REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

sábado, 3 de octubre de 2015

¡POR QUÉ TE AMO, MARÍA!

Cantar, Madre, quisiera : ¡por qué te amo , María !,
por qué tu dulce nombre de alegría estremece
mi corazón, por qué de tu suma grandeza
la idea no le inspira temores a mi mente.
Si yo te contemplase en tu sublime gloria
eclipsando el fulgor de todo el cielo junto,
No podría creer que yo soy hija tuya ;
bajaría los ojos sin mirar a los tuyos.
Para que un niño pueda a su madre querer,
debe ella compartir su llanto y sus dolores.
¡Madre mía querida, para atraerme a ti,
pasaste en esta vida amargos sinsabores… !
Contemplando tu vida según los Evangelios,
ya me atrevo a mirarte y hasta a acercarme a ti ;
y me resulta fácil creer que soy tu hija,
pues te veo mi igual en sufrir y morir…
Cuando un ángel del cielo te ofrece ser la Madre
del Dios que vive y reina toda la eternidad,
me admira que prefieras, María, ¡qué misterio !,
el tesoro inefable de la virginidad.
Comprendo que tu alma, virgen Inmaculada,
le sea a Dios más cara que su eterna mansión,
comprendo que tu alma, humilde y dulce Valle,
contenga a mi Jesús, ¡Océano de amor… !
Cuánto te amo, María, cuando te dices sierva
del Dios a quien arrobas con tu dulce humildad.
Esta virtud oculta te torna omnipotente
y a tu corazón trae la Santa Trinidad.
Entonces el Espíritu te cubre con su sombra
y el Hijo igual al Padre, de Amor, en ti se encarna.
¡Muy grande será el número de hermanos pecadores,
porque tu Primogénito a Jesús se le llama… !
¡Oh, Madre muy amada, pese a mi pequeñez,
como tú yo poseo en mí al Omnipotente !
Mas no tiemblo de espanto al mirar mi flaqueza :
de la Madre el tesoro a la hija pertenece,
y yo soy tu hija, ¡oh mi Madre adorada !
tus virtudes, tu amor,¿no están entre mis bienes ?
Cuando a mi corazón desciende Jesús-Hostia,
¡cree posar en ti tu Cordero inocente… !
Tú me haces comprender que no es cosa imposible
caminar tras tus huellas, oh Reina de los santos ;
al practicar tú siempre las virtudes humildes,
el camino del cielo dejaste iluminado.
Quiero ante ti, María permanecer pequeña,
es pura vanidad lo grande de aquí abajo ;
al verte visitar a tu prima Isabel,
aprendo caridad ardiente en sumo grado.
Allí escucho extasiada el admirable cántico
que,¡Reina de los ángeles !, brota en tu corazón.
Me enseñas a cantar la divina alabanza
y a gloriarme en Jesús, mi fuerte Salvador.
Tus palabras de amor son las místicas rosas
que deben perfumar los siglos con su olor.
En ti el Omniprtente ha hecho cosas grandes,
yo quiero meditarlas y bendecir a Dios.
Cuando el buen San José la maravilla ignora
que quieres ocultar en tu dulce humildad,
¡tú le dejas llorar al pie del tabernáculo
que vela del Señor la divina beldad… !
¡Cuánto estimo, María, tu elocuente silencio !
Para mí es un concierto melodioso sin par,
que me habla de la altura y de la omnipotencia
de un alma que su auxilio sólo espera de Dios…
Luego en Belén os veo,¡oh, María y José !,
rechazados de plano por todos sus vecinos.
Nadie quiere admitir en sus alojamientos
a pobres, sólo aceptan a nobles peregrinos…
Sólo para los grandes hay sitio ; en un establo
la Reina de los cielos engendraré a Dios-Niño.
¡Oh , mi Reina querida, te encuentro tan amable,
te encuentro tan sublime en ese pobre sitio… !
Cuando veo al Eterno envuelto en los pañales
y oigo el tierno vagido del Verbo entre las pajas,
oh, mi Madre querida, ya no envidio a los ángeles,
¡es su Dios poderoso el hermano de mi alma… !
Cuánto te amo ,María, porque en nuestras riberas
has hecho eclosionar a Dios , Flor humanada… !
¡Cuánto te amo , que escuchas a pastores y magos
y todas esas cosas en tu corazón guardas… !
Te amo porque te mezclas con las demás mujeres
que dirigen sus pasos al templo del Señor,
te amo cuando presentas al Niño que nos salva
poniéndolo en los brazos del viejo Simeón.
Al principio yo escucho, sonriendo, su cántico,
mas pronto sus acentos ahogan mi emoción ;
hundiendo en el futuro su mirada profética,
Simeón te predice la espada de dolor.
¡Oh, Reina de los mártires, hasta el fin de tu vida
la espada dolorosa traspasará tu pecho !
Habrás de abandonar el suelo de tu patria,
para evitar de un rey el furor traicionero.
En paz duerme Jesús, a quien tu mano abriga,
cuando José te avisa que habéis de partir luego.
Tu obediencia es puntual y enseguida se apresta
y partís sin demora y sin razonamientos.
En la tierra de Egipto me parece, ¡oh María !,
Que, alegre, en la pobreza, vive tu corazón.
¿O no es Jesús de todas las patrias la más bella ?
¿Qué te importa el destierro, si posees a Dios… ?
Mas en Jerusalén una amarga tristeza,
como un inmenso océano, te anega el corazón :
tu Jesús, por tres días,se oculta a tu ternura ;
¡tu destierro es entonces del máximo rigor.
Cuando por fin lo encuentras, la alegría te esponja,
Y le dices al niño, que admira a los doctores :
"Hijo mío,¿ por qué te has comportado así ?
Tu padre y yo, angustiados, te hemos buscado insomnes".
Y a su Madre querida que le tiende los brazos,
(¡oh, misterio insondable !), el Niño-Dios responde :
"¿Y por qué me buscabais ? ¿Es que no lo sabíais ?
Las cosas de mi Padre son mis ocupaciones".
Me enseña el Evangelio que, creciendo en sapiencia,
a José y a María Jesús sigue sumiso.
Mi corazón intuye con qué inmensa ternura
Él obedece siempre a sus padres queridos.
Ahora ya comprendo el misterio del templo,
las crípticas palabras del amable Rey mío.
Madre, tu dulce Hijo quiere que seas ejemplo
del alma que le busca de la fe en lo escondido.
Puesto que el Rey del cielo quiso ver su Madre
sumergida en la noche y en la angustia del alma,
María,¿es, pues, un bien sufrir en la tierra ?
Sí,¡sufrir aquí amando es la dicha más santa… !
Puede tomar de nuevo Jesús lo que me ha dado,
dile que no se enfade jamás conmigo en nada…
Si se quiere ocultar, me resigno a esperarle
hasta el día sin noche en que la fe se apaga…
Yo sé que en Nazaret, Madre llena de gracia,
viviste pobremente sin ambición de más.
¡Ni éxtasis, ni raptos, ni sonoros milagros
tu vida embellecieron, Reina del santoral… !
Muchos son en la tierra los pequeños y humildes :
sus ojos hacia ti pueden sin miedo alzar.
Madre, te place andar por la vía común,
para guiar a las almas al feliz Más Allá.
A la espera del cielo,¡oh, mi querida Madre !,
quiero vivir contigo, seguirte cada día,
y, en tanto te contemplo, yo me engolfo extasiada
y en tu corazón hallo de amor inmensas simas.
Tu mirada materna disipa mis temores
y me enseña a llorar y a gozar me adoctrina.
Y en vez de despreciar los goces puros, santos,
los quieres compartir, bendecirlos te dignas.
De los buenos esposos de Caná ves la angustia
que ocultar ya no pueden, pues carecen de vino.
A tu Hijo lo dices, cual solícita Madre,
esperando el socorro de su poder divino.
Él parece al principio rechazar tu demanda :
« ¡Oh, mujer,-te contesta-,¿qué nos va a ti y a mi ? »
Mas en su corazón El te llama su Madre
y su primer milagro se realiza por ti…
Los pobres pecadores escuchan la doctrina
de quien quisiera a todos en el cielo admitir ;
tú te encuentras con ellos, María , en la colina ;
alguien dice a tu Hijo que lo buscas allí ;
entonces tu divino Jesús ante las turbas
nos demuestra su amor a nosotros sin fin :
dice :"¿Quién es mi hermano, mi hermana, mi Madre ?
sino aquel que practica mi voluntad por Mí ?"
Virgen Inmaculada y Madre la más tierna, 
oyendo eso a Jesús, comprendes su ideal ; 
No te apena, te alegra que nos haga entender 
que nuestra alma se torna su familia aquí ya ; 
Sí,¡te causa alegría que Él su vida nos done 
y el tesoro infinito de su divinidad… ! 
¿Cómo no te he de amar, oh, mi Madre querida, 
viendo en ti tanto amor y tan honda humildad ?
Tú nos amas María, como Jesús nos ama,
por nosotros aceptas verte alejada de Él.
Amar es darlo todo, darse incluso a sí mismo
tú quisiste probarlo, siendo nuestro sostén.
Sabía el Salvador de tu inmensa ternura,
tu corazón de Madre conocía muy bien ;
del pecador refugio, te nos dejó a nosotros
junto a la Cruz y al cielo a esperarnos se fue.
Tú me apareces, Virgen, en lo alto del Calvario,
de pie junto a la Cruz, cual preste ante el altar,
ofreciendo a Jesús, tu Hijo, el Emmanuel,
a fin de la justicia de su Padre aplacar…
Un profeta dijo, ¡oh, Madre desolada ! :
« ¡No hay dolor que se pueda al tuyo comparar ! »
¡Oh, Reina de los mártires !, ¡desterrada prodigas
por nosotros tu sangre, corazón maternal !
La casa de San Juan se hace tu único asilo,
de Zebedeo el hijo a Jesús reemplaza…
Es el postrer detalle que nos da el Evangelio ;
de la Reina del cielo ya nunca más se habla.
Mas este hondo silencio, ¡oh, mi Madre querida !,
¿no revela, quizás, que quiere el Verbo eterno
por sí mismo cantar de tu vida el misterio,
asombrando a tus hijos, los electos del cielo ?
Yo escucharé muy pronto esa dulce armonía,
iré muy pronto a verte en el hermoso cielo.
Pues viniste a sonreírme de mi vida en la aurora,
¡sonríeme en la tarde…, que ya va oscureciendo… !
No temo el resplandor de tu gloria suprema,
He sufrido contigo y ahora yo deseo
cantar en tus rodillas, María , por qué te amo,
¡y repetir por siempre que soy tu hija, quiero… !
Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz

domingo, 19 de julio de 2015

EL "CRUCIFIJO" MARXISTA

EXTRACTO DE LA ENCÍCLICA «DIVINI REDEMPTORIS» SOBRE EL COMUNISMO ATEO

del Papa Pío XI promulgada el 19 de marzo de 1937

Este peligro tan amenazador, ya lo habéis comprendido, Venerables Hermanos, es el comunismo bolchevique y ateo, que tiende a derrumbar el orden social y a socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana.

Y por lo que hace al comunismo, ya desde el 1846 Nuestro venerado Predecesor Pío IX, de s. m., pronunció una solemne condenación, confirmada después en elSyllabus, contra la nefanda doctrina del llamado comunismo, tan contraria al mismo derecho natural, la cual, una vez admitida, llevaría a la radical subversión de los derechos, bienes y propiedades de todos y aun de la misma sociedad humana. Más tarde, otro Predecesor Nuestros, de i. m., León XIII, en la encíclica Quod Apostolici muneris, lo definía mortal pestilencia que serpentea por las más íntimas entrañas de la sociedad humana y conduce al peligro extremo de la ruina; y con clarividencia indicaba que el ateísmo de las masas populares en la época del tecnicismo, traía su origen de aquella filosofía, que de siglos atrás se afanaba por lograr que la ciencia y la vida se separasen de la fe y de la Iglesia.

También Nos, durante Nuestro Pontificado, hemos denunciado a menudo y con apremiante insistencia las corrientes ateas que crecían amenazadoras. Cuando, en 1924, Nuestra misión de socorro volvía de la Unión Soviética, condenamos Nos los errores y métodos de los comunistas, en una Alocución especial, dirigida al mundo entero. Y en Nuestras encíclicas Miserentissimus Redemptor, Quadragesimo anno, Caritate Christi, Acerba animi, Dilectissima Nobis, elevamos solemne protesta contra las persecuciones desencadenadas en Rusia, México y España

Hasta los más encarnizados enemigos de la Iglesia, que desde Moscú dirigen esta lucha contra la civilización cristiana, atestiguan con sus ininterrumpidos ataques de palabra y obra que el Papado, también en nuestros días, continúa fielmente tutelando el santuario de la religión cristiana, y que ha llamado la atención sobre el peligro comunista con más frecuencia y de modo más persuasivo que cualquier otra autoridad pública terrenal.

La doctrina, que el comunismo oculta bajo apariencias a veces tan seductoras, se funda hoy esencialmente en los principios del materialismo, llamado dialéctico e histórico, ya proclamados por Marx, y cuya única genuina interpretación pretenden poseer los teorizantes del bolchevismo. Esta doctrina enseña que no existe más que una sola realidad, la materia, con sus fuerzas ciegas: la planta, el animal, el hombre son el resultado de su evolución… En semejante doctrina es evidente que no queda ya lugar para la idea de Dios…todas las fuerzas, sean las que fueren, que se oponen a esas violencias sistemáticas, deben ser aniquiladas como enemigas del género humano.

El comunismo, además, despoja al hombre de su libertad, principio espiritual de su conducta moral, quita toda dignidad a la persona humana y todo freno moral contra el asalto de los estímulos ciegos… sostiene el principio de la absoluta igualdad, rechazando toda jerarquía y autoridad establecida por Dios, incluso la de los padres… no existe para el comunismo nada que ligue a la mujer con la familia y la casa. Al proclamar el principio de la emancipación de la mujer, la separa de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para arrastrarla a la vida pública y a la producción colectiva en la misma medida que al hombre; se dejará a la colectividad el cuidado del hogar y de la prole. Niega, finalmente, a los padres el derecho a la educación, porque éste es considerado como un derecho exclusivo de la comunidad, y sólo en su nombre y por mandato suyo lo pueden ejercer los padres.

¿Qué sería, pues, la sociedad humana basada sobre tales fundamentos materialistas? Sería una colectividad sin más.

Venerables Hermanos: ¡tal es el nuevo evangelio, que el comunismo bolchevique y ateo pretende anunciar a la humanidad como un mensaje de salvación y de redención! Sistema lleno de errores y sofismas; opuesto a la razón y a la revelación divina; subversivo del orden social, porque destruye sus bases fundamentales; desconocedor del verdadero origen, naturaleza y fin del Estado; negador de los derechos de la personalidad humana, de su dignidad y libertad.

Además, esta difusión tan rápida de las ideas comunistas, que se infiltran en todos los países, grandes y pequeños, civilizados o retrasados, de modo que ningún rincón de la tierra se ve libre de ellas, se explica por una propaganda verdaderamente diabólica, tal como jamás conoció el mundo: propaganda dirigida desde un solo centro y hábilmente adaptada a las condiciones de los diversos pueblos; propaganda que dispone de grandes medios económicos, de organizaciones gigantescas, de congresos internacionales, de innumerables fuerzas bien adiestradas; propaganda que se hace en folletos y revistas, en el cinematógrafo y en el teatro, en la radio, en las escuelas y hasta en las Universidades, y que penetra poco a poco en todas las clases sociales, aun en las más sanas, sin que se aperciban casi del veneno que insensiblemente va infiltrándose cada vez más en todos los espíritus y en los corazones todos.

CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO

Un tercer y muy poderoso factor contribuye a la intensa difusión del comunismo: esa verdadera conspiración del silencio en la mayor parte de la Prensa mundial no católica. Decimos conspiración, porque no se puede explicar de otro modo que una Prensa tan ávida de poner de relieve aun los más menudos incidentes cotidianos, haya podido pasar en silencio, tanto tiempo, los horrores cometidos en Rusia, en México y también en gran parte de España, y hable relativamente tan poco de organización mundial tan vasta como el comunismo moscovita. Silencio debido en parte a razones de una política poco previsora; silencio, apoyado por diversas organizaciones secretas que hace tiempo tratan de destruir el orden social cristiano.

LUCHA CONTRA TODO LO DIVINO

Ese es, desgraciadamente, el espectáculo que contemplamos: por primera vez en la historia, asistimos a una lucha fríamente intentada y arteramente preparada por el hombre contra todo lo que es divino. El comunismo es, por naturaleza, antirreligioso, y considera la religión como el opio del pueblo porque los principios religiosos, que hablan de la vida de ultratumba, impiden que el proletario aspire a la conquista del paraíso soviético, que es de este mundo.

Por lo tanto, así como el hombre no puede sustraerse a los deberes para con la sociedad civil, impuestos por Dios, y así como los representantes de la autoridad tienen el derecho de obligarle a su cumplimiento cuando lo rehuse ilegítimamente, así también la sociedad no puede privar al hombre de los derechos personales que le han sido concedidos por el Creador -antes hemos aludido a los más importantes-, ni hacer, por principio, imposible su uso. Es, pues, conforme a la razón y a sus exigencias, que en último término todas las cosas de la tierra estén ordenadas a la persona humana, para que por su medio hallen el camino hacia el Creador. Y al hombre, a la persona humana, se aplica lo que el Apóstol de las Gentes escribe a los Corintios sobre el plan divino de la salvación cristiana: Todo es vuestro, vosotros sois de Cristo, Cristo es de Dios. Mientras el comunismo empobrece a la persona humana, invirtiendo el orden en las relaciones del hombre y de la sociedad, ¡ved las alturas a que la razón y la revelación elevan a aquélla!

NECESIDAD DE DEFENSA

Tal es, Venerables Hermanos, la doctrina de la Iglesia, la única que, como en todos los demás campos, también en el terreno social puede traer verdadera luz y ser la salvación frente a la ideología comunista. Pero es preciso que esta doctrina se realice cada vez más en la práctica de la vida, conforme al aviso del apóstol Santiago: Sed… obradores de la palabra, y no tan sólo oidores, engañandoos a vosotros mismos; por esto, lo que más urge al presente es aplicar con energía los oportunos remedios para oponerse eficazmente a la amenazadora revolución que se está preparando. Tenemos la firme confianza de que al menos la pasión, con que los hijos de las tinieblas trabajan día y noche en su propaganda materialista y atea, servirá para estimular santamente a los hijos de la luz a un celo no desigual, y aun mayor, por honor de la Majestad divina.

¿Qué, pues, hacer? ¿Qué remedios emplear para defender a Cristo y la civilización cristiana contra ese tan pernicioso enemigo? Como un padre en el seno de la familia, quisiéramos Nos conversar, por decirlo así, en la intimidad, sobre los deberes que la gran lucha de nuestros días impone a todos los hijos de la Iglesia, dirigiendo también Nuestra paternal admonición aun a aquellos hijos que se han alejado de ella.

…son demasiados los que son católicos casi sólo de nombre; demasiados los que, aun observando más o menos fielmente las prácticas más esenciales de la religión que se glorían de profesar, no se preocupan de conocerla mejor ni de adquirir una convicción más íntima y profunda, y menos aún de hacer que al barniz exterior corresponda el interno esplendor de una conciencia recta y pura, que comprenda y cumpla todos sus deberes bajo la mirada de Dios. Sabemos cuánto aborrece el Divino Salvador esta vana y falaz exterioridad, El, que quería que todos adorasen al Padre en espíritu y verdad. Quien no vive verdadera y sinceramente según la fe que profesa, no podrá sostenerse mucho tiempo hoy, cuando tan fuerte sopla el viento de la lucha y de la persecución, sino que será arrastrado miserablemente por este nuevo diluvio que amenaza al mundo; y así, mientras se labra su propia ruina, expondrá también a ludibrio el nombre de cristiano.

INSIDIA COMUNISTA

En otras partes llevan su hipocresía hasta hacer creer que el comunismo en los países de mayor fe o de mayor cultura tomará un aspecto más suave, y no impedirá el culto religioso y respetará la libertad de conciencia. Y hasta hay quienes, refiriéndose a ciertos cambios introducidos recientemente en la legislación soviética, deducen que el comunismo está ya para abandonar su programa de lucha contra Dios.

Procurad, Venerables Hermanos, que los fieles no se dejen engañar. El comunismo es intrínsecamente perverso; y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana. Y si algunos, inducidos al error, cooperasen a la victoria del comunismo en sus países, serían los primeros en ser víctimas de su ceguera; y cuanto las regiones, donde el comunismo consigue penetrar, más se distingan por la antigüedad y la grandeza de su civilización cristiana, tanto más devastador se manifestará allí el odio de los sin Dios.

ORACIÓN Y PENITENCIA

Pero si el Señor no guardare la ciudad, en vano vigila el centinela. Por esto, como último y poderosísimo remedio, os recomendamos, Venerables Hermanos, que en vuestras diócesis promováis e intensifiquéis del modo más eficaz el espíritu de oración, unido a la penitencia cristiana. Cuando los Apóstoles preguntaron al Salvador por qué no habían podido librar del espíritu maligno a un endemoniado, les respondió el Señor: Tales demonios no se lanzan más que con la oración y el ayuno. Tampoco podrá ser vencido el mal que hoy atormenta a la humanidd sino con una santa y universal cruzada de oración y de penitencia; y recomendamos singularmente a las Ordenes contemplativas, masculinas y femeninas, que redoblen sus súplicas y sacrificios para impetrar del cielo una poderosa ayuda a la Iglesia en las luchas presentes, con la poderosa intercesión de la Virgen Inmaculada, la cual, así como un día aplastó la cabeza de la antigua serpiente, así también es hoy segura defensa e invencible Auxilio de los cristianos.

Los que militan en la Acción Católica, tan bien preparados y adiestrados, serán los primeros e inmediatos apóstoles de sus compañeros de trabajo y los preciosos auxiliares del sacerdote para llevar la luz de la verdad y para aliviar las graves miserias materiales y espirituales en innumerables zonas que se han hecho refractarias a toda acción de los ministros de Dios por inveterados prejuicios contra el clero o una deplorable apatía religiosa. Así es como, bajo la guía de sacerdotes particularmente expertos, se cooperará a esa asistencia religiosa a las clases trabajadoras, que tanto Nos preocupa, porque es el medio más apto para preservar a esos amados hijos Nuestros de la insidia comunista.

Además de este apostolado individual, muchas veces silencioso, pero utilísimo y eficaz, es también propio de la Acción Católica difundir ampliamente por medio de la propaganda oral y escrita los principios fundamentales que han de servir a la construcción de un orden social cristiano, como se desprende de los documentos pontificios.

Nos pensamos también en las organizaciones profesionales de obreros, de agricultores, de ingenieros, de médicos, de patronos, intelectuales, y otras semejantes: hombres y mujeres, que viven en las mismas condiciones culturales y a quienes la naturaleza misma reúne en agrupaciones homogéneas. Precisamente estos grupos y estas organizaciones están destinados a introducir en la sociedad aquel orden que tuvimos presente en Nuestra encíclica Quadragesimo anno, y a difundir así el reconocimiento de la realeza de Cristo en los diversos campos de la cultura y del trabajo.

LLAMAMIENTO A TODOS

Pero en esta lucha, empeñada por el poder de las tinieblas contra la idea misma de la Divinidad, queremos Nos esperar que, además de todos los que se glorían del nombre de Cristo, se muestren dispuestos también cuantos creen en Dios y lo adoran, que son aún la inmensa mayoría de los hombres. Renovamos, por lo tanto, el llamamiento que hace ya cinco años lanzamos en Nuestra encíclica Caritate Christi, a fin de que también ellos concurran leal y cordialmente por su parte para apartar de la humanidad el gran peligro que a todos amenaza. Porque -como decíamos entonces- el creer en Dios es el fundamento firmísimo de todo orden social y de toda responsabilidad en la tierra, y por esto cuantos no quieren la anarquía y el terror deben con toda energía consagrarse a que los enemigos de la religión no consigan el fin que con tanta claridad han proclamado[47].

Paternal llamamiento

No podemos terminar esta Encíclica sin dirigir una palabra a aquellos hijos Nuestros que ya están contagiados, o poco menos, por el mal comunista. Los exhortamos vivamente a que oigan la voz del Padre que los ama, y rogamos al Señor que los ilumine para que abandonen el resbaladizo camino que los lleva a una inmensa y catastrófica ruina, y reconozcan ellos también que el único Salvador es Jesucristo Señor Nuestro, pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos.

CONCLUSIÓN

Y para apresurar la paz de Cristo en el reino de Cristo, por todos tan deseada, ponemos la gran acción de la Iglesia católica contra el comunismo ateo mundial bajo la égida del poderoso Protector de la Iglesia, San José. El pertenece a la clase obrera y él experimentó el peso de la pobreza en sí y en la Sagrada Familia, de la que era jefe solícito y amante; a él le fue confiado el divino Niño, cuando Herodes envió sus sicarios contra El. Con una vida de absoluta fidelidad en el cumplimiento del deber cotidiano, ha dejado un ejemplo de vida a todos los que tienen que ganar el pan con el trabajo de sus manos, y mereció ser llamado el Justo, ejemplo viviente de la justicia cristiana que debe dominar en la vida social.

Levantando la mirada, Nuestra fe ve los nuevos cielos y la nueva tierra de que habla el primer Predecesor Nuestro, San Pedro. Mientras las promesas de los falsos profetas se resuelven en sangre y lágrimas, brilla con celestial belleza la gran profecía apocalíptica del Redentor del mundo: He aquí que Yo renuevo todas las cosas.

No Nos resta, Venerables Hermanos, sino elevar las manos paternas y hacer descender sobre vosotros, sobre vuestro clero y pueblo, sobre toda la gran familia católica, la Bendición Apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta de San José, Patrono de la Iglesia universal, el 19 de marzo de 1937, año décimosexto de Nuestro Pontificado.

sábado, 20 de junio de 2015

SÁBADO MARIANO

ORACIÓN PARA OFRECER SACRIFICIOS
¡Oh Jesús, te ofrezco este sacrificio por tu amor, por la conversión de los pobres pecadores y en reparación de los pecados que tanto ofenden al Inmaculado Corazón de María!
ORACIONES ENSEÑADAS POR EL ÁNGEL
¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! (Tres veces).
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los que Él mismo es ofendido. Y Por los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores.
(Los Pastorcitos rezaban estas dos oraciones de rodillas y con la frente inclinada hacia el suelo)
A RECITAR DURANTE EL ROSARIO
¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia! (Se dice al fin de cada decena, después del Gloria.)
JACULATORIA
¡Oh, Santísima Trinidad!, os adoro. Señor mío y Dios mío, os amo en el Santísimo Sacramento.

viernes, 12 de junio de 2015

¡SAGRADO CORAZÓN, EN VOS CONFÍO!

Postrado ante tus pies, humildemente,
Vengo a pedirte dulce Jesús mío,
Poderte repetir constantemente:
¡Sagrado Corazón, en Vos confío!

Si la confianza es prueba de ternura,
Esta prueba de amor darte yo ansío,
Aun cuando este sumido en amargura,
¡Sagrado Corazón, en Vos confío!

En las horas más tristes de mi vida,
Cuando todos me dejen, ¡Oh Dios mío!,
Y el alma esté por penas combatida,
¡Sagrado Corazón, en Vos confío!

Aunque sienta venir la desconfianza,
Y aunque todos me miren con desvío,
No será confundida mi esperanza:
¡Sagrado Corazón, en Vos confío!

Si contraje contigo santa alianza
Y te di todo mi amor y mi albedrío,
¿Cómo ha de ser frustrada mi esperanza?
¡Sagrado Corazón, en Vos confío!

Y siento una confianza de tal suerte,
Que sin temor a nada Jesús mío,
Espero repetir hasta la muerte:
¡Sagrado Corazón, en Vos confío!
Amén.

jueves, 4 de junio de 2015

LA MADRE QUE REPARTE EL PAN DIARIO

"Tomad: Este es mi Cuerpo... ". Y los trigales
se estremecieron en clamor de harina.
Aquí la vida empieza, aquí termina
un tiempo de relámpagos mortales.


"Bebed: Esta es mi Sangre... ". Y las carrales,
enardecidas por tu voz divina,
te ofrecieron su gracia diamantina
con un rumor de besos y cristales.


"Tomad...,comed...". Es Dios que ha descendido
en silencio de Amor, sin que se sienta
y en un beso de pan se nos esconde.


Dios alimento para ser comido
por una humanidad que vive hambrienta
pero que busca el pan no sabe donde.


II
Nace tan niño tu Misterio, brota
tu inmensidad de un modo tan sencillo
como el sol que se encierra en un anillo
o como el mar que cabe en una gota.


Agua que mana en paz, que no se agota,
vino de amor que nace en el albillo,
silencio con rumor de cimbalillo,
beso de luz y vuelo de gaviota.


Te haces cosa, Señor, harina, oblea,
para que no haya nadie que se asombre
y te coma setenta veces siete.


Bendita sea, Amor, bendita sea
esta locura por hacerte hombre
y pan y vino en celestial banquete.


III
Este es el tiempo del Amor, la hora
en que se da el Señor en Pan y en Vino
para poder andar este camino
que va desde la Cruz hasta la Aurora.


Dios, Panadero y Pan, ayer y ahora,
Vendimiador y Viña y Catavino.
Divinidad de Amor, Dios Uno y Trino
tendiéndonos su mano salvadora.


Que se nos dá en bebida y alimento,
que se derrama enamoradamente
en cada corazón y en cada vida.


Dios que se nos entrega en testamento,
que se nos sigue dando eternamente
que a ser para siempre nos convida.

IV
Y nosotros, Señor... ¿ qué te hemos dado
a cambio de este Amor que nos demuestras?
A tus palabras santas y maestras
¿con qué palabras hemos contestado?


Cuántas veces, señor, hemos callado
a causa de unas culpas que son nuestras
y son tantas, Señor, tantas las muestras
que te hemos, otra vez, crucificado.


Y Tú, a pesar de todo, cada día
nos sigues ofreciendo tu Alimento
y con qué desamor lo despreciamos.


¿ Cómo no amar, Señor, la Eucaristía
si el corazón del hombre sigue hambriento
y solo esperas Tú que te comamos... ?



V
Todo el día esperándonos en vano
y nosotros sin ver que nos esperas.
Te tratamos lo mismo que si fueras
un amigo que ha muerto, un ser lejano.


¡Qué paciencia la tuya, qué océano
de Amor sin arrecifes ni riberas!
Dime: ¿ Cómo es posible que nos quieras
y no nos dejes nunca de la mano?


Danos, Señor, tu Pan de cada día,
el vino de tu Sangre derramada,
el Sol primaveral de tu Alegría.


Y después de tu Gracia inmaculada,
que no haya nada en mí que no sonría
que no haya nada, Amor, que no haya nada.


VI
Callado estás, Señor, como una herida,
silencioso como una madrugada;
no dices nada en el Sagrario, nada,
que ya lo has dicho todo con tu vida.


Vive, Señor, tu voz enmudecida,
sordomuda de amor, encarcelada
y cuanto más humilde y más callada
más nos alienta para ser oída.


Que es tu silencio el que me está diciendo
que estás tan encerrado para amarme,
para que yo te llame y Tú me abras.


Porque si con mi fe te estoy oyendo
y todo me lo dices sin hablarme,
¿para qué necesito tus palabras?


VII
A cambio de la pena de no verte
me das, Señor, el júbilo de amarte
que si ayuno de amor por contemplarte
puedo saciar mis ansias de comerte.


Oh, Señor de la vida y de la muerte,
tanto es tu Amor que necesitas darte
enteramente todo en cada parte
cuando el pan en tu Cuerpo se convierte.


Tu Amor es como un mar que no se agota,
como un vino que nunca se termina
o una fuente que mana y que no cesa.


Un mar que cabe entero en una gota,
un sol donado en ósculo de harina,
Dios en vino y en pan sobre una mesa.


VIII
Señor, cuánto agradezco que me digas
lo que me dices sin decir, callado,
derramando tu Amor sacramentado
como el sol se derrama en las espigas.


Qué júbilo, Señor, que me bendigas
como la lluvia que bendice al prado
y que de rosas hayas enjambrado
mi corazón de cardos y de ortigas.


Señor, cuánto agradezco que me ames
como si fuera yo el único amado
y Tú el único Amor que hay en mi vida.


Que en vino generoso te derrames,
que te me des en pan recién cortado,
que me ames tan sin peso y sin medida.


IX
También María está, se la presiente
pudorosa como una primavera.
Se la nota en el gesto, en la manera
de Jesús al partir el pan reciente.


Junto al Amor, junto a la Cruz, valiente,
en pié, rota por dentro pero entera,
Madre Consoladora y enfermera,
que ante el dolor ¡qué pronto se la siente!


Que sabiéndole harina de su harina,
Pan de su pan y Amor de sus amores,
María siempre está junto al Sagrario.


Porque es la luz que todo lo ilumina,
el bálsamo de todos los dolores,
la Madre que reparte el pan diario.


(José María Fernández Nieto)