REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

lunes, 25 de mayo de 2015

AUXILIADORA DE LOS CRISTIANOS

Reinad sobre la Iglesia, que profesa y celebra vuestro suave dominio y acude a Vos como a refugio seguro en medio de las adversidades de nuestro tiempo. Mas reinad especialmente sobre aquella parte de la Iglesia que está perseguida y oprimida, dándole fortaleza para soportar las contrariedades, constancia para no ceder a injustas presiones, luz para no caer en las acechanzas del enemigo, firmeza para resistir a los ataques manifiestos y, en todo momento, fidelidad inquebrantable a vuestro Reino.
Reinad sobre las inteligencias, a fin de que busquen solamente la verdad; sobre las voluntades, a fin de que persigan solamente el bien; sobre los corazones, a fin de que amen únicamente lo que Vos misma amáis.
Reinad sobre los individuos y sobre las familias, al igual que sobre las sociedades y naciones; sobre las asambleas de los poderosos, sobre los consejos de los sabios, lo mismo que sobre las sencillas aspiraciones de los humildes.
Reinad en la calles y en las plazas, en las ciudades y en las aldeas, en los valles y en las montañas, en el aire, en la tierra y en el mar, y acoged la piadosa oración de cuantos saben que vuestro reino es reino de misericordia, donde toda súplica encuentra acogida, todo dolor consuelo, alivio toda desgracia, toda enfermedad salud, y donde, como a una simple señal de vuestras suavísimas manos, de la muerte brota alegre la vida.
Obtenednos que quienes ahora os aclaman en todas las partes del mundo y os reconocen como reina y señora, puedan un día en el Cielo gozar de la plenitud de vuestro Reino, en la visión de Vuestro Hijo Divino, el cual con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Así sea.
Venerable Pío XII

miércoles, 13 de mayo de 2015

"YO SOY DEL CIELO"

Jugaban los tres videntes en Cova da Iría cuando vieron dos resplandores como de relámpagos, después de los cuales vieron a la Madre de Dios sobre la encina. Era “una Señora vestida toda de blanco, más brillante que el sol y esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina atravesado por los rayos del sol más ardiente”, describe la Hna. Lucía. Su rostro, indescriptiblemente bello, no era “ni triste, ni alegre, sino serio”, con aire de suave censura. Tenía las manos juntas, como para rezar, apoyadas en el pecho y orientadas hacia arriba. De la mano derecha pendía un rosario. Su vestido parecía hecho sólo de luz. La túnica era blanca, así como el manto, orlado de oro, que cubría la cabeza de la Virgen y le llegaba hasta los pies. No se le veía el cabello ni las orejas.
Lucía nunca pudo describir los trazos de la fisonomía, pues le resultaba imposible fijar la mirada en el rostro celestial, que la deslumbraba. Los videntes estaban tan cerca de Nuestra Señora (a un metro y medio de distancia, más o menos), que se encontraban dentro de la luz que la cercaba o que difundía. El coloquio se desarrolló de la siguiente manera:
Nuestra SeñoraNo tengáis miedo; yo no os hago daño.
Lucía¿De dónde es Vuestra Merced?
Nuestra SeñoraYo soy del cielo (y Nuestra Señora levantó la mano para señalar el cielo).
Lucía¿Y qué es lo que Vuestra Merced quiere de mí?
Nuestra SeñoraVengo para pediros que volváis aquí durante seis meses seguidos los día trece y a esta misma hora. Después os diré quién soy y lo que quiero. Y volveré aquí una séptima vez.
Lucía¿Yo también iré al cielo?
Nuestra SeñoraSí, vas a ir.
Lucía¿Y Jacinta?
Nuestra SeñoraTambién.
Lucía¿Y Francisco?
Nuestra SeñoraTambién, pero tiene que rezar muchos rosarios.
LucíaMaría de las Nieves, ¿está ya en el cielo?
Nuestra SeñoraSí, ya está.
Lucía¿Y Amelia?
Nuestra SeñoraEstará en el purgatorio hasta el fin del mundo.
¿Queréis ofreceros a Dios, para soportar todos los sufrimientos que os quiera enviar en reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?
LucíaSí, queremos.
Nuestra SeñoraVais, pues, a sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza.
Fue al pronunciar estas últimas palabras (“la gracia de Dios, etc.”), cuando abrió las manos por primera vez, comunicándonos una luz tan intensa como el reflejo que de ellas se expandía. Esta luz nos penetró en el pecho hasta lo más íntimo de nuestra alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios, que era esa luz, más claramente que lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces, por un impulso interior, también comunicado, caímos de rodillas y repetimos interiormente:
– “Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento”.
Pasados los primeros momentos la Virgen añadió:
– “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”.
Enseguida –describe la Hna. Lucía– comenzó a elevarse serenamente, subiendo en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la distancia. La luz que la circundaba iba como abriendo un camino en la oscuridad de los astros.     
(Texto tomado del libro Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?, pp. 88-91)

sábado, 2 de mayo de 2015

SAN JOSÉ, NUESTRO PADRE Y GUARDIÁN

San José, "El Parlero" que hablaba a Santa Teresa de Jesús
* Año Teresiano
* En el cielo Jesús hace cuanto le pide su Padre virginal San José. (Santa Teresa).
*Jamás pedí cosa por intercesión de San José que no la haya alcanzado (Santa Teresa).
*San José, tengo experiencia, socorre en toda necesidad; todos los años en su día le pedí alguna gracia y siempre la vi cumplida (Santa Teresa)
*Quien no tenga maestro que le enseñe oración, tome a San José por maestro y no errará el camino. (Santa Teresa).
*Querría ver a todo el mundo devoto de mi Padre y Señor San José. (Santa Teresa)
*No he conocido persona que de veras sea devota de San José y le haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud. (Santa Teresa).
*Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio del bienaventurado San José, de los peligros que me ha librado, así del cuerpo como del alma.(Santa Teresa).
*Pruébelo quien no lo creyere, y verá por experiencia cuán gran bien es encomendarse a este glorioso Patriarca San José y tenerle devoción. (Santa Teresa)
CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ
Glorioso Patriarca San José, el más digno entre todos los Santos de ser venerado, amado e invocado, tanto por la excelencia de vuestras virtudes, como por el mérito de vuestra dignidad, la sublimidad de vuestra gloria y el poder de vuestra intercesión.
En presencia de Cristo Jesús, que os ha obedecido como Padre, y de María Inmaculada, que os ha servido como a Esposo, yo os elijo por mi abogado, por mi Protector y mi padre en todo peligro y necesidad. Me obligo a no olvidarme nunca de Vos, a honraros y extender vuestra devoción y culto todos los días de mi vida. Os suplico, oh mi amadísimo Padre y Señor mío San José, que me recibáis en el número de vuestros hijos. Asistidme en todas mis acciones, y no me abandonéis en la hora decisiva de mi muerte. Amén.

viernes, 1 de mayo de 2015

IN MEMORIAM

Es mi triste deber anunciar la repentina muerte del Padre Nicolás Gruner. Él murió hoy ya tarde de un ataque al corazón mientras trabajaba en su oficina del Centro de Fátima. Por el momento es todo lo que sé. Por favor, visite su página para actualizaciones. Verdaderamente, él era el experto mundial sobre Fátima. Tenía más conocimiento sobre esto y sobre la verdadera naturaleza del Mensaje de Fátima que nadie más. El Centro de Fátima del P. Gruner tendrá más información mañana.Por favor, recuerde al P. Gruner en sus oraciones, un gran amigo y un verdadero Cruzado Católico.
John Vennari
Página del P.  Gruner: http://www.fatima.org/
RESPONSO
V. Ne recordéris peccáta mea, Dómine.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
V. Dírige, Dómine, Deus meus, in conspéctu tuo viam meam.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
V. Réquiem ætérnam dona ei , Dómine, et lux perpétua lúceat ei .
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
Kyrie eléison, Christe eléison, Kyrie, eléison.
Pater noster...
V. A porta ínferi.
R. Erue, Dómine, ánimam eius.
V. Requiescat in pace.
R. Amen.
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clámor meus ad te véniat.
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu túo.
Orémus: Absólve, quæsumus, Dómine, ánimam fámuli tui N. ab omni vínculo delictórum: ut, in resurrectiónis glória, ínter Sanctos et eléctos tuos resuscitata respíret. Per Chrístum Dóminum nostrum.
R. Amen.
V. Réquiem ætérnam dona ei, Dómine.
R. Et lux perpétua lúceat ei.
V. Requiescat  in pace.
R. Amen.
V. Anima eius et ánimæ ómnium fidélium defunctórum per misericórdiam Dei requiéscant in pace.
R. Amen.

miércoles, 22 de abril de 2015

A LOS PIES DE LA MADRE

A tus pies, 
siempre a tus pies, Madre, yo quiero estar.
Contemplando tu rostro,
embelesándome en tus ojos,
deleitándome en tu hablar,
dejando mi corazón en el tuyo descansar.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, yo quiero permanecer.
Que sólo en la dulzura de tu rostro
encuentra descanso mi pobre ser.
Tan sólo en tu mirada se apaga toda mi sed.
Y al calor de tus palabras me siento renacer.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a orar.
A elevar mi corazón al cielo,
abandonándome  sin miedo y dejándome abrazar
por los brazos paternales
del Padre celestial.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a creer.
Que la luz de la fe en mí no se apague.
Que la semilla de mostaza en mi alma plantada,
germine y crezca sin que los enemigos del alma
la malogren con saña.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a esperar.
De tus manos maternales,
reciba siempre el preciado aceite
para que mi lámpara permanezca encendida
hasta que el Esposo me venga a buscar.


A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a sufrir.
Que es en tu escuela, Dolorosa,
donde tu Divino Hijo y sus Santos
aprendieron el camino y la ciencia
de perder la propia vida para siempre vivir.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre, enséñame a amar.
Que en mi alma florezca 
el dulce fruto de la Caridad.
Que desprenda su suave fragancia,
buen olor de Cristo, perfume de santidad.

A tus pies,
siempre a tus pies, Madre,
mientras dure mi peregrinar,
con la firme esperanza,
de que en mi día final,
me vendrás a buscar, me subirás a tu regazo
para en él descansar toda la eternidad.

Manuel María de Jesús

lunes, 13 de abril de 2015

SILENCIOS ESCANDALOSOS ANTE LAS MATANZAS DE CRISTIANOS

JÓVENES CRISTIANOS MARTIRIZADOS EN KENIA
LA EQUIDISTANCIA
POR JUAN MANUEL DE PRADA
Los yihadistas, que saben muy bien que el Nuevo Orden Mundial es anticrístico, no dirigen sus ataques contra sus organismos y gerifaltes, sino contra cristianos.
A nadie habrá pasado inadvertido que la reciente matanza en la universidad de Garissa, en Kenia, no ha provocado los mismos plañidos entre los mandatarios occidentales que, por ejemplo, el asesinato de los caricaturistas de Charlie Hebdo; tampoco ha desatado el fervorín de proclamas y manifiestos a que los intelectuales pelmazos de izquierdas y derechas nos tienen acostumbrados; y ni siquiera se han montado manifestaciones multitudinarias con cartelería solidaria («Je suis Patatín o Patatán»), para que las masas cretinizadas puedan echar la lagrimilla y volver a sus casas orgullosísimas de haberse conocido. Es probable, en cambio, que a algunos les haya pasado inadvertido que, al mismo tiempo que los jóvenes cristianos keniatas eran masacrados, el metro de París exigía la retirada de unos carteles en los que se anunciaba el concierto de unos curas canoros; y no se hacía por aversión a esa plaga pestífera de los curas canoros, sino porque, según se especificaba en los carteles, la recaudación del concierto se destinaría a «los cristianos de Oriente». Para justificar la remoción de los carteles, el metro de París alegó que infringían la «laicidad», excusa en verdad demente, pues darle dinero a quien lo necesita no significa hacer profesión de fe ni proselitismo. Lo que en verdad querían decir estos bellacos es que los carteles de marras estaban infringiendo la «equidistancia», que es donde está la madre del cordero.
Lo que hicieron esos bellacos mierdosos del metro de París lo vemos, bajo expresiones menos diarreicas o más disimuladas, en cualquier lugar de Occidente, incluida nuestra España putrefacta; sólo que los franceses, que acaban de recibir el mazazo hebdomadario, están todavía más cagaditos que el resto, y en su afán por hacer postureo equidistante, exageran la nota hasta la abyección. Pero la enfermedad de la equidistancia es el fantasma que recorre todo el Occidente neopagano: lo padecen sus politiquillos, pobres monigotes al servicio de un Nuevo Orden Mundial que tiene claro (y lo ha tenido siempre) que el verdadero enemigo es el cristianismo, cuya derrota debe alcanzarse a través de todos los medios, incluido el aprovechamiento del terror islámico, que puede empujar a muchos a la apostasía por miedo; y lo padecen también sus masas cretinizadas, esas turbas de paganos (en el doble sentido de la palabra: porque han dejado de creer en Dios y porque son tan sólo rebaños de pulgones a los que el Nuevo Orden Mundial ordeña por vía tributaria, para que financien sus usuras) que, ilusamente, piensan que las religiones –así, en plural– son una calamidad que debe repudiarse, puesto que impiden el advenimiento de las luces de gas de la Señora Razón, y el disfrute opíparo de la Señorita Democracia, su hijita licenciosa y cachonduela.
Nótese, por lo demás, que los yihadistas, que saben muy bien que el Nuevo Orden Mundial es anticrístico, no dirigen sus ataques contra sus organismos y gerifaltes, sino contra cristianos. No entran con sus ametralladoras en el gimnasio de tal mandamás de la ONU, o en la peluquería de tal mandamasa del Fondo Monetario Internacional, sino en templos católicos u ortodoxos, o en universidades donde saben que estudian cristianos (y, antes de matarlos, se aseguran de que lo sean). Con esto vuelve a demostrarse que la vesania yihadista y la «equidistancia» occidental tienen una estrategia y un enemigo común. Y que a ambas las guía la misma luz, aquella luz –en palabras de Chesterton– «que nunca se ha extinguido, un fuego blanco que se aferra como una fosforescencia extraterrenal, haciendo brillar su rastro por todos los crepúsculos de la historia: es el halo del odio alrededor de la Iglesia de Cristo».
Fuente:ABC.es