REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

lunes, 15 de agosto de 2016

"EL AMOR HA VENCIDO. HA VENCIDO LA VIDA"

La fiesta de la Asunción es un día de alegría. Dios ha vencido. El amor ha vencido. Ha vencido la vida. Se ha puesto de manifiesto que el amor es más fuerte que la muerte, que Dios tiene la verdadera fuerza, y su fuerza es bondad y amor.
María fue elevada al cielo en cuerpo y alma:  en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre. Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros:  "He aquí a tu madre". En el cielo tenemos una madre. El cielo está abierto; el cielo tiene un corazón.
En el evangelio de hoy hemos escuchado el Magníficat, esta gran poesía que brotó de los labios, o mejor, del corazón de María, inspirada por el Espíritu Santo. En este canto maravilloso se refleja toda el alma, toda la personalidad de María. Podemos decir que este canto es un retrato, un verdadero icono de María, en el que podemos verla tal cual es.
Quisiera destacar sólo dos puntos de este gran canto. Comienza con la palabra Magníficat:  mi alma "engrandece" al Señor, es decir, proclama que el Señor es grande. María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo de que Dios sea un "competidor" en nuestra vida, de que con su grandeza pueda quitarnos algo de nuestra libertad, de nuestro espacio vital. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande:  precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios.
El hecho de que nuestros primeros padres pensaran lo contrario fue el núcleo del pecado original. Temían que, si Dios era demasiado grande, quitara algo a su vida. Pensaban que debían apartar a Dios a fin de tener espacio para ellos mismos. Esta ha sido también la gran tentación de la época moderna, de los últimos tres o cuatro siglos. Cada vez más se ha pensado y dicho:  "Este Dios no nos deja libertad, nos limita el espacio de nuestra vida con todos sus mandamientos. Por tanto, Dios debe desaparecer; queremos ser autónomos, independientes. Sin este Dios nosotros seremos dioses, y haremos lo que nos plazca".
Este era también el pensamiento del hijo pródigo, el cual no entendió que, precisamente por el hecho de estar en la casa del padre, era "libre". Se marchó a un país lejano, donde malgastó su vida. Al final comprendió que, en vez de ser libre, se había hecho esclavo, precisamente por haberse alejado de su padre; comprendió que sólo volviendo a la casa de su padre podría ser libre de verdad, con toda la belleza de la vida.
Lo mismo sucede en la época moderna. Antes se pensaba y se creía que, apartando a Dios y siendo nosotros autónomos, siguiendo nuestras ideas, nuestra voluntad, llegaríamos a ser realmente libres, para poder hacer lo que nos apetezca sin tener que obedecer a nadie. Pero cuando Dios desaparece, el hombre no llega a ser más grande; al contrario, pierde la dignidad divina, pierde el esplendor de Dios en su rostro. Al final se convierte sólo en el producto de una evolución ciega, del que se puede usar y abusar. Eso es precisamente lo que ha confirmado la experiencia de nuestra época.
El hombre es grande, sólo si Dios es grande. Con María debemos comenzar a comprender que es así. No debemos alejarnos de Dios, sino hacer que Dios esté presente, hacer que Dios sea grande en nuestra vida; así también nosotros seremos divinos:  tendremos todo el esplendor de la dignidad divina.
Apliquemos esto a nuestra vida. Es importante que Dios sea grande entre nosotros, en la vida pública y en la vida privada. En la vida pública, es importante que Dios esté presente, por ejemplo, mediante la cruz en los edificios públicos; que Dios esté presente en nuestra vida común, porque sólo si Dios está presente tenemos una orientación, un camino común; de lo contrario, los contrastes se hacen inconciliables, pues ya no se reconoce la dignidad común. Engrandezcamos a Dios en la vida pública y en la vida privada. Eso significa hacer espacio a Dios cada día en nuestra vida, comenzando desde la mañana con la oración y luego dando tiempo a Dios, dando el domingo a Dios. No perdemos nuestro tiempo libre si se lo ofrecemos a Dios. Si Dios entra en nuestro tiempo, todo el tiempo se hace más grande, más amplio, más rico.
Una segunda reflexión. Esta poesía de María -el Magníficat- es totalmente original; sin embargo, al mismo tiempo, es un "tejido" hecho completamente con "hilos" del Antiguo Testamento, hecho de palabra de Dios. Se puede ver que María, por decirlo así, "se sentía como en su casa" en la palabra de Dios, vivía de la palabra de Dios, estaba penetrada de la palabra de Dios. En efecto, hablaba con palabras de Dios, pensaba con palabras de Dios; sus pensamientos eran los pensamientos de Dios; sus palabras eran las palabras de Dios. Estaba penetrada de la luz divina; por eso era tan espléndida, tan buena; por eso irradiaba amor y bondad. María vivía de la palabra de Dios; estaba impregnada de la palabra de Dios. Al estar inmersa en la palabra de Dios, al tener tanta familiaridad con la palabra de Dios, recibía también la luz interior de la sabiduría. Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien, tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo, bueno; también se hace fuerte y valiente, con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo.
Así, María habla con nosotros, nos habla a nosotros, nos invita a conocer la palabra de Dios, a amar la palabra de Dios, a vivir con la palabra de Dios, a pensar con la palabra de Dios. Y podemos hacerlo de muy diversas maneras:  leyendo la sagrada Escritura, sobre todo participando en la liturgia, en la que a lo largo del año la santa Iglesia nos abre todo el libro de la sagrada Escritura. Lo abre a nuestra vida y lo hace presente en nuestra vida.
Pero pienso también en el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica, que hemos publicado recientemente, en el que la palabra de Dios se aplica a nuestra vida, interpreta la realidad de nuestra vida, nos ayuda a entrar en el gran "templo" de la palabra de Dios, a aprender a amarla y a impregnarnos, como María, de esta palabra. Así la vida resulta luminosa y tenemos el criterio para juzgar, recibimos bondad y fuerza al mismo tiempo.
María fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con Dios es reina del cielo y de la tierra. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está "dentro" de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios. Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como "madre" -así lo dijo el Señor-, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros.
En este día de fiesta demos gracias al Señor por el don de esta Madre y pidamos a María que nos ayude a encontrar el buen camino cada día. Amén.
Benedicto XVI. 2005

domingo, 14 de agosto de 2016

ODA A LA ASUNCIÓN

Al cielo vais, Señora,
y allá os reciben con alegre canto.
¡Oh quién pudiera ahora
asirse a vuestro manto
para subir con vos al monte santo!
De ángeles sois llevada
de quien servida sois desde la cuna,
de estrellas coronada:
¡ Tal Reina habrá ninguna,
pues os calza los pies la blanca luna!
Volved los blancos ojos,
ave preciosa, sola humilde y nueva,
a este valle de abrojos,
que tales flores lleva,
do suspirando están los hijos de Eva.
Que, si con clara vista,
miráis las tristes almas desde el suelo,
con propiedad no vista,
las subiréis de un vuelo,
como piedra de imán al cielo, al cielo.
Fray Luis de León

ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

La dignidad de la Virgen gloriosa
1. Como un vaso de oro macizo adornado con toda clase de piedras preciosas, como un olivo que se expande y como un ciprés que se eleva hacia lo alto (Sir 50, 1011).
Dice Jeremías: “Solio (trono) de la gloria, exaltado desde el comienzo, lugar de nuestra santificación, esperanza de Israel” (17, 1213). El solio, como un sólido asiento, es llamado así del verbo sentarse. Solio (trono) de gloria fue la bienaventurada María, que en todo fue sólida e íntegra. En ella tomó asiento la gloria del Padre, o sea, el Hijo sabio o, más bien, la misma Sabiduría, cuando de ella asumió la carne.
Dice el Salmo: “Para que la gloria habite en nuestra tierra” (84, 10). De veras, la gloria de las alturas, o sea, de los ángeles, habitó en tierra, o sea, en nuestra carne. La bienaventurada María fue solio de la gloria, o sea, de Jesucristo, quien es la gloria de las alturas, o sea, de los ángeles. Dice el Eclesiástico: “Firmamento de la altura es su belleza, esplendor del cielo en una visión de gloria” (43, 1).
Jesucristo es “el firmamento (sostén) de la altura”, o sea, de la sublimidad angélica, que El mismo afianzó, mientras el ángel apóstata con sus secuaces se precipitaba. Se lee en Job: “¿Tú, quizás, fabricaste con El los cielos, que son solidísimos como fundidos”, o fundados, “en el bronce?” (37, 18). Como si dijera: “¿No fue, quizás, la sabiduría del Padre que fabricó los cielos, o sea, la naturaleza angélica?”. En efecto,”en el principio Dios creó el cielo” (Gen 1, 1). Y por cielo se entiende tanto el continente como el contenido. “Después que los ángeles que pecaron fueron arrastrados con las cadenas al infierno (2 Pe 2, 4), los ángeles buenos, que permanecieron unidos al Sumo Bien, fueron confirmados en la estabilidad como en el bronce.
En la durabilidad del bronce está figurada la eterna estabilidad de los ángeles. Jesucristo, “firmamento de la sublimidad angélica”, es también su belleza. A aquellos a los que consolida con la potencia de su divinidad, los sacia con la belleza de su humanidad. Hay también el esplendor del cielo, o sea, de todas las almas que habitan en los cielos; y ese esplendor consiste en la visión de la gloria. Mientras contemplan cara a cara la gloria del Padre, ellos también resplandecen de la misma gloria. ¡Miren, pues! ¡Qué grande es la dignidad de la gloriosa Virgen, que mereció ser Madre de aquel que es “el firmamento” y “la belleza de los ángeles”, y el esplendor de todos los santos!
2. Digamos, pues: Solio de la gloria de la altura, desde el principio”; o sea, desde la creación del mundo, la dichosa María fue predestinada a ser la madre de Dios con potencia, según el Espíritu de santificación (Rom 1, 4). Por ende añade: “Lugar de nuestra santificación y esperanza de Israel”. La santa virgen fue lugar de nuestra santificación, o sea, del Hijo de Dios que nos santificó. El mismo dice en Isaías: “El abeto y el boj y el pino vendrán juntos para adornar el lugar de mi santificación; y yo glorificaré el lugar donde se posan mis pies” (60, 13).
El abeto se llama así, porque más que los demás árboles va hacia lo alto (asonancia entre abies, abeto, y abeo, voy, subo), y simboliza a los que contemplan las cosas celestiales. El boj no se yergue a lo alto ni tiene fruto, pero tiene un verde perenne; y simboliza a los neocreyentes que conservan la fe de un perenne verdor. El pino es llamado así por la forma aguda de sus hojas. Los antiguos llamaban agudo al pino. Y simboliza a los penitentes que, conscientes de sus pecados, con la agudeza de la contrición punzan el corazón, para hacer brotar la sangre de las lágrimas.
Todos ellos, o sea, los contemplativos, los fieles y los penitentes, en esta solemnidad vienen a adornar (honrar) con la devoción, con la alabanza y con la predicación a la bienaventurada María, que fue el lugar de la santificación de Jesucristo, en la que El mismo se santificó. Dice Juan: “Por ellos yo me santifico a mí mismo”, de una santificación creada, “para que ellos también sean santificados en la verdad” (17, 1 9), en mí, que en mí mismo, el Verbo, me santifico a mí mismo como hombre, o sea, por medio de mí, el Verbo, me colmo de todos los bienes.
“Y glorificaré el lugar de mis pies”. Los pies del Señor significan su humanidad. Por esto Moisés dice. “Los que se acercan a sus pies, acogerán su doctrina” (Dt 33, 3). Nadie puede acercarse a los pies del Señor, si antes, como manda el Éxodo, “no desata sus sandalias” (3, 5); o sea, no se quita las obras muertas de sus pies, o sea, de los afectos de su mente. Acércate, pues, con los pies desnudos, y acogerás su doctrina. Dice Isaías: “¿A quién enseñará la ciencia y a quién le hará comprender lo que oye? A los niños destetados, que acaban de dejar el pecho” (28, 9). El que se aleja de la leche de la mundana concupiscencia y se separa de las mamas de la gula y de la lujuria, merecerá ser amaestrado en la ciencia divina en la vida presente y oír en la vida futura: “¡Vengan, benditos de mi Padre!”.
El lugar de los pies del Señor fue la feliz María, de la que asumió la humanidad; y hoy glorificó este “lugar”, porque la exaltó por encima de los coros de los ángeles. Por esto comprendes claramente que la bienaventurada Virgen fue elevada al cielo también con el cuerpo, que fue el “lugar” de los pies del Señor. Se lee en el Salmo: “Levántate, Señor, y entra en el lugar de tu reposo: tú y el arca de tu santificación” (131, 8). Se levantó el Señor, cuando subió a la derecha del Padre. Se levantó también el arca de su santificación, cuando en este día la Virgen Madre fue asumida a la gloria celestial.
En el Génesis está escrito que el arca se detuvo sobre los montes de Armenia. Armenia se interpreta “monte separado”, y simboliza la naturaleza angélica, que se llama “monte” en relación con los ángeles que fueron confirmados (en gracia), y “separado” en relación con los que fueron precipitados (en el infierno). El arca del verdadero Noé, que “nos hizo descansar de nuestras fatigas, en la tierra maldecida por el Señor” (Gen 5, 29), se detuvo en este día sobre los montes de la Armenia, o sea, por encima de los coros de los ángeles.
San Antonio de Padua. Sermones.

lunes, 4 de julio de 2016

MEDITANDO CON EL BEATO PIER GIORGIO

“Me siento cada día más apasionado por la montaña, me atrae su fascinación. Deseo cada vez más vivamente escalar las cumbres, llegar a las más elevadas cimas, experimentar esa alegría pura que da la montaña” 
“Como católicos tenemos un amor que sobrepuja a todos los demás, y que, después del que le debemos a Dios, es inmensamente bello, como bella es nuestra religión. Ese amor es la caridad de la que se hiciera abogado San Pablo, que la predicó diariamente a sus fieles: la caridad sin la cual, dice, nada son las demás virtudes. Sólo ella puede ser la finalidad de toda una vida, sólo ella puede cumplir un programa” 
“Mis afectuosos augurios, mejor diré, uno solo, pero creo que es el único que un verdadero amigo puede hacer a un querido amigo, y es que ¡la paz del Señor sea siempre contigo!, pues si posees cada día la paz serás verdaderamente rico” 
“Jesús me visita cada mañana en la comunión y yo le correspondo de la pobre manera en que pueda hacerlo, visitando a los pobres”.
“Doy gracias también por las oraciones que son la mejor prueba de amistad, porque es una exquisita prueba de caridad cristiana rezar por el que lo necesita” 
“Cada día que pasa comprendo mejor lo grande que es la gracia de ser católico. ¡Pobres desgraciados los que no tienen fe! Vivir sin una fe, sin un patrimonio que defender, sin sostener, en lucha incesante, la verdad no es vivir sino es ir tirando” 
“En el curso de mis luchas interiores, me formulé a menudo estas preguntas: ¿por qué estar tristes…? ¿Por qué renegar contra el sacrificio? ¿Habré perdido acaso la fe…? No, a Dios gracias, mi fe es aún bastante fuerte. Entonces, aseguremos y fortalezcamos esta fe; es el único gozo que puede satisfacernos en este mundo; sólo ella da a cada sacrificio su valor”.
La fe: “Hay que agarrarse con fuerza a la fe; ¿qué sería sin ella toda nuestra vida? Nada, pasaría inútilmente. La fe que me dio el Bautismo me dice con voz segura: solo no harás nada, pero si tienes a Dios por centro de todos tus actos, llegarás hasta el final”. 
“Me preguntas si estoy alegre. ¿Cómo no estarlo mientras la fe me de fuerzas? ¡La tristeza debe ser barrida del alma del católico! El dolor no es la tristeza, la más detestable de todas las enfermedades. Esta enfermedad es casi siempre fruto del ateísmo; pero el fin para el cual hemos sido creados nos señala el camino, sembrado, si se quiere, de muchas espinas, pero de ningún modo triste. Es alegre, incluso a través del dolor” 
“En la vida terrenal, después del afecto de los padres y hermanas uno de los afectos más hermosos es el de la amistad”
“Creo que el día de mi muerte será el más hermoso de mi vida”.
“¡Qué suerte estar tan sanos como estamos! Pero tenemos la obligación de poner nuestra salud al servicio de los que no la tienen. Actuar de otra manera, significaría traicionar ese don de Dios”.
“Te pido que reces por mí un poco, para que Dios me dé una voluntad férrea, que no desfallezca ante sus proyectos”. 
“El porvenir está en manos de Dios, y de ninguna otra manera podrían las cosas ir mejor”.
“Con la violencia se siembra el odio y se recogen después los frutos nefastos de dicha siembra; con la caridad se cultiva en los hombres la paz, pero no la paz del mundo, la verdadera paz es solamente la que nos da la fe en Jesucristo que nos une los unos a los otros”.
“El apóstol San Pablo dice: “la caridad de Cristo nos apremia”, y es ciertamente el fuego de esa caridad el que poco a poco debe destruir nuestra personalidad para hacer que palpite solo por el dolor del prójimo, sino no seremos cristianos y mucho menos católicos”.
“También nosotros hemos perdido la cosa más bella y más buena que Dios ha dado a los hombres o sea la libertad”.
El sacrificio: “Nuestra vida, por ser cristiana, tiene que ser una constante renuncia, un continuo sacrificio, que no pesa si se considera qué son estos pocos años pasados en el dolor en comparación con la eterna felicidad, donde la alegría no tendrá medida ni fin, donde disfrutaremos de una paz que no se puede imaginar”.
La montaña: “Cuando se hace montañismo hay que ordenar primero la propia conciencia, porque nunca se sabe si se va a volver. Pero todo esto no me asusta y cada vez me gusta más escalar los montes, alcanzar las cimas más difíciles, sentir esa alegría pura que sólo se tiene en la montaña.
Oposición al fascismo: Estoy verdaderamente indignado porque la bandera que tantas veces, aunque indigno, he llevado en los cortejos religiosos la has sacado tú al balcón para homenajear al que destruye las Obras Pías, al que no pone freno a los fascistas ni impide que se mate a ministros de Dios, etc. y deja que se hagan otras porquerías, e intenta cubrir estas fechorías poniendo el crucifijo en las escuelas…” 

“¿Cómo va tu vida? La mía, como puedes juzgar por la introducción, atraviesa el período tal vez más agudo de una grave crisis, y precisamente en este momento mi hermana está lejos y me tocará a mí tener que estar alegre en casa y disimular la tristeza que me producen las muchas contrariedades que me rodean. Alegre exteriormente lo estaré siempre, aunque sólo será para demostrar a los compañeros nuestra convicción de que el ser católicos significa ser jóvenes alegres, pero, cuando esté solo, daré rienda suelta a mi tristeza”. 
El dolor: “Los dolores humanos nos afectan; pero si se los considera bajo la luz de la religión, y por lo tanto de la resignación, no son nocivos, sino saludables, porque purifican al alma de las pequeñas, pero inevitables manchas con las que los hombres, por nuestra naturaleza pequeña, nos ensuciamos”. 
Los pobres: “Lo importante es que no olvides nunca que, aunque la casa sea sucia, tú te acercas a Cristo. Recuerda siempre lo que ha dicho el Señor: El bien que haces a los pobres es el que me haces a mí. Alrededor del enfermo, del miserable, alrededor del desgraciado, yo veo una luz especial que nosotros no tenemos”.
“Ver a diario la fe con la que muchas veces las familias soportan los dolores más tremendos, el sacrificio constante que hacen, y que todo esto lo hagan por amor de Dios, nos hace muchas veces plantearnos este pensamiento: Yo, que he recibido tantas cosas de Dios, siempre he sido tan negativo, tan malo, mientras que ellos, que no han sido privilegiados como yo, son infinitamente mejores que yo. Y así llegamos a hacer el propósito, en conciencia, de seguir cada vez más el camino de la Cruz, único que nos lleva a la Salvación eterna”.
El estudio: “Sin una buena preparación profesional el apostolado no es eficaz”.
A los jóvenes: “Aprended a ser más fuertes de espíritu y de músculos; si lo sois así, seréis verdaderos apóstoles de la fe de Dios”.

BEATO PIER GIORGIO FRASSATI

Letanías del Beato Pier Giorgio Frassati
Señor, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad
Señor ten piedad.
Padre nuestro que estás en el cielo,
ten piedad de nosotros.
Hijo de Dios, Salvador del mundo
ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo
ten piedad de nosotros
Santísima Trinidad y un único Dios
ten piedad de nosotros
Santa María
Ruega por nosotros
Todos los ángeles y santos,
Rueguen por nosotros
Beato Pier Giorgio,
Ruega por nosotros (repetir después de cada invocación)
Amante hijo y hermano,
Sostén de la vida familiar,
Amigo de los que no tienen amigos,
El más cristiano de los compañeros,
Líder de la juventud,
Ayuda de los necesitados,
Maestro de la caridad,
Protector de los pobres,
Consuelo de los enfermos,
Atleta del Reino de Dios,
Conquistador de las cumbres de la vida,
Defensor de verdad y la virtud,
Oponente de toda injusticia,
Patriótico ciudadano de la nación,
Leal hijo de la Iglesia,
Devoto hijo de la Virgen,
Ardiente adorador de la Eucaristía,
Ferviente estudioso de las Escrituras,
Dedicado seguidor de Santo Domingo,
Apóstol de la oración y el ayuno,
Guía para un profundo amor a Jesús,
Diligente en el trabajo y en el estudio,
Alegre en todas las circunstancias de la vida,
Fuerte en mantener la castidad,
Callado en el dolor y sufrimiento,
Fiel a las promesas del Bautismo,
Modelo de humildad,
Ejemplo de desprendimiento,
Espejo de obediencia,
Hombre de las Bienaventuranzas,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
Ten piedad de nosotros
V. Ruega por nosotros, Beato Pier Giorgio Frassati,
R. Para que seamos hechos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Oh, Padre, tú has dado al joven Pier Giorgio Frassati la dicha de encontrar a Cristo y de vivir con coherencia su fe al servicio de los pobres y enfermos; por su intercesión haz que también nosotros subamos, como él, por los senderos de las bienaventuranzas evangélicas y que imitemos su generosidad, para difundir en la sociedad el espíritu del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

martes, 21 de junio de 2016

"EL HOMBRE DEL AÑO 2000 TIENE NECESIDAD DEL CORAZÓN DE CRISTO"

La Devoción al Sagrado Corazón de Jesús es la principal devoción cristiana porque en ella se contiene el compendio de toda la religión, a saber el amor a Dios por encima de todas las cosas y el amor al prójimo como a uno mismo por amor a Dios. Es la norma de vida más perfecta, porque al contemplar el Corazón de Jesús aprendemos de Él el verdadero comportamiento que ha de tener y practicar un cristiano.
“Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy”. Los cristianos no tenemos otro Maestro por el que debamos guiarnos y de quien debamos aprender que el Sagrado Corazón de Jesús. Y no tenemos otro Señor por el que debamos dejarnos gobernar más que Nuestro Señor Jesucristo.
San Juan Pablo II, al que todos recordamos, enseñaba que “el hombre del año 2000 tiene necesidad del Corazón de Cristo para conocer a Dios y para conocerse a sí mismo; tiene necesidad de Él para construir la civilización del Amor”.
Realmente están equivocados todos aquellos que puedan pensar que la Devoción al Corazón de Cristo es algo pasado de moda, trasnochado, propio de tiempos pasados. Y están errados porque la devoción al Corazón de Jesús no es sólo la principal devoción cristiana, sino que es la Devoción cristiana por excelencia.
¿Qué significa tener devoción?: significa tener la voluntad de entregarse al servicio de Dios. ¿Y quién es el Sagrado Corazón de Jesús sino Dios mismo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que se encarnó en el seno virginal de Santa María y se hizo hombre para redimirnos del pecado y para salvarnos de la muerte eterna.
Tener devoción al Corazón de Jesús significa, pues, tener la firme decisión de entregarse a su amor y a su servicio. Por ello ser cristiano implica y requiere tener una devoción profundísima al Corazón del Redentor.
Nos decimos personas religiosas, pero ¿somos conscientes de lo que significa la verdadera religión? “La verdadera religión consiste en entrar en sintonía con el Corazón de Cristo, “rico en misericordia”.
No seremos verdaderamente cristianos y por lo tanto no seremos personas auténticamente religiosas si no perseguimos como ideal de nuestra vida el llegar a tener en nosotros los mismos sentimientos del Corazón de Cristo Jesús.
¿Cuáles eran esos sentimientos? Dos, fundamentalmente: buscar la gloria del Padre y procurar la salvación del género de humano.
Así, también nosotros, hemos de buscar el glorificar a Dios con toda nuestra vida: abriéndonos a su amor, correspondiendo a la inmensidad de su amor, ajustando nuestra vida a sus mandamientos y a sus enseñanzas.
En definitiva, se trata de “ofrecernos a nosotros mismos, cada día, junto con Cristo, como hostia viva, santa y grata a Dios”, haciendo de nuestro ser y de nuestro obrar un culto espiritual agradable a Dios.
Y así, también nosotros, al igual que el Corazón de Jesús debemos sentir un celo profundo e inquietante por la salvación de todos los hombres. A esa salvación podemos contribuir dando testimonio de nuestra fe con obras y cuando sea necesario también con palabras. Orando y sacrificándonos por la conversión de los pobres pecadores y por la salvación de los fieles difuntos. Ofreciendo a Dios por las manos de María y en unión con Jesús inmolado en el Altar nuestros trabajos de cada día, nuestros sufrimientos y nuestras penas.
El ideal del cristiano no es otro que alcanzar la meta de la que nos habla el Apóstol San Pablo: “Vivo yo, más no soy yo, sino que es Cristo quien vive en Mí”.
Hemos de alcanzar ese grado de unión y de identificación con el Corazón de Jesús. Es esto mismo lo que le pedimos cuando rezamos: “Sagrado Corazón de Jesús, haced mi Corazón semejante al vuestro”
¿Comprendemos ahora la necesidad de ser devotos del Corazón de Jesús? ¿La necesidad de aprender de Él, de su vida y de sus enseñanzas?
¿Comprendemos la necesidad de vivir lo más íntimamente posible unidos a Él mediante una vida de oración, una vida eucarística y una frecuente práctica del sacramento de la Penitencia? Sólo así, podrá Jesús ir purificando y transformando nuestros pobres corazones para hacerlos semejantes al suyo. Amén.
Manuel María de Jesús 

jueves, 9 de junio de 2016

REINARÉ EN ESPAÑA

Corazón de Jesús Sacramentado, Rey de Reyes y Señor de los que dominan: ante vuestro augusto trono de gracia y de misericordia se postra España entera, hija muy amada de vuestro Corazón.  Somos vuestro pueblo que de nuevo se consagra hoy a Vos. Reinad sobre nosotros. Que vuestro imperio se dilate por los siglos de los siglos. Amén.