendiendo a la noche de la muerte, Él lleva a cabo el camino de la encarnación. A través de su muerte Él toma de la mano a Adán, a todos los hombres que esperan y los lleva a la luz.
Ahora, sin embargo, se puede preguntar: ¿Pero qué significa esta imagen? ¿Qué novedad ocurrió realmente allí por medio de Cristo? El alma del hombre, precisamente, es de por sí inmortal desde la creación, ¿qué novedad ha traído Cristo? Sí, el alma es inmortal, porque el hombre está de modo singular en la memoria y en el amor de Dios, incluso después de su caída. Pero su fuerza no basta para elevarse hacia Dios. No tenemos alas que podrían llevarnos hasta aquella altura. Y sin embargo, nada puede satisfacer eternamente al hombre si no el estar con Dios. Una eternidad sin esta unión con Dios sería una condena. El hombre no logra llegar arriba, pero anhela ir hacia arriba: “Desde el vientre del infierno te pido auxilio...”. Sólo Cristo resucitado puede llevarnos hacia arriba, hasta la unión con Dios, hasta donde no pueden llegar nuestras fuerzas. Él carga verdaderamente la oveja extraviada sobre sus hombros y la lleva a casa. Nosotros vivimos agarrados a su Cuerpo, y en comunión con su Cuerpo llegamos hasta el corazón de Dios. Y sólo así se vence la muerte, somos liberados y nuestra vida es esperanza.
Éste es el júbilo de la Vigilia Pascual: nosotros somos liberados. Por medio de la resurrección de Jesús el amor se ha revelado más fuerte que la muerte, más fuerte que el mal. El amor lo ha hecho descender y, al mismo tiempo, es la fuerza con la que Él asciende. La fuerza por medio de la cual nos lleva consigo. Unidos con su amor, llevados sobre las alas del amor, como personas que aman, bajamos con Él a las tinieblas del mundo, sabiendo que precisamente así subimos también con Él. Pidamos, pues, en esta noche: Señor, demuestra también hoy que el amor es más fuerte que el odio. Que es más fuerte que la muerte. Baja también en las noches y a los infiernos de nuestro tiempo moderno y toma de la mano a los que esperan. ¡Llévalos a la luz! ¡Estate también conmigo en mis noches oscuras y llévame fuera! ¡Ayúdame, ayúdanos a bajar contigo a la oscuridad de quienes esperan, que claman hacia ti desde el vientre del infierno! ¡Ayúdanos a llevarles tu luz! ¡Ayúdanos a llegar al “sí” del amor, que nos hace bajar y precisamente así subir contigo! Amén.
Fuente: vatican.va

BERGOGLIO Y EL DERECHO EN LA IGLESIA


Stilum Curiae-12 abril 2018- por Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, hoy en La Nuova Bussola Quotidiana, hablo de la forma en que se ha destruido una comunidad religiosa belga, la Fraternidad de los Santos Apóstoles, y sobre todo cómo se le ha negado que pueda recurrir a la justicia ordinaria de la Iglesia. En los últimos días, hemos recibido la documentación que explica cómo sucedió esto: el Pontífice reinante firmó un acto que impedía el curso normal de la justicia ordinaria dentro de la Iglesia. Nos vino a la mente que hace apenas unos días, en su último documento, Gaudete et Exsultate, el Papa habla de justicia: 
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque estarán satisfechos” 77. “El hambre y la sed” son experiencias muy intensas, porque responden a las necesidades primarias y están vinculadas al instinto de supervivencia. Hay personas que con gran intensidad aspiran a la justicia y la buscan con un deseo muy fuerte. Jesús dice que ellos serán saciados, porque tarde o temprano llega la justicia, y podemos colaborar para que ello sea posible, incluso si no siempre vemos los resultados de este compromiso “.
No nos parece que en este supuesto, así como en el caso de los franciscanos de la Inmaculada, eso haya sucedido. Estábamos a punto de escribir un comentario para Stilum Curiae, sobre este tema, cuando al abrir el post encontramos un mensaje de Super Ex, (Ex Movimiento por la Vida, Ex de Avvenire y otros, pero aún así, milagrosamente, no Ex católico). Lo compartimos y aconsejamos a todos su lectura , especialmente a los colegas.
Estimado Marco:
en su último artículo en La Nuova Bussola explica la violenta decapitación de la fraternidad sacerdotal de los Santos Apóstoles de Bruselas por Bergoglio, más allá y en contra de cualquier procedimiento legal codificado por la Iglesia.
Al hacerlo recuerda a todos nosotros porqué Bergoglio quería decapitar de inmediato, poco después de su nombramiento, al cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, elegido por Benedicto XVI como jefe de la Signatura Apostólica, el Tribunal Supremo de la Iglesia, la cual,como escribe usted mismo, “cualquier persona en la Iglesia, clérigo o laico, puede apelar si considera que tiene que defender su derecho “.
¿Por qué Burke era un problema a resolver de forma inmediata? Porque su mentalidad católica reconoce que incluso para la Iglesia, la estructura jerárquica por excelencia, existe una justicia que hay que respetar, a fin de evitar que la jerarquía signifique arbitrio y prepotencia.
Cuando Burke recuerda los límites de la autoridad papal en materia de doctrina, en plena fidelidad a la doctrina católica de siempre, no hace otra cosa que razonar como cuando fue elegido por Benedicto para ejercer como juez. ¿Qué hace el juez eclesiástico? Ciertamente controla que la autoridad de alguien no se convierta en despotismo, tiranía, para que no haya excusa de prevaricación sobre un sacerdote, , un laico, un bautizado. Como juez, Burke controlaba que fuera respetada la autoridad y sus límites de gobierno.
Pero Bergoglio no quiere límites; él no se siente el vicario de Cristo, pero sí dueño absoluto de la Iglesia, ya sea en materia de doctrina (se preocupa altamente los cardenales, de los papas que le precedieron y del mismo Evangelio), ya en términos de derecho canónico.
“Si no existe más el derecho canónico en la Iglesia, dijo el cardenal Carlo Caffarra, la Iglesia pasa de ser monarquía a convertirse en tiranía”. Aún no se había escrito el libro titulado “El papa dictador”, pero ya era bastante evidente: ¿Bergoglio decide en materia de doctrina para cambiar el Evangelio sobre el matrimonio? Fuerza la mano del Sínodo; él mismo y un círculo de leales redactan Amoris Laetitia, reúne un sector de la prensa que ensucia a los opositores, se niega a responder a la legítima Dubia a la que ha sido sometido…
¿Quiere decapitar a los franciscanos de la Inmaculada? Como primera iniciativa, les impide recurrir a la justicia eclesiástica. Así que durante años esta orden ha sido masacrada, sin siquiera una verdadera acusación real.
¿Decide revocar la Orden de Malta? Él actúa imperiosamente, a toda prisa, contando con su fuerza, no con el derecho en la mano. ¿Debe proteger a su amigo, el cardenal Maradiaga? Bloquea cualquier proceso y oculta el expediente para que nadie sepa nada al respecto.
¿Bruselas, en la figura del triste cardenal De Kesel, quiere la cabeza de la Fraternidad de los Santos Apóstoles? Aquí fuerza el curso natural de las cosas evitando al proceso a seguir su curso.
Es necesario admitirlo, tristemente: Bergoglio no es el primer jabalí en la viña del Señor. Ya hemos tenido anteriormente papas pecadores y prepotentes, que, como él, amaban la Corte, el Poder, y habiendo procurado un asqueroso derecho, confundiendo su papel como Vicario de Dios en la tierra con la de Dios mismo.
Pero se trataba principalmente de hombres que abusaron de su poder en el campo del gobierno, en la gestión de asuntos de la iglesia (administración de bienes, hombres …).
Con Bergoglio, el gobierno y la doctrina están en manos de un hombre que no reconoce ningún límite a su autoridad y que pronuncia palabras continuamente (“misericordia”, “escuchar” …), que niega a cada instante con lo hechos.
¿Pero por qué son tan pocos los cardenales que abiertamente se oponen a este mal hábito? ¿Quizás porque muchos, temiendo muy poco el juicio de Dios, temen terriblemente la ira de su vicario?
No queda más que terminar recordando nuevamente la conferencia del 7 de abril: cientos de fieles han mostrado su confusión en Roma físicamente. Sufrirán por enésima sus maldiciones y las excomuniones de Bergoglio, pero está claro que no tienen la menor intención de guardar silencio.
 Artículo original Stilum Curiae
Traducido para Como Vara de Almendro por Montse Sanmartí

BERGOGLIO DISUELVE LA FRATERNIDAD DE LOS SANTOS APÓSTOLES, LA DE MAYOR CRECIMIENTO DE BÉLGICA

El Papa ha firmado de nuevo la disolución de una orden, la belga Fraternidad de los Santos Apóstoles, creación del entonces Arzobispo de Malines-Bruxelles y primado de Bélgica, André Léonard.

Fue fundada en 2013 y apuntaba a la llamada “reforma de la reforma” que animaba el Papa Benedicto XVI. Inspirada en el carisma del sacerdote francés Michel-Marie Zanotti- Sorkine, es una historia de éxito. En un país especialmente afectado por la descristianización, en una época en la que la crisis de vocaciones sacerdotales alcanza unos niveles de ‘alarma roja’, contaba ya con seis sacerdotes y 23 seminaristas. Uno podría pensar que no es tan alta la cifra, sin embargo, poniéndonos en el contexto de las cifras vocacionales en la zona francófona de Bélgica donde el año pasado ingresaron al seminario exactamente cero aspirantes, pues, es bastante.

La fraternidad ha corrido la misma suerte que su fundador, un primado que no fue honrado con el cardenalato y al que se aceptó el retiro en cuanto cumplió 75 años, lo que es canónico pero excepcional, para ser sustituido por De Kesel -este sí nombrado cardenal-, un ‘protegido’ del poderoso Cardenal Daneels, la persona que presume abiertamente en un libro haber gestionado la ‘mafia de Sankt Gallen’ para elegir a Jorge Bergoglio como Papa queriendo evitar a Ratzinger.
De las primeras medidas tomadas por De Kesel al ocupar su nuevo cargo fue, precisamente, terminar con la presencia de la fraternidad en la capital belga. La razón aducida era que muchos de sus seminaristas eran de nacionalidad francesa y que, por ‘solidaridad episcopal’, era mejor que volvieran a sus diócesis de origen.
 La excusa es, además de inverosímil, sorprendentemente débil, ya que en el seminario nacional de Namur, de 80 seminaristas, solo 25 son belgas y, sin embargo, no se aplica el mismo principio en este caso.Un grupo de laicos recurrió entonces la decisión de De Kesel a la Congregación para el Clero, que falló, aparentemente sin aportar motivos, a favor de la decisión del nuevo arzobispo, confirmando el decreto de disolución de la fraternidad.
Una nueva apelación llevó el caso al ‘tribunal supremo’ de la Iglesia, la Signatura Apostólica. Para entonces ya no estaba en la Signatura el Cardenal Raymond Leo Burke, sustituido por mons. Dominique Mamberti.  La causa fue aceptada por el Promotor de Justicia y la audiencia, de la que tanto esperaban los defensores de la fraternidad, estaba prevista para el otoño pasado. Pero el 25 de noviembre llegaba una carta de la Signatura dando por cerrada la causa sin haberse juzgado.
El prefecto de la Congregación para el Clero, Beniamino Stella, había elevado a Su Santidad el decreto de disolución. El Papa Francisco ha firmado, finalmente, disolviendo una de las ordenes más dinámicas y fructíferas de una Iglesia, la europea, que languidece por falta de sacerdotes.
Monseñor André Lèonard







¡CIERTAMENTE ESTE ESTILO SACERDOTAL CATÓLICO NO ES EL QUE INTERESA A LA MAFIA DE SANKT GALLEN!

martes, 17 de abril de 2018

HERMANA MARÍA DEL CARMEN DE LA EUCARISTÍA: LA GRACIA DE LA VOCACIÓN

Se cumplen ocho días del tránsito de este mundo a los brazos del Padre Celestial de la Hermana María del Carmen de la Eucaristía, Misionera de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina.
Mi gusto personal no es otro que vivir estos momentos de dolor y de esperanza desde el silencio y el recogimiento personal. Sin embargo, comprendo muy bien a aquellos miembros y amigos de la Fraternidad que me solicitan romper mi silencio y ofrecer mi humilde testimonio sobre la vida de la última de mis hijas espirituales de las Misioneras de la Fraternidad. ¡Lo hago con inmenso dolor por su pérdida, pero  aún con mucho mayor amor, porque considero que es de justicia testimoniar las maravillas que el Señor obra en los hermanos y hermanas que nos encontramos en el camino de la vida!
No ofrezco este testimonio para gloria de la Hermana María del Carmen. Primero, porque ella no lo querría de ninguna de las  maneras, y en segundo lugar porque tampoco a ella le hace falta alguna ni le beneficia en este momento. Tan sólo me mueve la gloria de Dios y de la Santísima Virgen María, que obran obras grandes en sus pequeños hijos, y la edificación de quienes la recuerdan con cariño y agradecimiento, y de quienes puedan leer  con humilde corazón este sencillo testimonio.
Conocí a la Hermana siendo yo un jovencísimo sacerdote. Ella era toda una mujer, adulta, con su vida ya resuelta después de muchos años de trabajo y de sacrificio. Siempre había buscado hacer la voluntad de Dios en su vida, aparcando a un lado sus gustos personales y las ilusiones que anidaban en su corazón.
Su gusto personal siempre había sido consagrarse enteramente al Señor, pero desde la oración personal y con el consejo de sus directores espirituales comprendió que la voluntad de Dios pasaba por la entrega y el cuidado de sus padres. Lo aceptó siempre con alegría y a ellos se dedicó enteramente con alma y corazón, aún consciente de que la llamada de Jesús lejos de diluirse en el tiempo continuaba viva y actual en su interior.
Cuando conoció la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, que había nacido en su parroquia de San José de Pontevedra, descubrió con inmensa alegría que una vez libre ya de sus obligaciones familiares podía llevar a cabo la vocación que siempre había anidado en su corazón: consagrarse por entero a Jesús.
Su decisión fue realmente una heroicidad. Se consagraba al Señor a una edad en la que ya podía vivir desahogadamente  del fruto de toda una vida de trabajo, y se consagraba en una asociación que acababa de nacer en la Iglesia diocesana de Santiago de Compostela. 
Más que con  apoyos y ánimos , se encontró con dudas, dificultades y reservas, que con la mejor de las intenciones su entorno le planteaba. Incluso, dentro de la misma Fraternidad, no todos los miembros confiaban en sus posibilidades por razones de su edad.
Pero aquella mujer menuda en su físico tenía  en su corazón la valentía del pequeño David frente a Goliat. 
Después de haber participado en una convivencia de la Fraternidad en la ciudad de Burgos, habiendo escuchado una plática sobre las distintas  miradas de Jesús, y especialmente sobre la triste mirada del Señor sobre el joven rico que no aceptó su invitación a seguirle, tomó una determinación irrevocable contra viento y marea:el resto de su vida viviría como consagrada a Jesús y a María en la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina. Ya no le importaban más los reparos de sus amistades, ni su edad madura, ni consagrarse en una asociación que estaba naciendo con todas las incertidumbres propias de tales circunstancias. Ella quería vivir hasta el final de sus días siendo enteramente de Jesús y de María en el seno de la Fraternidad naciente.
En estos tristísimos momentos que nos toca a vivir, la Hermana María del Carmen de la Eucaristía es un ejemplo de osadía evangélica en el seguimiento de Cristo. Un ejemplo de cómo la fidelidad a la gracia de la vocación puede vencer todas las dificultades, todos los respetos humanos, e incluso los propios miedos y reservas que se levantan en la mente y en el corazón del llamado.
La Hermana María del Carmen de la Eucaristía respondió fielmente a la gracia de la vocación, pidió con constancia la gracia de la santa perseverancia en la vocación y así le fue concedida, aún permaneciendo ella como la última Misionera de la Fraternidad, entregando su alma a Dios, no en el seno de una comunidad de Misioneras, porque ya no existía comunidad varios años antes del momento de su fallecimiento, pero con la conciencia de guardar en su alma el carisma de las Misioneras hasta su muerte, tal y como ella misma se lo expresó al Padre Fundador en la residencia donde vivió hasta el último momento y renovando su consagración ante el mismo Padre, y con su consagración también la fidelidad al carisma recibido por la Madre María Elvira de la Santa Cruz y por el Padre Fundador de la Fraternidad. Así mismo lo expresó ella, de lo cual yo doy fe con las personas que me acompañaban.
Transcribo una tarjeta entregada por la Hermana María del Carmen de las Eucaristía a la Madre María Elvira de la Santa Cruz con fecha 2 de enero de 1998, aniversario fundacional de la Fraternidad. En sus palabras se dejan traslucir sus deseos de fidelidad a la gracia de la vocación y a la santa perseverancia en la misma:
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¡Por Jesús y María!
Yo no quiero dejar que pase este día, que mucho representa para ti, sin desearte que Jesús y María te bendigan, y que tu correspondencia a la gracia recibida, vaya en aumento para gloria de Dios, para tu bien y el de los que te seguimos, hasta la Patria definitiva.
Gracias por tus palabras de ayer. Sin dudar el Espíritu Santo te las inspiró para mi bien. Gracias también por esa "sonrisa" que aunque tenue como luz de la Aurora, para mí se convierte en plena luz de mediodía.
Pide a Jesús y María que este día también sea para mí la respuesta definitiva al Señor y que con su gracia y tu ayuda corresponda hasta la muerte.
 Hna. María del Carmen de la Eucaristía.
Desde el cielo, su Madre María Elvira le alcanzó la gracia de su respuesta definitiva hasta la muerte.
¡Laus Deo Virginique Matri!
¡Gloria a Jesús en María!
P. Manuel María de Jesús F.F.


martes, 10 de abril de 2018

IN MEMORIAM

Ha sido llamada a la Casa del Padre la Hermana María del Carmen de la Eucaristía (María del Carmen Rodríguez Vicente), Misionera de la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina.


Yo soy la resurrección y la vida –dice el Señor–; quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí no morirá eternamente. (cfr. Juan 11, 25-26)

V/ . Venid en su ayuda, Santos de Dios; salid a su encuentro, Ángeles del Señor.
R/. Recibid su alma, y presentadla ante el Altísimo.
V/ . Cristo que te llamó, te reciba y los Ángeles te conduzcan al regazo de Abraham.
R/. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.
V/ . Concédele, Señor, el descanso eterno y brille para ella la luz eterna.
R/. Recibid su alma y presentadla ante el Altísimo.

V/ . Señor, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad, Señor, ten piedad.
Padre nuestro…
V/ . Libra, Señor, su alma.
R/. De las penas del infierno.
V/ . Descanse en paz.
R/. Amén.
V/ . Señor, escucha nuestra oración.
R/. Y llegue a ti nuestro clamor.
V/ . El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
OREMOS
Oh Dios, que concedes el perdón y quieres la salvación de los hombres: te rogamos que, por la intercesión de la Santísima Virgen María, de San José y de todos los Santos, concedas la bien­aven­tu­ranza a tu hija la Hermana María del Carmen de la Eucaristía, a quien llamaste de este mundo. No la abandones en manos del enemigo, ni te olvides de ella para siempre; sino recíbela  con tus santos Ángeles en el Cielo, su patria definitiva. Y porque creyó y esperó en ti, concédele para siempre las alegrías del Cielo. Por Cristo nuestro Señor.
R/. Amén.
Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí no morirá eternamente. (Juan 11, 25-26)
V/ . Concédele, Señor, el descanso eterno.
R/. Y brille para ella la luz eterna.
V/ . Descanse en paz.
R/. Amén.

lunes, 9 de abril de 2018

ASOMBRO DE MARÍA EN LA ANUNCIACIÓN


Estaba María santa 
contemplando las grandezas 
de la que de Dios sería 
Madre santa y Virgen bella 
el libro en la mano hermosa, 
que escribieron los profetas, 
cuanto dicen de la Virgen. 
¡Oh qué bien que lo contempla! 
Madre de Dios y virgen entera, 
Madre de Dios, divina doncella. 

Bajó del cielo un arcángel, 
y haciéndole reverencia, 
Dios te salve, le decía, 
María, de gracia llena. 
Admirada está la Virgen 
cuando al Sí de su respuesta 
tomó el Verbo carne humana, 
y salió el sol de la estrella. 
Madre de Dios y virgen entera, 
Madre de Dios, divina doncella. 

LOPE DE VEGA

LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS


¿ERA CONVENIENTE QUE DIOS SE ENCARNASE?
Es conveniente para todo ser aquello que le compete según su naturaleza; como es conveniente para el hombre razonar, puesto que eso le compete al ser racional por naturaleza. Pero la naturaleza de Dios es la bondad, según dice Dionisio en el c.l De Div. Nom. Luego todo cuanto pertenece a la razón de bien, conviene a Dios.
A la naturaleza del bien pertenece comunicarse a los demás, según escribe Dionisio en el c.4 De Div. Nom. Por consiguiente pertenece a la naturaleza del bien sumo comunicarse a la criatura de modo superlativo. Lo cual se realiza en sumo grado cuando Dios une a sí la naturaleza creada de tal manera que se constituye una sola persona de tres seres: el Verbo, el alma y la carne, como dice Agustín en el libro XIII De Trin.. De donde resulta evidente la conveniencia de que Dios se encarnase.
¿ERA NECESARIA LA ENCARNACIÓN PARA LA REDENCIÓN DEL GÉNERO HUMANO?
Una cosa puede ser necesaria de dos modos para alcanzar un fin: o como algo sin lo que tal cosa no puede existir, como sucede con el alimento para la conservación de la vida humana; o como algo con lo que se puede alcanzar el fin de manera más perfecta y conveniente, por ejemplo, el caballo para viajar. En el primer sentido no se puede afirmar que la encarnación del Verbo fuese necesaria para la redención, pues Dios, por ser omnipotente, pudo rescatar al género humano de infinidad de maneras distintas. En cambio, en el segundo sentido sí fue necesario que Dios se encarnase para salvar a la naturaleza humana. Por eso dice Agustín en el libro XIII De Trin.Debemos demostrar que Dios, a cuyo poder está todo sometido, no padece indigencia de medios; pero no existía otro más oportuno para sanar nuestra miseria.
Para convencerse de ello basta con atender a la promoción del hombre en el bien. Y primeramente en lo referente a la fe, que se hace más segura al creer al mismo Dios que nos habla. Por eso dice Agustín en el libro XI De Civ. Dei: Para que el hombre caminase con más confianza hacia la verdad, la misma Verdad, el Hijo de Dios, haciéndose hombre, constituyó y cimentó la fe. En segundo lugar, en lo que atañe a la esperanza, que con eso se consolida. A este propósito dice Agustín en el libro XIII De Trin.Nada hubo tan necesario para fortalecer nuestra esperanza como el demostrarnos Dios cuánto nos amaba. Y ¿qué prueba más palpable de este amor que el hermanamiento del Hijo de Dios con nuestra naturaleza? En tercer lugar, en lo que concierne a la caridad, que con ese misterio se inflama sobre toda ponderación. Por esto escribe Agustín en De catechizandis rudibus¿Qué causa mayor puede asignarse a la venida del Señor que la de mostrarnos su amor? Y luego añade: Si hemos sido remisos para amarle, no lo seamos para corresponder a su amor. En cuarto lugar, en lo que toca al recto comportamiento, en el que se nos ofreció como ejemplo. A este respecto dice Agustín en un sermón De Nativitate Domini: No había que seguir al hombre, a quien podíamos ver, sino a Dios, que no podía ser visto. Así, pues, para mostrarse al hombre y para que éste le viera y le siguiera, Dios se hizo hombre.Finalmente, la encarnación era necesaria para la plena participación de la divinidad, que constituye nuestra bienaventuranza y el fin de la vida humana. Y esto nos fue otorgado por la humanidad de Cristo; pues, como dice Agustín en un sermón De Nativitate DominiDios se hizo hombre para que el hombre se hiciese Dios.
De manera análoga, la encarnación fue útil para alejar el mal. Primeramente, porque de este modo aprende el hombre a no tenerse en menos que el demonio y a no venerar al que es autor del pecado. Dice Agustín en el libro XIII De Trin.Cuando la naturaleza humana pudo ser unida a Dios hasta el punto de no constituir con él más que una sola persona, los espíritus malignos no pueden atreverse a anteponerse al hombre porque ellos no tienen carne. Seguidamente, porque somos aleccionados acerca de la gran dignidad de la naturaleza humana, para que no la manchemos pecando. De aquí que diga Agustín en el libro De Vera Relig.Dios nos manifestó cuán excelso lugar ocupa entre las criaturas la naturaleza humana al mostrarse entre los hombres con naturaleza de verdadero hombre. Y el papa León dice en un sermón De Nativitate: Reconoce, ¡oh cristiano!, tu dignidad; y, ya que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no quieras volver a tu antigua vileza por un comportamiento indigno. Después, porque para destruir la presunción humana nos fue otorgada la gracia de Dios en Cristo hombre sin ningún mérito nuestro, como se dice en el libro XIII De Trin.. En cuarto lugar, porque, como vuelve a decir Agustín en el mismo sitio, la soberbia humana, obstáculo principal para la unión con Dios, puede ser confundida y curada por la profunda humildad de Dios. Finalmente, para librar al hombre de la esclavitud. A este respecto dice Agustín en el libro XIII De Trin.Debió hacerse de tal modo que el diablo fuese vencido por la justicia de Jesucristo hombre, lo que se cumplió al satisfacer Cristo por nosotros. Un simple hombre no podía satisfacer por todo el género humano; y Dios no estaba obligado a hacerlo; luego era conveniente que Jesucristo fuese a la vez Dios y hombre. Por eso dice el papa León en un sermón De Nativ.El poder asume la debilidad, la majestad se apropia de la humildad, a fin de que, como era necesario para nuestra redención, un solo y mismo mediador entre Dios y los hombres pudiese, por un lado, morir y, por otro, resucitar. Si no fuese verdadero Dios, no traería el remedio; y, de no ser verdadero hombre, no nos daría ejemplo.
Hay todavía otros muchos beneficios que se siguen de la encarnación, pero exceden la comprensión humana.
¿SE HUBIERA ENCARNADO DIOS SI NO HUBIERA PECADO EL HOMBRE?
Sobre esta cuestión hay distintas opiniones. Unos dicen que el Hijo de Dios se hubiera encarnado aunque el hombre no hubiese pecado. Otros sostienen lo contrario. Y parece más convincente la opinión de estos últimos. Porque las cosas que dependen únicamente de la voluntad divina, fuera de todo derecho por parte de la criatura, sólo podemos conocerlas por medio de la Sagrada Escritura, que es la que nos descubre la voluntad de Dios. Y como todos los pasajes de la Sagrada Escritura señalan como razón de la encarnación el pecado del primer hombre, resulta más acertado decir que la encarnación ha sido ordenada por Dios para remedio del pecado, de manera que la encarnación no hubiera tenido lugar de no haber existido el pecado. Sin embargo, no por esto queda limitado el poder de Dios, ya que hubiera podido encarnarse aunque no hubiera existido el pecado.
¿DIOS SE ENCARNÓ PRINCIPALMENTE PARA QUITAR LOS PECADOS ACTUALES O PARA BORRAR EL PECADO ORIGINAL?
Es cierto que Cristo vino a este mundo no sólo para borrar el pecado original, que se transmite a todos los hombres, sino también para quitar todos los pecados cometidos posteriormente: no porque todos sean borrados (esto por culpa de los hombres, que no siguen a Cristo, según Jn 3,19: Vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz), sino porque El ofreció una satisfacción suficiente para destruir todo pecado. Por eso se dice en Rom 5,15-16: No es el don como fue el pecado, pues el pecado de uno terminó en condenación, mientras que la gracia, partiendo de muchas faltas, culminó en justificación.
Cristo vino más principalmente para borrar el pecado que era mayor. Pero una cosa puede ser mayor que otra de dos modos. Primero, intensivamente: como es mayor la blancura cuanto más intensa. De esta manera es mayor el pecado actual que el original, porque es más voluntario, como ya hemos dicho (1-2 q.82 a.1 obi.2). En segundo lugar, extensivamente: como se llama mayor la blancura que ocupa una superficie más amplia. Y de este modo, el pecado original, por haber corrompido a todo el género humano, es mayor que cualquier pecado actual, que es propio de la persona concreta que lo comete. Y bajo este aspecto, Cristo vino principalmente para quitar el pecado original, pues el bien del pueblo es más sublime que el bien de un particular, como se dice en I Ethic.
Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica