REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

domingo, 28 de diciembre de 2014

EN EL DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES

ORACIÓN
 Señor Dios, que en tu providencia misteriosa asocias la Iglesia a los dolores de tu Hijo, concede a los fieles, que sufren por tu nombre, espíritu de paciencia y caridad, para que se manifiesten siempre testigos verdaderos y fieles de tus promesas. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén  


sábado, 27 de diciembre de 2014

SÁBADO MARIANO


«¿Quién se atrevería a suponer que Tú, oh Dios infinito y eterno, me amaste desde siglos, más aún, antes de los siglos? Aunque yo no existía todavía, tú me amabas ya y, justamente por el hecho que me amabas me llamaste de la nada a la existencia... Para mí creaste los cielos tachonados de estrellas, para mí la tierra, los mares, los montes, los ríos y muchas cosas hermosas que hay sobre la tierra...
Sin embargo esto no te bastaba. Para mostrarme de cerca que me amabas con tanta ternura, bajaste del Cielo a esta tierra llena de lágrimas, llevaste una vida de pobreza, fatigas y sufrimientos y, en fin, despreciado e insultado, quisiste ser colgado entre los tormentos en un lúgubre patíbulo... ¡Oh Dios de amor, me redimiste de esta manera terrible, pero tan generosa!.
Todo esto no te bastaba todavía. Tu corazón no consintió que yo debiera únicamente nutrirme con los recuerdos de tu amor ilimitado. Permaneciste en esta tierra en el Santísimo Sacramento del Altar y en la comunión te unes estrechamente a mí bajo forma de alimento... compenetras mi alma, le das fuerza y la alimentas... ¿Quién se atrevería a suponer tales prodigios?.¿Qué podrías darme todavía, oh Dios, después de haberte ofrecido con toda tu persona a mí? Tu Corazón, ardiente de amor hacia mí, te sugirió otro don más... Tú nos has ordenado hacernos como niños si queremos entrar en el Reino de los Cielos (cfr. Mt 18,3). Tú sabes bien que un niño necesita una madre: Tú mismo has establecido esta ley de amor. Tu bondad y tu misericordia han creado para nosotros una Madre, personificación de tu bondad y misericordia infinitas y desde la Cruz nos la diste y nos entregaste a Ella como hijos. ¿Quién podrá permanecer lejos de ti si encuentra una Madre en su camino? ¿Quién no alcanzará con Ella el Paraíso?

Miremos dentro de nosotros mismos. ¿Acaso no es verdad que cada vez que nos hemos ofrecido con toda el alma a la Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra, ha entrado siempre la paz en nuestro corazón?... ¿no es verdad que cuanto hemos sido tentados y hemos recurrido a Ella con confianza nuestra voluntad ha recibido ayuda y no se ha sometido?... ¿no ha sido precisamente así? Quien no lo haya experimentado todavía, que pruebe, que lo vea, que se dé cuenta personalmente: ¡comprobará lo potente y lo buena que es la Madre de Dios y Madre nuestra! También nuestra, nuestra Madrecita»
San Maximiliano María Kolbe


miércoles, 24 de diciembre de 2014

NATUS EST PRO NOBIS


PADRE PÍO Y EL MISTERIO DE LA NATIVIDAD

La ternura de la Navidad
«Todas las fiestas de la Iglesia son hermosas… la Pascua, sí, es la glorificación… pero la Navidad posee una ternura, una dulzura infantil que me atrapa todo el corazón»
Lágrimas de gratitud
«¡Qué feliz me hace Jesús! ¡Qué suave es su espíritu! Pero yo me confundo y sólo consigo rezar y repetir: “Jesús, pan mío”»
Los vagidos de Jesús
«Sólo se oyen los vagidos y el llanto del niño Dios y con este llanto y estos vagidos ofrece a la justicia divina el primer rescate de nuestra reconciliación …»
El más pequeño de nosotros
«Que el Niño Jesús te colme de sus divinos carismas, te haga probar las alegrías de los pastores y de los ángeles y te revista todo con el fuego de esa caridad por la que se hizo el más pequeño de nosotros, y te convierta en un niño pequeño lleno de amabilidad, sencillez y amor»
Dulcísimo Jesús
«Que el dulcísimo Niño Jesús os traiga todas las gracias, todas las bendiciones, todas las sonrisas que plazca a su infinita bondad...»
Jesús llama... movidos por su gracia corren
«Jesús llama a los pobres y sencillos pastores por medio de los ángeles para manifestarse a ellos. Llama a los sabios por medio de su misma ciencia. Y todos, movidos por el influjo interior de su gracia, corren hacia él para adorarle. Nos llama a todos con las inspiraciones divinas y se comunica a nosotros con su gracia»
La justificación de los pecadores
«Nuestra justificación es un milagro extremadamente grande que la Sagrada Escritura compara con la resurrección del Maestro divino. Sí, querida amiga, la justificación de nuestra impiedad es tal que bien podemos decir que Dios mostró su potencia más en nuestra conversión que en sacar de la nada el cielo y la tierra, pues hay más contraposición entre el pecador y la gracia que entre la nada y el ser. La nada está menos lejos de Dios que el pecador. Además, en la creación se trata del orden natural; en la justificación del impío, en cambio, se trata del orden sobrenatural y divino»
Jesús es con mayor razón para los pecadores
«Jesús es de todos, pero lo es con mayor razón para los pecadores. Nos lo dice él mismo: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos”. “El Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido”. “Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión”»
... lo hace para que seas más humilde
«Nuestro Señor te ama tiernamente, hija mía. Y si no te hace sentir la dulzura de su amor, lo hace para que seas más humilde y te sientas despreciable. No dejes por ello de recurrir a su santa benignidad con toda confianza, especialmente en el tiempo en el que nos lo representamos como cuando era un niño pequeño en Belén. Porque, hija mía, ¿para qué toma esta dulce, amable condición de niño si no es para provocarnos a amarlo confidentemente y a entregarnos amorosamente a él?»
Pidamos que nos revista de humildad
«Pidamos al Niño divino que nos revista de humildad, porque sólo con esta virtud podemos gustar este misterio relleno de divinas ternuras»
 Santo Padre Pío de Pietrelcina

martes, 23 de diciembre de 2014

OS ANUNCIAMOS LA VENIDA DE CRISTO


Os anunciamos la venida de Cristo, y no sólo una, sino también una segunda que será sin duda mucho más gloriosa que la primera. La primera se realizó en el sufrimiento, la segunda traerá consigo la corona del reino. 

Porque en nuestro Señor Jesucristo casi todo presenta una doble dimensión. Doble fue su nacimiento: uno, de Dios, antes de todos los siglos; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Doble su venida: una en la oscuridad y calladamente, como lluvia sobre el césped; la segunda, en el esplendor de su gloria, que se realizará en el futuro.

En la primera venida fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre; en la segunda aparecerá vestido de luz. En la primera sufrió la cruz, pasando por encima de su ignominia; en la segunda vendrá lleno de poder y de gloria, rodeado de todos los ángeles.

Por lo tanto, no nos detengamos sólo en la primera venida, sino esperemos ansiosamente la segunda. Y así como en la primera dijimos: Bendito el que viene en nombre del Señor, en la segunda repetiremos lo mismo cuando, junto con los ángeles, salgamos a su encuentro y lo aclamemos adorándolo y diciendo de nuevo: Bendito el que viene en nombre del Señor.

Vendrá el Salvador no para ser nuevamente juzgado, sino para convocar a juicio a quienes lo juzgaron a él. El que la primera vez se calló mientras era juzgado dirá entonces a los malvados que durante la crucifixión lo insultaron: Esto hicisteis y callé.

En aquel tiempo vino para cumplir un designio de amor, enseñando y persuadiendo a los hombres con dulzura; pero al final de los tiempos -lo quieran o no- necesariamente tendrán que someterse a su reinado.

De estas dos venidas habla el profeta Malaquías: Pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis. Esto lo dice de su primera venida.

Y de la otra dice: El mensajero de la alianza que vosotros deseáis: he aquí que viene -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será como un fuego de fundidor, como lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata.

Pablo, en su carta a Tito, nos habla también de las dos venidas con estas palabras: Dios ha hecho aparecer a la vista de todos los hombres la gracia que nos trae la salud; y nos enseña a vivir con sensatez, justicia y religiosidad en esta vida, desechando la impiedad y las ambiciones del mundo, y aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Mira cómo nos muestra la primera venida, por la cual da gracias, y la segunda, que esperamos.

Por eso la fe que hemos recibido por tradición nos enseña a creer en aquel que subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre. Y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Vendrá, por tanto, nuestro Señor Jesucristo desde el cielo, vendrá glorioso en el último día. Y entonces será la consumación de este mundo, y este mundo, que fue creado al principio, será totalmente renovado.
San Cirilo

LOS OJOS DE SAN JOSÉ


"En aquel primer Adviento unos ojos amantes y silenciosos contemplaban a María...
Eran unos ojos que, atraídos por el misterio, se dejaban abrazar por él aún sin comprenderlo; unos ojos que, sin saber que la maravilla que contemplaban ocultaban una maravilla aún mayor, no dejaban de amar mirando; unos ojos que intuían algo sin saber qué era; unos ojos que esperaban pacientes la revelación de Dios porque siempre miraron confiadamente a su Creador. Eran los ojos de José.
Esos ojos fueron causa de angustia cuando mostraron algo inesperado e inaudito y lloraron sin comprender. Pero siguieron esperando contra toda esperanza hasta que sonara la hora de Dios.
Los ojos de José... El misterio de los ojos de un hombre santo que mereció de Dios el encargo de cuidar de la Madre y del Hijo. Los mismos ojos que contemplaron atraídos, primero sin saber; los mismos que fueron golpeados por la sorpresa inesperada; los mismos que lloraron mientras veían la oscuridad del silencio de Dios fueron los que un día contemplaron junto a los de María el mayor de los misterios: Dios hecho Carne, hecho Niño.

Unos ojos contemplativos, sufrientes y dichosos, siempre fieles, que fueron premiados con la contemplación de Jesús, el Señor."
Anónimo

sábado, 20 de diciembre de 2014

SÁBADO MARIANO


Oh, Amantísima Pastora
que a las almas apacientas,
mira que estamos sedientas
las ovejas de tu amor.

Por ser Tú, Madre querida,
la Madre del Redentor,
de Tí, Pastora Divina,
esperamos el perdón.

Virgen. Madre de Dios Hombre,
flor de los cielos galana,
dulce hechizo de Triana ,
bríndanos Tu protección.

Danos la Divina Gracia
que del alma es la bebida,
dánosla, Madre querida,
que en Tí la ha puesto el Señor .


Eres bellísima Virgen,
emperatriz de los cielos
a quien con todo anhelo
te pedimos con fervor.

Con tu protección, María,
de entusiasmo el alma llena
romperá la vil cadena
del infernal opresor.

Eres la flor más hermosa
del pensil del alto cielo
dicha, bálsamo y consuelo
para el pobre pecador.

Con Tu virginal perfume
a los campos Tú perfumas
y Eres Tú la flor más pura
que en valle se creó.

Dulce Pastora hechicera
puro edén de santo amor,
admirable medianera
entre el hombre y el Señor.