REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

jueves, 28 de mayo de 2015

CRISTO SACERDOTE

¡Oh Jesús, Pontífice Eterno, Divino Sacrificador!
Tú, que en un impulso de incomparable amor a los hombres, tus hermanos, hiciste brotar de Tu Sagrado Corazón el Sacerdocio Cristiano, dígnate continuar derramando sobre tus ministros los torrentes vivificantes del Amor Infinito. 
Vive en Tus Sacerdotes, transformándolos  en Ti, hazlos por tu gracia, instrumentos de Tú misericordia.  Obra en ellos y por ellos y que, después de haberse revestido totalmente de Ti, por la fiel imitación de Tus adorables virtudes, cumplan en Tú nombre y por el poder de Tú Espíritu, las obras que Tú mismo realizaste para la salvación del mundo.
Divino Redentor de las almas, ved cuan grande es la multitud de los que aun duermen en las tinieblas del error, cuenta el número de las ovejas descarriadas que caminan entre precipicios, considera la turba de pobres, hambrientos, ignorantes y débiles que gimen en el abandono.
Vuelve, Señor, a nosotros por tus Sacerdotes, revive verdaderamente en ellos, obra por ellos y pasa de nuevo por el mundo, enseñando, perdonando, consolando, sacrificando y renovando los lazos sagrados del amor, entre el corazón de Dios y el Corazón del hombre,
AMÉN.

lunes, 25 de mayo de 2015

PATRÓN DE CUANTOS SUFREN EN CUERPO Y ALMA


* Año de la Vida Consagrada
San Charbel es un santo católico maronita libanés del siglo XIX que ha dejado atónitos a los sabios, porque de su cuerpo incorrupto salió líquido sangui­nolento que era inexplicable desde todo punto de vista científico. Si su cuerpo vivo tenía cinco litros de sangre y, después de muerto, exudaba un míni­mo de un litro de líquido por año, lo que darían 67 litros en 67 años, ¿de dónde salía ese líquido misterioso con el que se producían milagros maravillosos?
Después de muerto parecía un santo vivo, pues ni se le caía el pelo ni las uñas y su cuerpo mantenía su flexibilidad natural.
San Charbel vivió como un religioso de la Orden maronita (de san Marón) en el convento de Annaya durante 16 años y los últimos 23 años como ermitaño en una ermita cercana.
Fue un hombre dado continuamente a la oración ante el Santísimo Sacramento. Vivía intensamente la misa de cada día y llevaba una vida de continua penitencia, trabajando en los campos del convento en silencio para ganarse el pan. Su vida fue: oración, penitencia y trabajo. Después de muerto, miles y miles de devotos llegan a visitar su tumba, donde Dios sigue haciendo milagros.
San Charbel es un santo popular en el Líbano, pero es un santo de todos y para todos, pues es nuestro hermano que nos espera en el cielo y cuya vida nos estimula a vivir en la tierra de cara a la eternidad.
Nació el 8 de Mayo de 1828 en Beqaa-Kafra, el lugar habitado más alto del Líbano, cercano a los famosos Cedros, el joven Yusef Antón Makhluf creció con el ejemplo de dos de sus tíos, ambos ermitaños. A la edad de veintitrés años, dejó su casa en secreto y entró al monasterio de Nuestra Señora de Mayfuq, tomando el nombre de un mártir Sirio, Charbel, al ser admitido. Ordenado sacerdote en 1859, fijó como su residencia el monasterio de San Marón en Annaya.
El Padre Charbel vivió en esta comunidad por quince años, y fue un monje modelo en el sentido estricto de la palabra: se recuerda que, aunque se regocijaba al poder ayudar y asistir a su vecino, siempre fue un deseo dejar su monasterio. Disfrutaba pasar su tiempo cantando el oficio en el coro, trabajando en los campos y gozaba de la lectura espiritual, así que nadie se sorprendió cuando eventualmente él pidió, y recibió el permiso para ir a vivir la vida de un ermitaño. Mientras que los monjes Maronitas son generalmente comprometidos con el trabajo parroquial y pastoral, la provisión se hace siempre a aquellas almas elegidas que sienten el llamado a la vida ermitaña para impulsar su vocación, generalmente en grupos de dos o tres.
Así comenzó para el Nuevo ermitaño esa vida sagrada que ha sido inalterada desde los días de los Padres en el desierto: ayuno perpetuo, con abstinencia de carne, frutas y vino, trabajos manuales santificados por la oración, un lecho compuesto de hojas y cubiertos con piel de cabra como cama y un pedazo de madero colocado en el lugar habitual de una almohada, con la interdicción de dejar la ermita sin permiso expreso. San Charbel se puso bajo la obediencia de otro ermitaño, y pasó veintitrés años así, sus diversas austeridades parecían sólo incrementar la robustez de su salud. La única perturbación a su oración venía en la forma de la siempre creciente ola de visitantes atraídos por su reputación de santidad que buscaban consejo, la promesa de oración o algún milagro.
Entonces una mañana, a mediados de Diciembre de 1898, se enfermó sin previo aviso, justo antes de la consagración mientras celebraba una Misa. Sus compañeros le ayudaron a llegar su celda, la cual nunca volvió a dejar. La parálisis gradualmente se apoderó de él. La noche de Navidad murió, repitiendo la oración que no había podido terminar en el altar: “Padre de Verdad, tu hijo amado, que hace un increíble sacrificio por nosotros. Acepta esta ofrenda: Él murió para que yo pudiera vivir. Toma esta ofrenda! Acéptala.....” Estas palabras resumieron una vida de setenta años.
ORACIÓN
Oh, Dios bondadoso que concediste a San Charbel el monje maronita libanes, la gracia de la santidad y el poder de hacer milagros, te pedimos por su intercesion, escuchar nuestras suplicas.
Concedenos imitar sus virtudes, en los quehaceres de cada dia.
Que el ejemplo de su vida de oracion, de contemplacion y de trabajo, nos inspire el sentido profundo de la religion.
Que su amor a la iglesia y al projimo y su devocion tierna a la virgen Maria, nos indiquen el verdadero camino a la santidad.
Y si es de tu agrado, Senor, que podamos obtener la gracia (aquí se hace la peticion) que necesitamos.
 Te lo pedimos con profunda fe Amen
 (Padre Nuestro, Avemaria, Gloria)

AUXILIADORA DE LOS CRISTIANOS

Reinad sobre la Iglesia, que profesa y celebra vuestro suave dominio y acude a Vos como a refugio seguro en medio de las adversidades de nuestro tiempo. Mas reinad especialmente sobre aquella parte de la Iglesia que está perseguida y oprimida, dándole fortaleza para soportar las contrariedades, constancia para no ceder a injustas presiones, luz para no caer en las acechanzas del enemigo, firmeza para resistir a los ataques manifiestos y, en todo momento, fidelidad inquebrantable a vuestro Reino.
Reinad sobre las inteligencias, a fin de que busquen solamente la verdad; sobre las voluntades, a fin de que persigan solamente el bien; sobre los corazones, a fin de que amen únicamente lo que Vos misma amáis.
Reinad sobre los individuos y sobre las familias, al igual que sobre las sociedades y naciones; sobre las asambleas de los poderosos, sobre los consejos de los sabios, lo mismo que sobre las sencillas aspiraciones de los humildes.
Reinad en la calles y en las plazas, en las ciudades y en las aldeas, en los valles y en las montañas, en el aire, en la tierra y en el mar, y acoged la piadosa oración de cuantos saben que vuestro reino es reino de misericordia, donde toda súplica encuentra acogida, todo dolor consuelo, alivio toda desgracia, toda enfermedad salud, y donde, como a una simple señal de vuestras suavísimas manos, de la muerte brota alegre la vida.
Obtenednos que quienes ahora os aclaman en todas las partes del mundo y os reconocen como reina y señora, puedan un día en el Cielo gozar de la plenitud de vuestro Reino, en la visión de Vuestro Hijo Divino, el cual con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Así sea.
Venerable Pío XII

miércoles, 13 de mayo de 2015

"YO SOY DEL CIELO"

Jugaban los tres videntes en Cova da Iría cuando vieron dos resplandores como de relámpagos, después de los cuales vieron a la Madre de Dios sobre la encina. Era “una Señora vestida toda de blanco, más brillante que el sol y esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina atravesado por los rayos del sol más ardiente”, describe la Hna. Lucía. Su rostro, indescriptiblemente bello, no era “ni triste, ni alegre, sino serio”, con aire de suave censura. Tenía las manos juntas, como para rezar, apoyadas en el pecho y orientadas hacia arriba. De la mano derecha pendía un rosario. Su vestido parecía hecho sólo de luz. La túnica era blanca, así como el manto, orlado de oro, que cubría la cabeza de la Virgen y le llegaba hasta los pies. No se le veía el cabello ni las orejas.
Lucía nunca pudo describir los trazos de la fisonomía, pues le resultaba imposible fijar la mirada en el rostro celestial, que la deslumbraba. Los videntes estaban tan cerca de Nuestra Señora (a un metro y medio de distancia, más o menos), que se encontraban dentro de la luz que la cercaba o que difundía. El coloquio se desarrolló de la siguiente manera:
Nuestra SeñoraNo tengáis miedo; yo no os hago daño.
Lucía¿De dónde es Vuestra Merced?
Nuestra SeñoraYo soy del cielo (y Nuestra Señora levantó la mano para señalar el cielo).
Lucía¿Y qué es lo que Vuestra Merced quiere de mí?
Nuestra SeñoraVengo para pediros que volváis aquí durante seis meses seguidos los día trece y a esta misma hora. Después os diré quién soy y lo que quiero. Y volveré aquí una séptima vez.
Lucía¿Yo también iré al cielo?
Nuestra SeñoraSí, vas a ir.
Lucía¿Y Jacinta?
Nuestra SeñoraTambién.
Lucía¿Y Francisco?
Nuestra SeñoraTambién, pero tiene que rezar muchos rosarios.
LucíaMaría de las Nieves, ¿está ya en el cielo?
Nuestra SeñoraSí, ya está.
Lucía¿Y Amelia?
Nuestra SeñoraEstará en el purgatorio hasta el fin del mundo.
¿Queréis ofreceros a Dios, para soportar todos los sufrimientos que os quiera enviar en reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?
LucíaSí, queremos.
Nuestra SeñoraVais, pues, a sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza.
Fue al pronunciar estas últimas palabras (“la gracia de Dios, etc.”), cuando abrió las manos por primera vez, comunicándonos una luz tan intensa como el reflejo que de ellas se expandía. Esta luz nos penetró en el pecho hasta lo más íntimo de nuestra alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios, que era esa luz, más claramente que lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces, por un impulso interior, también comunicado, caímos de rodillas y repetimos interiormente:
– “Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento”.
Pasados los primeros momentos la Virgen añadió:
– “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”.
Enseguida –describe la Hna. Lucía– comenzó a elevarse serenamente, subiendo en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la distancia. La luz que la circundaba iba como abriendo un camino en la oscuridad de los astros.     
(Texto tomado del libro Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?, pp. 88-91)

sábado, 2 de mayo de 2015

SAN JOSÉ, NUESTRO PADRE Y GUARDIÁN

San José, "El Parlero" que hablaba a Santa Teresa de Jesús
* Año Teresiano
* En el cielo Jesús hace cuanto le pide su Padre virginal San José. (Santa Teresa).
*Jamás pedí cosa por intercesión de San José que no la haya alcanzado (Santa Teresa).
*San José, tengo experiencia, socorre en toda necesidad; todos los años en su día le pedí alguna gracia y siempre la vi cumplida (Santa Teresa)
*Quien no tenga maestro que le enseñe oración, tome a San José por maestro y no errará el camino. (Santa Teresa).
*Querría ver a todo el mundo devoto de mi Padre y Señor San José. (Santa Teresa)
*No he conocido persona que de veras sea devota de San José y le haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud. (Santa Teresa).
*Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio del bienaventurado San José, de los peligros que me ha librado, así del cuerpo como del alma.(Santa Teresa).
*Pruébelo quien no lo creyere, y verá por experiencia cuán gran bien es encomendarse a este glorioso Patriarca San José y tenerle devoción. (Santa Teresa)
CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ
Glorioso Patriarca San José, el más digno entre todos los Santos de ser venerado, amado e invocado, tanto por la excelencia de vuestras virtudes, como por el mérito de vuestra dignidad, la sublimidad de vuestra gloria y el poder de vuestra intercesión.
En presencia de Cristo Jesús, que os ha obedecido como Padre, y de María Inmaculada, que os ha servido como a Esposo, yo os elijo por mi abogado, por mi Protector y mi padre en todo peligro y necesidad. Me obligo a no olvidarme nunca de Vos, a honraros y extender vuestra devoción y culto todos los días de mi vida. Os suplico, oh mi amadísimo Padre y Señor mío San José, que me recibáis en el número de vuestros hijos. Asistidme en todas mis acciones, y no me abandonéis en la hora decisiva de mi muerte. Amén.

viernes, 1 de mayo de 2015

IN MEMORIAM

Es mi triste deber anunciar la repentina muerte del Padre Nicolás Gruner. Él murió hoy ya tarde de un ataque al corazón mientras trabajaba en su oficina del Centro de Fátima. Por el momento es todo lo que sé. Por favor, visite su página para actualizaciones. Verdaderamente, él era el experto mundial sobre Fátima. Tenía más conocimiento sobre esto y sobre la verdadera naturaleza del Mensaje de Fátima que nadie más. El Centro de Fátima del P. Gruner tendrá más información mañana.Por favor, recuerde al P. Gruner en sus oraciones, un gran amigo y un verdadero Cruzado Católico.
John Vennari
Página del P.  Gruner: http://www.fatima.org/
RESPONSO
V. Ne recordéris peccáta mea, Dómine.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
V. Dírige, Dómine, Deus meus, in conspéctu tuo viam meam.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
V. Réquiem ætérnam dona ei , Dómine, et lux perpétua lúceat ei .
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
Kyrie eléison, Christe eléison, Kyrie, eléison.
Pater noster...
V. A porta ínferi.
R. Erue, Dómine, ánimam eius.
V. Requiescat in pace.
R. Amen.
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clámor meus ad te véniat.
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu túo.
Orémus: Absólve, quæsumus, Dómine, ánimam fámuli tui N. ab omni vínculo delictórum: ut, in resurrectiónis glória, ínter Sanctos et eléctos tuos resuscitata respíret. Per Chrístum Dóminum nostrum.
R. Amen.
V. Réquiem ætérnam dona ei, Dómine.
R. Et lux perpétua lúceat ei.
V. Requiescat  in pace.
R. Amen.
V. Anima eius et ánimæ ómnium fidélium defunctórum per misericórdiam Dei requiéscant in pace.
R. Amen.

miércoles, 22 de abril de 2015

A LOS PIES DE LA MADRE

A tus pies, 
siempre a tus pies, Madre, yo quiero estar.
Contemplando tu rostro,
embelesándome en tus ojos,
deleitándome en tu hablar,
dejando mi corazón en el tuyo descansar.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, yo quiero permanecer.
Que sólo en la dulzura de tu rostro
encuentra descanso mi pobre ser.
Tan sólo en tu mirada se apaga toda mi sed.
Y al calor de tus palabras me siento renacer.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a orar.
A elevar mi corazón al cielo,
abandonándome  sin miedo y dejándome abrazar
por los brazos paternales
del Padre celestial.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a creer.
Que la luz de la fe en mí no se apague.
Que la semilla de mostaza en mi alma plantada,
germine y crezca sin que los enemigos del alma
la malogren con saña.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a esperar.
De tus manos maternales,
reciba siempre el preciado aceite
para que mi lámpara permanezca encendida
hasta que el Esposo me venga a buscar.


A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a sufrir.
Que es en tu escuela, Dolorosa,
donde tu Divino Hijo y sus Santos
aprendieron el camino y la ciencia
de perder la propia vida para siempre vivir.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a amar.
Que en mi alma florezca 
el dulce fruto de la Caridad.
Que desprenda su suave fragancia,
buen olor de Cristo, perfume de santidad.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre,
mientras dure mi peregrinar,
con la firme esperanza,
de que en mi día final,
me vendrás a buscar, me subirás a tu regazo
para en él descansar toda la eternidad.

Manuel María de Jesús