REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

lunes, 5 de enero de 2015

EL PAPA RECUERDA EL DOGMA DEL PECADO ORIGINAL

"El apóstol Pablo resume, en la Lectura de estas Primeras Vísperas, el motivo fundamental de nuestro dar gracias a Dios: Él nos ha hecho hijos suyos, nos ha adoptado como hijos. ¡Este don inmerecido nos llena de una gratitud colmada de estupor!
Alguien podría decir: ‘Pero ¿no somos ya todos hijos suyos, por el hecho mismo de ser hombres?’. Ciertamente, porque Dios es Padre de toda persona que viene al mundo. Pero sin olvidar que somos alejados de Él a causa del pecado original que nos ha separado de nuestro Padre: nuestra relación filial está profundamente herida. Por ello Dios ha enviado a su Hijo a rescatarnos con el precio de su sangre. Y si hay un rescate es porque hay una esclavitud. Nosotros éramos hijos, pero nos volvimos esclavos, siguiendo la voz del Maligno. Nadie nos rescata de aquella esclavitud substancial sino Jesús, que ha asumido nuestra carne de la Virgen María y murió en la cruz para liberarnos, liberarnos de la esclavitud del pecado y devolvernos la condición filial perdida.
La liturgia de hoy recuerda también que «en el principio – antes del tiempo – era la Palabra... y la Palabra se hizo hombre’ y por ello afirma san Ireneo: Éste es el motivo por el cual la Palabra se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, entrando en comunión con la Palabra y recibiendo así la filiación divina, se volviera hijo de Dios ( Adversus haereses, 3,19-1: PG 7,939; cfr Catecismos de la Iglesia Católica, 460).
Al mismo tiempo, el don mismo por el que agradecemos es también motivo de examen de conciencia, de revisión de la vida personal y comunitaria, del preguntarnos: ¿cómo es nuestra forma de vivir? ¿Vivimos como hijos o vivimos como esclavos? ¿Vivimos como personas bautizadas en Cristo, ungidas por el Espíritu, rescatadas, libres?  O ¿vivimos según la lógica mundana, corrupta, haciendo lo que el diablo nos hace creer que es nuestro interés?"
 Tomado de la homilía en las Vísperas del 31 de diciembre

sábado, 3 de enero de 2015

SÁBADO MARIANO

"Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen los cinco misterios del Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del Rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación".

viernes, 2 de enero de 2015

XXV ANIVERSARIO

El 2 de enero de 1990 nacía el Grupo de Oración "Santa María Reina", semilla de la cual florecería años más tarde la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina.
La Santísima Virgen nos hizo ver la necesidad y el deber de responder de forma personal y comunitaria a la llamada que el Vicario de Cristo, San Juan Pablo II, hacía a todos los fieles en su Exhortación Apostólica Christi fideles laici:
"Llegó la hora de emprender una nueva evangelización"... "Es una necesidad urgente poder contar con enviados de Cristo, mensajeros cristianos". 
Y posteriormente también en su Carta Encíclica Redemptoris Missio:
"Como los Apóstoles después de la Ascensión de Cristo, la Iglesia debe reunirse en el Cenáculo con « María, la madre de Jesús » (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero".
Paso a paso, con paciencia y amor maternales, Nuestra Reina y Madre fue infundiendo en nuestros corazones los fundamentos de la espiritualidad que nos invitaba a vivir con especial profundidad:
"Bajo el estandarte de Nuestra Señora y sin otra arma que la Cruz de Cristo, queremos prender el fuego del amor divino por doquier".
"Vivir en profundidad una espiritualidad que nace y se alimenta en:
- El Santo Sacrificio de la Misa:
"El culmen y la fuente de todo el culto y de toda la vida cristiana".
"Ofrézcanse a sí mismos como hostia viva, santa y grata a Dios".
- La contemplación del Misterio de la Cruz:
"Cristo desea que su Cruz se levante en medio de nuestro mundo para que el hombre contemple la salvación de Dios y la acepte en su vida".
- La Confianza incondicional y el amor filial a María:
"Ella es la Madre del Amor y de la Misericordia, escogida para llevar a cabo los designios providentes de Dios".
"Vivir la consagración a Jesucristo por María".
Hoy, al cumplirse el 25º Aniversario de aquella primera oración comunitaria, damos gracias al Señor y a la Virgen Santísima por todas las gracias y dones recibidos a lo largo de este itinerario, y junto con la alabanza y la gratitud elevamos también con profunda humildad y contrición una súplica de perdón por los pecados y por las faltas de correspondencia en las que hayamos caído a lo largo de estos años.
Renovamos nuestra consagración a Jesús por medio de María, al tiempo que renovamos también nuestra confianza y el espíritu del santo abandono en los Sagrados Corazones.
A los solícitos cuidados y a  la maternal intercesión de la Reina y Madre de Misericordia confiamos especialmente a nuestros hermanos y bienhechores difuntos que ya han salido de este mundo.
¡Sagrados Corazones de Jesús y María en Vosotros confiamos!
P. Manuel María de Jesús
Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur.
Te aeternum Patrem,
omnis terra veneratur.

Tibi omnes angeli,
tibi caeli et universae potestates:
tibi cherubim et seraphim,
incessabili voce proclamant:

Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terra
maiestatis gloriae tuae.

Te gloriosus Apostolorum chorus,
te prophetarum laudabilis numerus,
te martyrum candidatus laudat exercitus.

Te per orbem terrarum
sancta confitetur Ecclesia,
Patrem immensae maiestatis;
venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo,
aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,
in gloria Patris.

Iudex crederis esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,
quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna fac
cum sanctis tuis in gloria numerari.

Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos,
et extolle illos usque in aeternum.

Per singulos dies benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.

Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quem ad modum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.

CUMPLEAÑOS DE LA FLORECILLA DE JESÚS

María Francisca Teresa Martín Guérin nace en Alenzón, Normandía, al noroeste de Francia el 2 de enero de 1873. Sus padres, Luis Martin (1823 - 1894) y María Celia Guérin (1831 - 1877) tuvieron 9 hijos de los cuales 4 murieron a temprana edad y sólo sobrevivieron 5 niñas: María (1860 - 1940), Paulina (1861 - 19519, Leonie (1863 - 1941), Celine (1869 - 1959) y Teresa, siendo la menor, todas ellas religiosas.Tres Carmelitas Descalzas y una Visitandina (Leonia)

VÉANTE MIS OJOS

Véante mis ojos

Véante mis ojos, 
dulce Jesús bueno; 
véante mis ojos, 
muérame yo luego. 
Vea quién quisiere 
rosas y jazmines, 
que si yo te viere, 
veré mil jardines, 
flor de serafines; 
Jesús Nazareno, 
véante mis ojos, 
muérame yo luego. 
No quiero contento, 
mi Jesús ausente, 
que todo es tormento 
a quien esto siente; 
sólo me sustente 
su amor y deseo; 
Véante mis ojos, 
dulce Jesús bueno; 
véante mis ojos, 
muérame yo luego.

¡JESÚS!

Éste es aquel Santísimo Nombre
anhelado por los patriarcas,
esperado con ansiedad,
demandado con gemidos,
invocado con suspiros,
requerido con lágrimas,
donado al llegar
la plenitud de la gracia.

No pienses en un nombre
de poder, menos en uno
de venganza, sino de salvación.
Su nombre es
misericordia, es perdón.
Que el nombre de JESÚS
resuene en mis oídos,
porque su voz es dulce
y su rostro bello.

No dudes,
el Nombre de JESÚS
es fundamento de la fe, 
mediante el cual somos
constituidos hijos de Dios.

La fe de la religión católica
consiste en el conocimiento
de CRISTO JESÚS
y de su persona,
que es la luz del alma,
franquicia de la vida,
piedra de salvación eterna.

Quien no llegó
a conocerle o le abandonó
camina por la vida
en tinieblas, y va a ciegas
con inminente riesgo
de caer en el precipicio,
y cuanto más se apoye
en la humana inteligencia,
tanto más se servirá
de un lazarillo también ciego,
al pretender escalar los
recónditos secretos celestiales
con sólo la sabiduría
del propio entendimiento,
y no será difícil que le acontezca,
por descuidar los materiales sólidos,
construir la casa en vano y,
por olvidar la puerta de entrada,
pretenda luego entrar a ella por el tejado.

No hay otro fundamento
fuera de JESÚS, luz y puerta,
guía de los descarriados,
lumbrera de la fe para todos
los hombres, único medio
para encontrar de nuevo
al Dios indulgente, y,
una vez encontrado,
fiarse de Él; y poseído,
disfrutarle.

Esta base sostiene
la Iglesia, fundamentada
en el Nombre de JESÚS.

El Nombre de JESÚS
es el brillo de los predicadores,
porque de Él les viene
la claridad luminosa,
la validez de su mensaje
y la aceptación de su
palabra por los demás.
¿De dónde piensas que procede
tanto esplendor y que
tan rápidamente se haya
propagado la fe por todo el mundo,
sino por haber predicado a JESÚS?
¿Acaso no por la luz y dulzura
de este Nombre, por el que Dios
nos llamó y condujo a su gloria?
Con razón el Apóstol, a los elegidos
y predestinados por este Nombre
luminoso, les dice: en otro tiempo
fuisteis tinieblas, mas ahora
sois luz en el Señor.
Caminad como hijos de la luz.

¡Oh Nombre glorioso,
Nombre regalado,
Nombre amoroso y santo!
Por ti las culpas se borran,
los enemigos huyen vencidos,
los enfermos sanan,
los atribulados y tentados
se robustecen, y se sienten
gozosos todos. Tú eres la honra
de los creyentes, tú el maestro
de los predicadores, tú la fuerza
de los que trabajan, tú el valor
de los débiles. Con el fuego de tu
ardor y de tu celo se enardecen
los ánimos, crecen los deseos,
se obtienen los favores,
las almas contemplativas
se extasían; por ti,
en definitiva, todos los
bienaventurados del cielo
son glorificados.

Haz, dulcísimo JESÚS,
que también nosotros
reinemos con ello
por la fuerza de tu
Santísimo Nombre.

San Bernardino de Siena

jueves, 1 de enero de 2015

PROPIEDAD DE MARÍA

Te saludamos, oh María, sin pecado concebida, Madre de Dios, Reina y Madre nuestra.
Somos tus hijos, rescatados por la Sangre de Jesús, peregrinos y militantes por los caminos del mundo entre gozos y tristezas, angustias y esperanzas.
Desde el trono de la gloria regálanos tu mirada maternal  de misericordia y de consuelo.
En este día, Soberana Madre nuestra, nos consagramos cada uno de nosotros a tu Inmaculado Corazón, consagrándote también, en calidad de hijos esclavos de amor tuyos, la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina con todos sus miembros y colaboradores, sus bienhechores y sus obras.
Somos enteramente tuyos, oh Reina y Madre nuestra, y cuanto tenemos tuyo es.
Reina en nuestras almas haciéndonos humildes y sencillos como Tú.
Fortalece nuestra fe, aumenta nuestra esperanza en las promesas de Jesús y aviva en nosotros el fuego del Amor de Dios.
Vive Tú en cada uno de nosotros y dígnate servirte de nuestras humildes personas y obras apostólicas para dilatar tu reinado maternal hasta los confines de la tierra.
Venga tu reinado de amor sobre las familias, que las transforme en santuarios de la vida,  de la piedad y de la entrega. 
Líbralas de tantas amenazas de muerte como se ciernen sobre ellas.
Llegue tu reinado a los corazones de la infancia y de la juventud.
¡Sí, venga a ellos tu reino!
Tuyos son y que siempre permanezcan tuyos.
Reina en la Iglesia de Jesús, tu Iglesia, de la que eres Madre y Maestra y que hoy navega entre tempestades y amenazas de asalto a la Roca.
Venga a ella tu reinado de unidad.
Señora y Reina del mundo, protege a los pueblos del monstruo de la guerra que siega las vidas de los inocentes.
Líbralos del hambre, instaurando tu reino de caridad en las almas.
Defiéndelos de la injusticia y la explotación.
No dejes al mundo caer en la tentación de despreciarla vida humana.
Atrae hacia Cristo a todos los pueblos y naciones de la tierra, liberándolos de la esclavitud del pecado y de las tinieblas del error.
Venga a nosotros tu Reino, oh María, nuevo adviento para la venida de Cristo, Príncipe de la Paz y Rey de los cielos y de la tierra. Amén