REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)
- Página principal
- MADRE MARÍA ELVIRA DE LA SANTA CRUZ
- EL REINO DE MARÍA
- SANTO ROSARIO EN EL ESPÍRITU DE LA FRATERNIDAD
- LA GRAN PROMESA DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
- DOGMAS MARIANOS
- EJERCICIO DE LAS FLORES
- ÚNETE AL REGNUM MARIAE
- CARITAS CHRISTI
- LA VOCACIÓN RELIGIOSA
- DOGMAS CATÓLICOS
- SOBRE LA CONCIENCIA Y LA MORAL
- CATEQUESIS SOBRE LA SANTA MISA
- MASTERPLAN PARA DESTRUIR LA IGLESIA
- POSICIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA FRENTE A LA MASONERÍA
- SOBRE EL APOSTOLADO DE LOS LAICOS
- DEVOCIÓN A LA PASIÓN
- FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA
sábado, 15 de noviembre de 2014
AVEMARÍA DE LOS NIÑOS
viernes, 14 de noviembre de 2014
LOS HIJOS PREDILECTOS DE NUESTRA SEÑORA
¡Qué difícil resulta escudriñar en el corazón de una madre!
¡Cuánto más difícil es todavía asomarse al corazón de Aquella que es Madre de Dios y Madre de todos los hombres, la Bienaventurada siempre Virgen María!
Para una madre cada uno de sus hijos es único e irrepetible.
El vacío por la pérdida de un hijo jamás puede ser reparado ni colmado por ninguno en particular ni por el conjunto de todos los demás.
Cada hijo tiene un lugar irreemplazable en el corazón materno.
Sólo la buena madre sabe y conoce la "medida" y la "forma" exactas en que cada uno de sus hijos ha de recibir el amor de su corazón para sentirse saciado y satisfecho del amor maternal.
Es la buena madre la experta y especialista que conoce como nadie la medida exacta del alimento material, afectivo y espiritual que necesita cada uno de sus hijos.
Ella los alimenta a todos, pero a cada uno le ofrece la cantidad de alimento necesario según su constitución y necesidad.
La buena madre ama a todos y a cada uno de sus hijos, pero por eso mismo sabe perfectamente medir la capacidad de cada uno de ellos y así se esfuerza en que a cada uno no le sobre ni le falte su medida.
Si a uno le da más es porque ese necesita más. Si al otro le procura menos es porque ese otro con ese "menos" tiene su medida colmada.
¿Podemos hablar, entonces, de hijos predilectos de nuestra Madre celestial?
Sí podemos hacerlo en el sentido del grado de atención y preocupación que unos necesitan respecto de los otros.
El hijo pequeño requiere un grado de atención distinto al del hijo mayor. El enfermo y débil reclama un grado de atención distinto del que está sano y fuerte.
Es así que podemos hablar de hijos predilectos de Nuestra Señora: los niños, los enfermos, los ancianos, los pobres y desvalidos.
No es cuestión de que sean más amados sino de que necesitan una especial atención y un particular amparo de la Madre.
Desde sus orígenes la Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina ha sido consciente de la importancia y del lugar, únicos e irreemplazables, que a los más pequeños les corresponde en el corazón de Dios y en el corazón de la Madre celestial. Importancia y lugar que, por lo tanto, les corresponde por derecho divino en el corazón de la Iglesia y en su responsabilidad pastoral.
A esta labor maravillosa, al tiempo que sacrificada y ciertamente nada fácil, vivió especialmente consagrada y dedicada con todas las fibras de su corazón la Madre María Elvira de la Santa Cruz. De ello son fieles testigos los centenares de niños que pudieron experimentar sus desvelos maternales para sembrar en sus mentes y en sus tiernos corazones la semilla del amor de Cristo, de María y de la Santa Iglesia Católica.
La Madre María Elvira, al igual que el Santo Padre Pío, tuvo siempre la firme convicción de que en esta hora especialísima y particular ¡"los niños salvarán el mundo"!
Sí, ellos, los niños son los aliados de Jesús y de María. De sus oraciones, de sus sacrificios y de su tierna unión con Jesús y María depende la suerte eterna del mundo entero.
No serán el Papa, ni los cardenales, ni los obispos, sacerdotes o religiosos. No serán los teólogos, ni los consejos parroquiales, ni las estructuras de la Iglesia universal o de las parroquias. Mucho menos aún serán los políticos, ni las estructuras sociales internacionales.
¡Los niños salvarán el mundo!
¡Sólo ellos, unidos a Jesús y a María, pueden hacer descender la salvación de Dios sobre la Iglesia y sobre el mundo entero!
Una vez más Dios Nuestro Señor se servirá de lo que no cuenta para humillar lo que sí cuenta para el mundo.
La Virgen Santísima y los niños son los instrumentos privilegiados y "sine qua non" de los que Dios se servirá en esta hora para humillar y derrotar al infierno, para purificar el mundo y la Iglesia militante y para salvar las almas.
El carisma mejor y más grande está depositado por el Santo Espíritu en el corazón de los pequeños. Ellos son los instrumentos más grandes y valiosos en las manos de Dios y los más eficaces en la economía de la salvación.
El espectáculo eclesial actual resulta a menudo patético y deprimente. Una lucha infernal y diabólica de ciegos que pretenden guiar a otros ciegos para todos juntos ir a caer en el hoyo.
Resplandecen como nunca el imperio de la soberbia, la ebriedad del poder, el cainismo homicida, las luchas intestinas en el seno de la Iglesia militante, la suplantación de la fe católica por las ideologías pseudo religiosas.
No cabe la menor duda de que han llegado los tiempos profetizados por el Apóstol de las gentes, tiempos malditos en los que el fuego del amor y de la caridad se han enfriado hasta el punto de casi extinguirse.
La sal se ha vuelto sosa, la luz se apaga con el avance de las tinieblas y los seguidores de Cristo nos hacemos merecedores cada día más de ser arrojados a las calles para que nos pisoteen las gentes.
¡Los niños salvarán el mundo y la Iglesia militante!
¡Los niños son los únicos confidentes válidos de la Madre de Dios!
Ya tan sólo ellos parecen ser los únicos dignos de recibir las propuestas celestiales como otrora en las humildes tierras de Fátima:
“¿Qué
estáis haciendo? Rezad, rezad mucho... Ofreced constantemente al Altísimo
oraciones y sacrificios... Sobre todo aceptad y soportad con obediencia los
sufrimientos que el Señor os mande".
“¿Queréis
ofreceros a Dios y estáis dispuestos a aceptar lo que El quiera enviaros, por
la paz del mundo y por la conversión de los pobres pecadores?”
Es del corazón y de los labios de los niños que el Señor suscitará una alabanza armoniosa para gloria de su Santo Nombre.
Es a esos corazones humildes y sencillos a los que hemos de dedicar en esta hora lo mejor de nuestros esfuerzos, de nuestra atención y de nuestro apostolado.
¡Vayamos a ellos en el Santísimo Nombre de Jesús y en el Dulce Nombre de María!
P. Manuel María de Jesús
.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)

.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)
.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)
.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)
.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)
.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)
.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)
.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)
.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)
.jpg&container=blogger&gadget=a&rewriteMime=image%2F*)















Fuente:jesussalvame.blogspot.com
jueves, 13 de noviembre de 2014
CRISTO AMA A LOS NIÑOS
sábado, 8 de noviembre de 2014
¡URGE ESCUCHAR A NUESTRA MADRE CELESTIAL!
NUESTRA SEÑORA DE AKITA
13 de Octubre de 1973 :
«Mi querida hija, escucha bien lo que voy a decirte; informarás de ello a tu superior:
"Si los hombres no se arrepienten y no se mejoran, el Padre mandará un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo más grave que el diluvio, como jamás ha habido otro; caerá fuego del cielo y aniquilará una gran parte de la humanidad, tanto malos como buenos; no perdonando a fieles ni a sacerdotes. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos."
"Si los hombres no se arrepienten y no se mejoran, el Padre mandará un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo más grave que el diluvio, como jamás ha habido otro; caerá fuego del cielo y aniquilará una gran parte de la humanidad, tanto malos como buenos; no perdonando a fieles ni a sacerdotes. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos."
"Las únicas armas que nos quedarán entonces serán el Rosario y el Signo dejado por mi hijo. ... Con el rosario rogad por el Papa, los Obispos y los sacerdotes. La acción del diablo se infiltrará hasta la Iglesia, de tal forma que se verán cardenales oponiéndose a otros cardenales, obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneren serán despreciados y combatidos por otros sacerdotes. Las iglesias y los altares serán saqueados."
"La Iglesia se llenará de quienes aceptan componendas, y el demonio empujará a muchos sacerdotes y almas consagradas a abandonar el servicio del Señor. El demonio atacará encarnizadamente sobre todo a las almas consagradas a Dios. El pensamiento de la perdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y en gravedad, ya no habrá perdón para ellos. Recen mucho las oraciones del Rosario. ... Aquéllos que ponen su confianza en mí serán salvos".»
A partir del 4 de enero de 1975 comienza la lacrimación de la estatua (ver imagen de arriba); hasta el 15 de septiembre de 1981. (101 veces) Monseñor Ito fue testigo ocular de las lágrimas derramadas. El día que comenzó la lacrimación, el ángel se apareció a sor Agnes Sasagawa y le dijo:
«No te sorprendas de ver a la Santísima Virgen María llorar. Una sola alma que se convierta es preciosa a su Corazón. Ella manifiesta su dolor para avivar vuestra fe, siempre tan inclinada a debilitarse. Ahora que habéis visto sus preciosas lágrimas, y para consolarla, habla (de esto) con valor, extiende esta devoción, para su gloria y la de su Hijo.»
El 22 de Abril de 1984, Monseñor John Shojiro Ito, Obispo de Niigata, declaró que, las apariciones de Akita son de origen sobrenatural, y autorizó en toda la Diócesis la veneración. En Junio de 1988, el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dio un juicio definitivo en favor de las apariciones de Akita, considerando auténticos y dignos de crédito los mensajes. También dijo: "El mensaje de Akita es el mensaje de Fátima".
miércoles, 5 de noviembre de 2014
MEDITAR LOS NOVÍSIMOS
Verdad trascendental
Los cuatro novísimos son los elementos últimos y decisivos que salen al encuentro del hombre al final de la vida: muerte, juicio, infierno o paraíso, sin olvidar al purgatorio.
La muerte no se puede evitar.
En las realidades humanas es cierta la muerte, pero incierta la hora en que llega. La muerte no entiende de inteligencia, ni de fuerza, no respeta el rango ni la estirpe, no distingue la juventud, ni tiene en cuenta la edad: para los ancianos está a la puerta, para los jóvenes al acecho. Escribe San Gregorio: Oh vida presente, cuanto has engañado. Mientras pasas eres nada; mientras existes eres sombre; mientras eres exhaltada eres humo. Para los necios eres dulce, para los sabios amarga. Los que te aman no te conocen. Los que huyen de ti, te comprenden perfectamente. Nadie acoge la muerte con serenidad y delicia, sino quienes en la vida están preparados para la muerte con buenas obras.
Equidad del Juicio final.
Piensa con responsabilidad lo que será de ti en el último día, cuando la conciencia te atribuya malos pensamientos, cuando los elementos te acusen de tus acciones. Por una parte, serán los pecados los acusadores, por otra, la justicia bajo el horrendo caos del infierno, cuando llegue el Juicio justo. "Y si el justo se salva con fatigas, ¿dónde acabarán el impío y el pecador?" (1 Pe 4,18). ¿Qué será entonces de los razonamientos fátuos y ociosos, de las palabras ligeras, frívolas, de las obras vanas e infructuosas?. No borres nunca de tu mente la sentencia: "Apartáos de mí, malditos, al fuego eterno" (Mt 25, 41).
Terrible sentencia.
Ante el espectáculo de la gloria y de la felicidad que disfrutarán los elegidos, los condenados sentirán crecer su pena y su confusión. En su cuerpo aparecerán las señales de los pecados cometidos y los castigos que hayan merecido. Sonarán entonces aquellas palabras terribles: "Id, malditos, al fuego eterno", el alma y el cuerpo irán a morar con los demonios sin remedio ni esperanza: en aquel lugar cada cual llevará sus iniquidades. El avaro arderá con sus pasiones por los tesoros de la tierra, el cruel con su crueldad, el inmundo con su inmundicia y miserable concupiscencia, el injusto con sus injusticias, el envidioso con la envidia, quién odia al prójimo con su odio. Los que hayan amado con amor desordenado - que provoca todos los males, porque junto con el orgullo, que es el principio de todos los vicios serán devorados por un fuego intolerable. (Decálogo, cap. XLII).
Penas del Infierno.
Los malvados serán separados de la comunidad de los justos y consignados al poder de los demonios. "Y estos irán al suplicio eterno" (Mt 25, 46); y allí estarán para siempre entre llantos y lamentos, lejos de las alegrías del Paraíso: no recibirán alivio alguno. Los condenados vivirán siempre sin esperanza de perdón ni de misericordia. Es tremendo el infierno pero lo es aun más el rostro airado del Juez: lo que sobrepasa todo terror y la lejanía eterna de la visión bienaventurada Trinidad. Ser privados de los bienes eternos y excluidos de los preparativos de Dios para los que le aman, causa tanta aflicción que, aunque no existiese ningún otro tormento exterior, esta pena bastaría por sí sola.
El Purgatorio
La tercera realidad escatológica es el Purgatorio. Su existencia está confirmada en la Bíblia, en (2 Mac 12,43) y (1 Cor.12-15). Es una dimensión temporal de las almas que durará sólo hasta el Juicio Universal, antes de la resurrección de la carne. En el Purgatorio, las almas de los justos saldan sus deudas contraídas con la Justicia divina, experimentando penas purificadoras muy dolorosas. Está bien subrayar que la purificación del Purgatorio no se refiere a la culpabilidad, sino a la pena. Si el perdón divino concedido al alma arrepentida borra la culpa, no hace desaparecer la pena, y por medio de la expiación el hombre repara el desorden causado por sus pecados. Aquí el alma se somete a la pena bajo la forma de una purificación obligatoria.
El Concilio ecuménico de Florencia (1438-1445) define como verdad de fe no sólo la existencia del Purgatorio, sino también la posibilidad de que las almas purgantes puedan ser liberadas prematuramente, gracias a los sufragios de los fieles vivientes. También esta posibilidad tiene un fundamento bíblico: el sacrificio expiatorio que Judas Macabeo ofreció por la absolución de los muertos que habían pecado de idolatría (2 Mac 12,46) y la comunión mística con Cristo, sea en el bien o en el mal, de todos los hombres. El mismo San Juan Crisóstomo reitera y confirma la piadosa práctica. (Homilía sobre la primera carta a los Corintios 41,5).
El Concilio ecuménico de Florencia (1438-1445) define como verdad de fe no sólo la existencia del Purgatorio, sino también la posibilidad de que las almas purgantes puedan ser liberadas prematuramente, gracias a los sufragios de los fieles vivientes. También esta posibilidad tiene un fundamento bíblico: el sacrificio expiatorio que Judas Macabeo ofreció por la absolución de los muertos que habían pecado de idolatría (2 Mac 12,46) y la comunión mística con Cristo, sea en el bien o en el mal, de todos los hombres. El mismo San Juan Crisóstomo reitera y confirma la piadosa práctica. (Homilía sobre la primera carta a los Corintios 41,5).
Paraíso
El Paraíso es el amor eterno donde la sed de felicidad encuentra su perfecta saciedad. La alegría del Paraíso puede ser ya parcialmente experimentada en esta tierra cuando se está en intimidad con Jesús y en gracia de Dios, en las acciones y en las intenciones (1 Jn 15,11). La doctrina católica y la Bíblica enseñan que en el Paraíso existe una distinción de gloria, según el grado de santidad que cada cual ha alcanzado en la propia vida. Otro es el esplendor de San Francisco o de un mártir que ha derramado su sangre por amor a Dios, otro el de quien ha sido salvado por misericordioso.
La alegría Celestial
Corre, alma mía, no con pasos físicos, sino con el afecto y el deseo, porque te esperan, no sólo los ángeles y los santos, sino también el Señor y el Maestro de los ángeles y de los santos. Dios Padre te espera para constituirte heredero de todos los bienes y para hacerte partícipe de sus bondades y delicias. Cuánto será el gozo del triunfo, todo cuanto has sufrido en la tierra se convertirá en júbilo eterno. Entonces con tus labios exultantes alabarás al Señor tu Dios por todas estas cosas diciendo: Tus misericordias, Señor, quiero cantar eternamente. Nada será más gozoso que este canto, que se elevará en alabanza a la gloria de Cristo, cuya sangre nos ha redimido. ¿Qué lengua puede decir, o qué mente puede comprender cuán sea el gozo de la ciudad sobrenatural, la alegría de participar con los coros angélicos, de formar parte de los santísimos espíritus celestiales, de la gloria del Creador y de no alejarse nunca de la compañía sumamente feliz de los bienaventurados; exultar siempre con ellos y de su alegría?. Allá el amor de los justos será gozoso y perfecto.
Solamente balbuceando es posible hacer eco de las realidades sublimes de Dios, y el corazón que se fija sólo una vez en las cosas celestiales comprende de inmediato que es nada lo que antes parecía sublime. Cuando llegues a aquel lugar entonces comenzarás, con el corazón rebosante de alegría, a decir con San Pedro: "Señor, qué bien se está aquí" (Mt 17, 4). Aquí están el padre, la madre, la hermana, el hermano: el ojo verá una belleza incomparable, el gusto experimentará un dulcísimo sabor. El olfato percibirá un perfume suave, el tacto abrazará la más deliciosa de las realidades, el oído se recreará en una armonía extraordinaria.
Quien podría narrar cuanta alegría, la admirable gloria, inefable alabanza que se experimentará, por haber dominado virilmente el propio cuerpo con el escudo de la castidad y de la continencia, por haber vencido al mundo, huyendo de las tentaciones.
Solamente balbuceando es posible hacer eco de las realidades sublimes de Dios, y el corazón que se fija sólo una vez en las cosas celestiales comprende de inmediato que es nada lo que antes parecía sublime. Cuando llegues a aquel lugar entonces comenzarás, con el corazón rebosante de alegría, a decir con San Pedro: "Señor, qué bien se está aquí" (Mt 17, 4). Aquí están el padre, la madre, la hermana, el hermano: el ojo verá una belleza incomparable, el gusto experimentará un dulcísimo sabor. El olfato percibirá un perfume suave, el tacto abrazará la más deliciosa de las realidades, el oído se recreará en una armonía extraordinaria.
Quien podría narrar cuanta alegría, la admirable gloria, inefable alabanza que se experimentará, por haber dominado virilmente el propio cuerpo con el escudo de la castidad y de la continencia, por haber vencido al mundo, huyendo de las tentaciones.
El alma inmersa en la alegría celestial
Dio Dios Padre esta instrucción sobre el cielo a Santa María Magdalena de Pazzi: "Ve, hija mía, la diferencia que existe entre un hombre que bebe un vaso de agua y otro que se baña en el mar. Se dice del primero que el agua entra en él, porque ella entra en la boca y pasa por el estómago para refrescarlo, pero del segundo se dice que entra en el mar, porque la cantidad de agua que lo compone es tan grande que ejércitos enteros pueden entrar y perderse, sin que quede de ellos la más mínima huella. Así es para el alma. Las consolaciones que ella recibe en este mundo no hacen sino entrar en ella, como agua en un vaso muy pequeño. de modo que ella no puede recibirlo sino en una medida muy limitada. Él que dijo a una de tales almas: rebosa de dulzuras, deplorando la pequeñez de su vaso que no podría contener cuanta habría querido. Basta, Señor, basta. En el cielo se entra en la alegría del Señor, buceando en un océano sin fondo de dulzuras y de consuelos inefables, es decir, en Dios mismo, que será todo en todos. Dentro de vosotros, fuera de vosotros, sobre vosotros y alrededor de vosotros, ante vosotros y detrás de vosotros: todo será gozo, alegría, dulzura y consuelos, porque en todos lados encontraréis a Dios. "Erit Deus omnia in omnibus".(P. I, c. XYII).
Fuente: digilander.libero.it
domingo, 2 de noviembre de 2014
IN MEMORIAM
ORACIONES POR LOS DIFUNTOS
RESPONSO
V. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.
R. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.
V. Señor, Dios mío, dirige mis pasos en tu presencia.R. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.
R. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.
V. Concédele (s), Señor, el descanso eterno, Y que le (s) alumbre la luz etema.
R. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.
Señor, ten piedad, Cristo, ten piedad, Señor, ten piedad.
Padre nuestro...
V. Libra, Señor, su alma (sus almas) .
R. De las penas del infierno.
V. Descanse (descansen) en paz.
R. Amén.
V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a ti mi clamor.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Oración: Te rogamos, Señor, que absuelvas el alma de tu siervo N. (de tu sierva N.) de todo vínculo de pecado, para que viva en la gloria de la resurrección, entre tus santos y elegidos. Por Cristo nuestro Señor.
R. Amén.
V. Concédele (concédeles) Señor, el descanso eterno.
R. Y brille para él (ella, ellos) la luz eterna.
V. Descanse (descansen) en paz.
R. Amén.
V. Su alma (sus almas) y las de todos los fieles difuntos descansen en paz, por la misericordia del Señor.
R. Amén.
OTRAS ORACIONES
Por los padres
Oremos: Oh, Dios que nos mandaste honrar al padre y a la madre, apiádate clemente de las almas de nuestros padres, y perdónales sus pecados; y haz que los veamos en el gozo de la eterna caridad. Por nuestro Señor Jesucristo.
R. Amén.
Por todos los fieles difuntos:
Oremos: Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, concede a las almas de tus siervos y siervas el perdón de todos los pecados, para que consigan por nuestras piadosas suplicas la indulgencia que siempre desearon. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
V. Ne recordéris peccáta mea, Dómine.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
V. Dírige, Dómine, Deus meus, in conspéctu tuo viam meam.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
V. Réquiem ætérnam dona ei (eis), Dómine, et lux perpétua lúceat ei (eis)
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
Kyrie, eléison, Christe, eléison. Kyrie, eléison.
Pater noster...
V. A porta ínferi.
R. Erue, Dómine, ánimam eius (ánimas eórum).
V. Requiescat (requiescant) in pace.
R. Amen.
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clámor meus ad te véniat.
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu túo.
Orémus: Absólve, quæsumus, Dómine, ánimam fámuli tui N. (fámulæ tuæ N.) ab omni vínculo delictórum: ut, in resurrectiónis glória, ínter Sanctos et eléctos tuos resuscitata respíret. Per Chrístum Dóminum nostrum.
R. Amen.
V. Réquiem ætémam dona ei (eis), Dómine.
R. Et lux perpétua lúceat ei (eis).
V. Requiescat (requiescant) in pace.
R. Amen.
V. Anima eius (ánimæ eórum) et ánimæ ómnium fidélium defunctórum per misericórdiam Dei requiéscant in pace.
R. Amen.
ALIÆ ORATIONES
Pro paréntibus
Orémus: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre prcecepísti: miserere clementer animábus paréntum nostrórum, eorúmque peccáta dimítte; nosque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére. Per Chrístum Dóminum nóstrum.
R. Amen.
Pro omnibus fidélibus defunctis
Oremus: Fidélium, Deus, ómnium cónditor et redémptor, animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum: ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, píis supplicatiónibus consequántur. Per Chrístum Dóminum nóstrum.
R. Amen.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
V. Dírige, Dómine, Deus meus, in conspéctu tuo viam meam.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
V. Réquiem ætérnam dona ei (eis), Dómine, et lux perpétua lúceat ei (eis)
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.
Kyrie, eléison, Christe, eléison. Kyrie, eléison.
Pater noster...
V. A porta ínferi.
R. Erue, Dómine, ánimam eius (ánimas eórum).
V. Requiescat (requiescant) in pace.
R. Amen.
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clámor meus ad te véniat.
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu túo.
Orémus: Absólve, quæsumus, Dómine, ánimam fámuli tui N. (fámulæ tuæ N.) ab omni vínculo delictórum: ut, in resurrectiónis glória, ínter Sanctos et eléctos tuos resuscitata respíret. Per Chrístum Dóminum nostrum.
R. Amen.
V. Réquiem ætémam dona ei (eis), Dómine.
R. Et lux perpétua lúceat ei (eis).
V. Requiescat (requiescant) in pace.
R. Amen.
V. Anima eius (ánimæ eórum) et ánimæ ómnium fidélium defunctórum per misericórdiam Dei requiéscant in pace.
R. Amen.
ALIÆ ORATIONES
Pro paréntibus
Orémus: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre prcecepísti: miserere clementer animábus paréntum nostrórum, eorúmque peccáta dimítte; nosque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére. Per Chrístum Dóminum nóstrum.
R. Amen.
Pro omnibus fidélibus defunctis
Oremus: Fidélium, Deus, ómnium cónditor et redémptor, animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum: ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, píis supplicatiónibus consequántur. Per Chrístum Dóminum nóstrum.
R. Amen.
sábado, 1 de noviembre de 2014
MEDITAR SOBRE LA SANTIDAD
- Sed santos como el Padre celestial es santo. Nuestro Señor Jesucristo (Mt. 5,48)
- Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación. San Pablo (1 Tes 4,3; Ef 1,4)
- Los que enseñen a otros la santidad brillarán como estrellas por toda la eternidad. Profeta Daniel
- ¡Quiero ser santo! Santo Domingo Savio
- La santidad consiste en estar siempre alegres. San Juan Bosco
- La aventura de la santidad comienza con un «sí» a Dios. San Juan Pablo II
- Los santos no son personas que nunca han cometido errores o pecados, sino quienes se arrepienten y se reconcilian. Benedicto XVI
- La santidad se encuentra en el camino que nos abre cada uno de nuestros días, en que se ofrecen a nosotros, con atractivo desigual, los deberes de nuestra vida cotidiana. San Francisco de Sales
- Siento el deseo, la necesidad de hacerme santo; nunca me hubiera imaginado yo que pudiese llegar a serlo con tanta facilidad; pero ahora que he visto que se puede lograrlo estando alegre, quiero absolutamente hacerme santo. Santo Domingo Savio
- Un gran deseo de ser santo, es el primer peldaño para llegar a serlo; y al deseo se ha de unir una firme resolución. San Alfonso María de Ligorio
- Quiero ser santa, pero no a medias, sino completamente. Santa Teresa del Niño Jesús
- El secreto de la santidad consiste en no cansarnos nunca de estar empezando siempre. P. Rey
- El verdadero ideal cristiano no es ser feliz, sino ser santo. A.W. Tozer
- En lugar de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Santa Teresa del Niño Jesús
- La marca de un santo no es la perfección, sino la consagración. Un santo no es un hombre sin faltas, es un hombre que se ha dado sin reservas a Dios. W. T. Richardson
- Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres. Santo Domingo Savio
- La santidad consiste en la disposición del corazón. Santa Teresa del Niño Jesús
- La santidad es muy sencilla, dejarse confiada y amorosamente en brazos de Dios, queriendo y haciendo lo que creemos que Él quiere. Santa Madre Maravillas de Jesús
- Los santos fueron santos, porque quisieron, con inmenso querer, ser fieles. Santa Madre Maravillas de Jesús
- La santidad no es un privilegio para algunos, sino una obligación para todos, "para usted y para mí". Santa Madre Teresa de Calcuta
- No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien. Tomás de Kempis
- Solo hay una desgracia: no ser santo. Léon Bloy
- Un santo triste es un triste santo. San Francisco de Sales
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





