REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

martes, 23 de diciembre de 2014

LOS OJOS DE SAN JOSÉ


"En aquel primer Adviento unos ojos amantes y silenciosos contemplaban a María...
Eran unos ojos que, atraídos por el misterio, se dejaban abrazar por él aún sin comprenderlo; unos ojos que, sin saber que la maravilla que contemplaban ocultaban una maravilla aún mayor, no dejaban de amar mirando; unos ojos que intuían algo sin saber qué era; unos ojos que esperaban pacientes la revelación de Dios porque siempre miraron confiadamente a su Creador. Eran los ojos de José.
Esos ojos fueron causa de angustia cuando mostraron algo inesperado e inaudito y lloraron sin comprender. Pero siguieron esperando contra toda esperanza hasta que sonara la hora de Dios.
Los ojos de José... El misterio de los ojos de un hombre santo que mereció de Dios el encargo de cuidar de la Madre y del Hijo. Los mismos ojos que contemplaron atraídos, primero sin saber; los mismos que fueron golpeados por la sorpresa inesperada; los mismos que lloraron mientras veían la oscuridad del silencio de Dios fueron los que un día contemplaron junto a los de María el mayor de los misterios: Dios hecho Carne, hecho Niño.

Unos ojos contemplativos, sufrientes y dichosos, siempre fieles, que fueron premiados con la contemplación de Jesús, el Señor."
Anónimo

sábado, 20 de diciembre de 2014

SÁBADO MARIANO


Oh, Amantísima Pastora
que a las almas apacientas,
mira que estamos sedientas
las ovejas de tu amor.

Por ser Tú, Madre querida,
la Madre del Redentor,
de Tí, Pastora Divina,
esperamos el perdón.

Virgen. Madre de Dios Hombre,
flor de los cielos galana,
dulce hechizo de Triana ,
bríndanos Tu protección.

Danos la Divina Gracia
que del alma es la bebida,
dánosla, Madre querida,
que en Tí la ha puesto el Señor .


Eres bellísima Virgen,
emperatriz de los cielos
a quien con todo anhelo
te pedimos con fervor.

Con tu protección, María,
de entusiasmo el alma llena
romperá la vil cadena
del infernal opresor.

Eres la flor más hermosa
del pensil del alto cielo
dicha, bálsamo y consuelo
para el pobre pecador.

Con Tu virginal perfume
a los campos Tú perfumas
y Eres Tú la flor más pura
que en valle se creó.

Dulce Pastora hechicera
puro edén de santo amor,
admirable medianera
entre el hombre y el Señor.

viernes, 19 de diciembre de 2014

sábado, 13 de diciembre de 2014

SÁBADO MARIANO

Acuérdate, oh misericordiosísima Virgen de Guadalupe, que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro ha sido abandonado por ti. Animado con esta confianza a ti acudo, Oh Virgen Madre! y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. No deseches, Oh Madre de Dios, mis humildes súplicas, antes bien inclina a ellas tus oídos y dígnate atenderlas favorablemente. Amén.
Rezar el Santo Rosario

viernes, 12 de diciembre de 2014

LA MADRE QUE SIEMPRE ESTÁ

En un ya lejano 12 de diciembre de 1987 recibimos por gracia de Dios y de la Santa Madre Iglesia el Sagrado Orden del Diaconado.
Por la sagrada imposición de manos del Obispo los nuevos Diáconos quedamos más estrechamente configurados con Cristo, Enviado y Siervo del Padre, que vino no a ser servido sino a servir al decreto amoroso de salvar y redimir al género humano.
Nuestra pobreza fue asumida por la Omnipotencia de Dios rico en misericordia.
Sobre nuestra pequeñez descendió con su fuerza el Espíritu de Amor, Aquél que es Señor y dador de vida, Don en sus dones espléndido.
Por mucho que nos esforcemos nunca podremos alcanzar a conocer en plenitud, al menos en esta vida, el don de Dios recibido.
Al igual que la mujer samaritana percibimos que el Maestro nos regala un "agua" cuya pureza y frescura es distinta a todas las otras aguas. No admite comparación.
Se trata de un "agua viva", que "salta hasta la vida eterna". Un "agua" que quien la bebe "jamás tendrá sed".
Sin embargo, a pesar de experimentar todas estas cosas en nuestra pobre medida y capacidad, no llegamos a conocer bien el don de Dios.
Somos tan pobres que a pesar de gustar el "agua viva" nos empeñamos en saciar nuestra sed con otras aguas que lejos de calmarnos nos dejan todavía más sedientos.
El Padre de las misericordias pone en nuestras pobres manos un tesoro, pero tanto Él como nosotros sabemos que nuestras manos no son más que una humilde vasija de barro, frágil y quebradiza.
Es por ello que el Apóstol nos invita a que permanentemente renovemos la "gracia recibida por la imposición de manos".
La gracia sólo se renueva volviéndonos permanentemente a Aquél que ya desde el seno materno nos eligió con amor de gratuidad y predilección, siempre conscientes de que "Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos".
La cercanía del Misterio de la Encarnación y de la Natividad del Señor renueva nuestra esperanza, pues el Señor no hace ascos a la pobre naturaleza humana. Él Verbo de Dios la asume haciéndose carne y la redime haciéndose obediente al Padre hasta la muerte y "una muerte de cruz". Es por amor que lo hace; "por nosotros y por nuestra salvación".
A través de la gracia de la Sagrada Ordenación el Señor nos adentra más profundamente en el misterio de su humillación, de su abajamiento, de su hacerse Siervo para así reinar y ser glorificado. Se trata de la sabiduría de Dios, distinta e incluso opuesta a la sabiduría del mundo. No es otra cosa que el escándalo de la cruz de Cristo, locura para unos y necedad para otros, sin embargo fuerza y sabiduría de Dios.
Desde esta perspectiva la Sagrada Ordenación no es una elevación del ordenado sino un don para el mundo entero. No se trata de una elevación sino más bien al contrario, un dejarse conducir por Cristo, con Él y en Él, para adentrarse en la senda de la humillación y del abajamiento, siendo por Él transformados en "Cooperadores de Cristo" para la salvación de los hombres.
Adentrarse vitalmente en este misterio lleva consigo la aceptación de participar en la "suerte" de Cristo, pues "no es mayor el discípulo que su Señor". 
La humillación y el abajamiento del ordenado supone por parte de este la aceptación consciente del peligro real de sufrir una mayor embestida, a veces de forma realmente brutal, del misterio de iniquidad que opera constantemente en el mundo y que se manifiesta a través de los tres enemigos del alma:el demonio, el espíritu del mundo y la flaqueza de la propia carne.
La humillación y el abajamiento -kénosis- son la senda y la señal distintiva del Siervo, esto es del Cristo -Elegido, Ungido y Enviado-. Senda y señal, por lo tanto, del ordenado.
Y es precisamente en esta pobreza y en esta humillación donde Dios fragua su victoria, vence sus batallas y derriba a sus enemigos.
El Siervo sabe bien de quien se ha fiado. No confía en sus fuerzas sino en su Señor. No le corresponde a él trazar los planes de la batalla sino a su Señor. No lucha por su victoria sino por la victoria de su Señor.
El Siervo no es un fin en sí mismo sino un medio, un instrumento en las manos de su Señor, un puente para que los demás pisen sobre él y crucen hasta la otra orilla.
El Siervo no es un esclavo sino un hijo muy amado.
Asomarse a este tremendo misterio y dejarse "envolver" por él sería la mayor de las locuras y la más grande temeridad e imprudencia sin aquella firme convicción que sólo puede ser fruto de la fe y que el Apóstol Pablo refleja en sus palabras: "Todo lo puedo en Aquél que me conforta".
El ordenado tiene un único sustento sobre el que apoyar su propia fragilidad, una sola fuente en la que calmar su sed, un único alimento para fortalecerse, un único solaz para acopiar fuerzas: el amor de Dios.
A pesar de todos los pesares, "¿quién nos separará del amor de Cristo?, de ese Cristo que nos ha elegido, que nos ha abrazado sumergiéndonos consigo en su humillación y abajamiento. ¿Quién nos separará del amor de ese Cristo que sigue encarnándose en nuestra pobre naturaleza humana, que se encarna en nosotros y a través de nosotros para llevar a plenitud su obra redentora?
Nada ni nadie nos puede separar de Él ni de su Amor.
Nada ni nadie podrá hacerlo mientras permanezcamos al amparo de Aquella que nos ha sido dada por Madre, Refugio y Auxiliadora.
No hay Cristo sin María.
No habría Siervo sin que hubiera habido antes el Sí de la Sierva.
Así lo dispuso Dios.
En este aniversario de ordenación, profundamente unido a todos los ordenados de todos los tiempos y a todos los que participamos de un mismo bautismo y de una misma fe católica, rindo homenaje filial a la Mujer vestida de Sol, a la Madre que Cristo nos dio y que es para todos modelo de humildad y de entrega a Dios. A la Madre que siempre está a nuestro lado y que permanece fiel y firme a los pies de nuestra cruz.
Amor eterno a María, Madre y Cooperadora singular de Cristo Redentor y Estrella de la evangelización.
Bajo su amparo maternal se disipa todo temor, se dulcifica todo sufrimiento y se fortalece la esperanza, pues Ella es refugio y camino seguro que nos conduce hasta Dios y hasta la inmensidad de su amor.
P. Manuel María de Jesús

jueves, 11 de diciembre de 2014

APRENDIENDO A OFRECERSE

ENSEÑANZAS TERESIANAS
"Después de esto quédeme yo en la oración que traigo de estar el alma con la Santísima Trinidad, y parecíame que la persona del Padre me llegaba a Sí y decía palabras muy agradables. Entre ellas me dijo, mostrándome lo que me quería: "Yo te di a mi Hijo y al Espíritu Santo y a esta Virgen ¿Qué me puedes dar tú a mí?
Que ¿qué te puedo dar yo a Ti, mi Dios? Pues puedo darte tanto cuanto tú me das. Porque eso que me diste una vez, Padre, es decir: el Hijo, el Espíritu Santo y "esta Virgen", son míos, y ahora como cosa mía yo te los presento, te los devuelvo y te los regalo. Y quedamos en paz, no te debo nada, porque todo eso que es mío, te lo doy. Pero aún te doy algo más; me doy yo misma a Ti, Señor. Tuya es mi alma, tuya es mi vida y tuyo mi corazón. Y tuyos estos mis ojos "que sólo para Ti quiero tenellos"".
(CC 22,3)

EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

Dibujante: Marisol Carmena
LA SANTÍSIMA VIRGEN Y EL PECADO
 CONTRA EL ESPÍRITU SANTO
Aquí tenemos unos de los temas principales del Mensaje de Fátima: Puesto que Dios ha decidido manifestar más y más Su gran designio de amor, que consiste en conceder todas las gracias a los hombres a través de la mediación de la Virgen Inmaculada, parece que el rechazo de los hombres a someterse con docilidad a la voluntad de Dios es la falta que más gravemente hiere Su Corazón; por la cual Él ya no encuentra en sí mismo ninguna inclinación para perdonar. Este pecado parece imperdonable, porque para Nuestro Salvador no hay un crimen más imperdonable que el de despreciar a Su Santísima Madre y el de “ultrajar Su Corazón Inmaculado, que es el Santuario del Espíritu Santo. Esto es cometer ‘la blasfemia contra el Espíritu Santo, que no será perdonada en este mundo ni en el próximo’.”

En 1929, en la aparición de Tuy, que es el cumplimiento final de Fátima, Nuestra Señora concluye la manifestación extraordinaria de la Santísima Trinidad con estas palabras sorprendentes: “Son tantas las almas que la justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mí que vengo a pedir Reparación. Sacrifícate por esta intención y ora”.