jueves, 21 de agosto de 2014

EL CORAZÓN INMACULADO DE NUESTRA MADRE CELESTIAL


“Cuando honramos este Corazón: Deseamos honrar en la Virgen Madre de Jesús, no solamente alguno de sus misterios y alguna de sus acciones, como su nacimiento, o su presentación, o su visitación, o su purificación; no solamente alguna de sus cualidades, como Madre de Dios, o Hija del Padre, o esposa del Espíritu Santo, o Templo de la Santísima Trinidad, o Reina del cielo y de la tierra; ni siquiera solamente su dignísima Persona; sino que deseamos honrar primero y principalmente en ella la fuente y el origen de la Santidad y de la dignidad de todos sus misterios, de todas sus acciones, de todas sus cualidades y de su persona misma; es decir su amor y su caridad, puesto que, según todos los Santos Doctores, el amor y la caridad son la medida del mérito y el principio de toda Santidad”.
“Permaneced en este Corazón Maternal de vuestra Madre. Que sea el lugar de vuestro reposo, vuestra ciudad de refugio, vuestra fortaleza inexpugnable, vuestro jardín de delicias, vuestro Paraíso Terrestre”.
“El Corazón de la Virgen está lleno de la sabiduría y del amor de Dios que todos los otros corazones”.
“El Corazón de María es una expresión perfecta y un maravilloso compendio de la Vida de Dios”.
“Como el esposo y la esposa no deben tener más que un corazón y un alma, haced de modo, oh Reina de mi corazón que yo no tenga más que un alma, un espíritu, una voluntad y un corazón con Vos. Para ello quitadme el corazón y dadme el vuestro, según vuestra promesa, para que pueda cantar eternamente”.
“Oh qué benignidad, la caridad ardiente de María me ha robado el corazón para ofrecerme el suyo”.
“Una de las más útiles e importantes maneras de honrar el dignísimo Corazón de la Reina de las virtudes, consiste en procurar imitar e imprimir en el corazón una imagen viva de su santidad, de su dulzura y mansedumbre, de su humildad, su pureza, su devoción, su sabiduría, su prudencia, su paciencia, su obediencia, su vigilancia, su fidelidad, su amor y todas las demás virtudes”.
“Ave Cor. Los que reciten esta salutación con devoción les dará los deseos de purificarse cada vez más de toda especie de pecado para que sean aptos para recibir los dones, gracias y bendiciones divinas”.
“Pero, entre todas las maravillas, he aquí una que sobrepasa las otras: es el Corazón incomparable de esta grande Reina; es lo más admirable que hay en Ella..., es el principio y la fuente de todas las cosas extrañas y extraordinarias que hay en Ella... Porque ha sido por la humildad, pureza y amor de su santísimo Corazón, por lo que ha llegado a la dignidad sublime de Madre de Dios, y, por consiguiente, por lo que se ha hecho digna de todas las gracias, favores y privilegios de que Dios la ha llenado”.
San Juan Eudes

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