REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

sábado, 8 de noviembre de 2014

¡URGE ESCUCHAR A NUESTRA MADRE CELESTIAL!


NUESTRA SEÑORA DE AKITA

13 de Octubre de 1973 :

«Mi querida hija, escucha bien lo que voy a decirte; informarás de ello a tu superior: 
"Si los hombres no se arrepienten y no se mejoran, el Padre mandará un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo más grave que el diluvio, como jamás ha habido otro; caerá fuego del cielo y aniquilará una gran parte de la humanidad, tanto malos como buenos; no perdonando a fieles ni a sacerdotes. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos." 

"Las únicas armas que nos quedarán entonces serán el Rosario y el Signo dejado por mi hijo. ... Con el rosario rogad por el Papa, los Obispos y los sacerdotes. La acción del diablo se infiltrará hasta la Iglesia, de tal forma que se verán cardenales oponiéndose a otros cardenales, obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneren serán despreciados y combatidos por otros sacerdotes. Las iglesias y los altares serán saqueados." 

"La Iglesia se llenará de quienes aceptan componendas, y el demonio empujará a muchos sacerdotes y almas consagradas a abandonar el servicio del Señor. El demonio atacará encarnizadamente sobre todo a las almas consagradas a Dios. El pensamiento de la perdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y en gravedad, ya no habrá perdón para ellos. Recen mucho las oraciones del Rosario. ... Aquéllos que ponen su confianza en mí serán salvos".»


A partir del 4 de enero de 1975 comienza la lacrimación de la estatua (ver imagen de arriba); hasta el 15 de septiembre de 1981. (101 veces) Monseñor Ito fue testigo ocular de las lágrimas derramadas. El día que comenzó la lacrimación, el ángel se apareció a sor Agnes Sasagawa y le dijo:
«No te sorprendas de ver a la Santísima Virgen María llorar. Una sola alma que se convierta es preciosa a su Corazón. Ella manifiesta su dolor para avivar vuestra fe, siempre tan inclinada a debilitarse. Ahora que habéis visto sus preciosas lágrimas, y para consolarla, habla (de esto) con valor, extiende esta devoción, para su gloria y la de su Hijo.»

El 22 de Abril de 1984, Monseñor John Shojiro Ito, Obispo de Niigata, declaró que, las apariciones de Akita son de origen sobrenatural, y autorizó en toda la Diócesis la veneración. En Junio de 1988, el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dio un juicio definitivo en favor de las apariciones de Akita, considerando auténticos y dignos de crédito los mensajes. También dijo: "El mensaje de Akita es el mensaje de Fátima".

miércoles, 5 de noviembre de 2014

MEDITAR LOS NOVÍSIMOS


Verdad trascendental

Los cuatro novísimos son los elementos últimos y decisivos que salen al encuentro del hombre al final de la vida: muerte, juicio, infierno o paraíso, sin olvidar al purgatorio.

La muerte no se puede evitar.

En las realidades humanas es cierta la muerte, pero incierta la hora en que llega. La muerte no entiende de inteligencia, ni de fuerza, no respeta el rango ni la estirpe, no distingue la juventud, ni tiene en cuenta la edad: para los ancianos está a la puerta, para los jóvenes al acecho. Escribe San Gregorio: Oh vida presente, cuanto has engañado. Mientras pasas eres nada; mientras existes eres sombre; mientras eres exhaltada eres humo. Para los necios eres dulce, para los sabios amarga. Los que te aman no te conocen. Los que huyen de ti, te comprenden perfectamente. Nadie acoge la muerte con serenidad y delicia, sino quienes en la vida están preparados para la muerte con buenas obras.

Equidad del Juicio final.

Piensa con responsabilidad lo que será de ti en el último día, cuando la conciencia te atribuya malos pensamientos, cuando los elementos te acusen de tus acciones. Por una parte, serán los pecados los acusadores, por otra, la justicia bajo el horrendo caos del infierno, cuando llegue el Juicio justo. "Y si el justo se salva con fatigas, ¿dónde acabarán el impío y el pecador?" (1 Pe 4,18). ¿Qué será entonces de los razonamientos fátuos y ociosos, de las palabras ligeras, frívolas, de las obras vanas e infructuosas?. No borres nunca de tu mente la sentencia: "Apartáos de mí, malditos, al fuego eterno" (Mt 25, 41).

Terrible sentencia.

Ante el espectáculo de la gloria y de la felicidad que disfrutarán los elegidos, los condenados sentirán crecer su pena y su confusión. En su cuerpo aparecerán las señales de los pecados cometidos y los castigos que hayan merecido. Sonarán entonces aquellas palabras terribles: "Id, malditos, al fuego eterno", el alma y el cuerpo irán a morar con los demonios sin remedio ni esperanza: en aquel lugar cada cual llevará sus iniquidades. El avaro arderá con sus pasiones por los tesoros de la tierra, el cruel con su crueldad, el inmundo con su inmundicia y miserable concupiscencia, el injusto con sus injusticias, el envidioso con la envidia, quién odia al prójimo con su odio. Los que hayan amado con amor desordenado - que provoca todos los males, porque junto con el orgullo, que es el principio de todos los vicios serán devorados por un fuego intolerable. (Decálogo, cap. XLII).

Penas del Infierno.

Los malvados serán separados de la comunidad de los justos y consignados al poder de los demonios. "Y estos irán al suplicio eterno" (Mt 25, 46); y allí estarán para siempre entre llantos y lamentos, lejos de las alegrías del Paraíso: no recibirán alivio alguno. Los condenados vivirán siempre sin esperanza de perdón ni de misericordia. Es tremendo el infierno pero lo es aun más el rostro airado del Juez: lo que sobrepasa todo terror y la lejanía eterna de la visión bienaventurada Trinidad. Ser privados de los bienes eternos y excluidos de los preparativos de Dios para los que le aman, causa tanta aflicción que, aunque no existiese ningún otro tormento exterior, esta pena bastaría por sí sola.

El Purgatorio

La tercera realidad escatológica es el Purgatorio. Su existencia está confirmada en la Bíblia, en (2 Mac 12,43) y (1 Cor.12-15). Es una dimensión temporal de las almas que durará sólo hasta el Juicio Universal, antes de la resurrección de la carne. En el Purgatorio, las almas de los justos saldan sus deudas contraídas con la Justicia divina, experimentando penas purificadoras muy dolorosas. Está bien subrayar que la purificación del Purgatorio no se refiere a la culpabilidad, sino a la pena. Si el perdón divino concedido al alma arrepentida borra la culpa, no hace desaparecer la pena, y por medio de la expiación el hombre repara el desorden causado por sus pecados. Aquí el alma se somete a la pena bajo la forma de una purificación obligatoria.
El Concilio ecuménico de Florencia (1438-1445) define como verdad de fe no sólo la existencia del Purgatorio, sino también la posibilidad de que las almas purgantes puedan ser liberadas prematuramente, gracias a los sufragios de los fieles vivientes. También esta posibilidad tiene un fundamento bíblico: el sacrificio expiatorio que Judas Macabeo ofreció por la absolución de los muertos que habían pecado de idolatría (2 Mac 12,46) y la comunión mística con Cristo, sea en el bien o en el mal, de todos los hombres. El mismo San Juan Crisóstomo reitera y confirma la piadosa práctica. (Homilía sobre la primera carta a los Corintios 41,5).

Paraíso

El Paraíso es el amor eterno donde la sed de felicidad encuentra su perfecta saciedad. La alegría del Paraíso puede ser ya parcialmente experimentada en esta tierra cuando se está en intimidad con Jesús y en gracia de Dios, en las acciones y en las intenciones (1 Jn 15,11). La doctrina católica y la Bíblica enseñan que en el Paraíso existe una distinción de gloria, según el grado de santidad que cada cual ha alcanzado en la propia vida. Otro es el esplendor de San Francisco o de un mártir que ha derramado su sangre por amor a Dios, otro el de quien ha sido salvado por misericordioso.

La alegría Celestial

Corre, alma mía, no con pasos físicos, sino con el afecto y el deseo, porque te esperan, no sólo los ángeles y los santos, sino también el Señor y el Maestro de los ángeles y de los santos. Dios Padre te espera para constituirte heredero de todos los bienes y para hacerte partícipe de sus bondades y delicias. Cuánto será el gozo del triunfo, todo cuanto has sufrido en la tierra se convertirá en júbilo eterno. Entonces con tus labios exultantes alabarás al Señor tu Dios por todas estas cosas diciendo: Tus misericordias, Señor, quiero cantar eternamente. Nada será más gozoso que este canto, que se elevará en alabanza a la gloria de Cristo, cuya sangre nos ha redimido. ¿Qué lengua puede decir, o qué mente puede comprender cuán sea el gozo de la ciudad sobrenatural, la alegría de participar con los coros angélicos, de formar parte de los santísimos espíritus celestiales, de la gloria del Creador y de no alejarse nunca de la compañía sumamente feliz de los bienaventurados; exultar siempre con ellos y de su alegría?. Allá el amor de los justos será gozoso y perfecto.
Solamente balbuceando es posible hacer eco de las realidades sublimes de Dios, y el corazón que se fija sólo una vez en las cosas celestiales comprende de inmediato que es nada lo que antes parecía sublime. Cuando llegues a aquel lugar entonces comenzarás, con el corazón rebosante de alegría, a decir con San Pedro: "Señor, qué bien se está aquí" (Mt 17, 4). Aquí están el padre, la madre, la hermana, el hermano: el ojo verá una belleza incomparable, el gusto experimentará un dulcísimo sabor. El olfato percibirá un perfume suave, el tacto abrazará la más deliciosa de las realidades, el oído se recreará en una armonía extraordinaria.
Quien podría narrar cuanta alegría, la admirable gloria, inefable alabanza que se experimentará, por haber dominado virilmente el propio cuerpo con el escudo de la castidad y de la continencia, por haber vencido al mundo, huyendo de las tentaciones.

El alma inmersa en la alegría celestial

Dio Dios Padre esta instrucción sobre el cielo a Santa María Magdalena de Pazzi: "Ve, hija mía, la diferencia que existe entre un hombre que bebe un vaso de agua y otro que se baña en el mar. Se dice del primero que el agua entra en él, porque ella entra en la boca y pasa por el estómago para refrescarlo, pero del segundo se dice que entra en el mar, porque la cantidad de agua que lo compone es tan grande que ejércitos enteros pueden entrar y perderse, sin que quede de ellos la más mínima huella. Así es para el alma. Las consolaciones que ella recibe en este mundo no hacen sino entrar en ella, como agua en un vaso muy pequeño. de modo que ella no puede recibirlo sino en una medida muy limitada. Él que dijo a una de tales almas: rebosa de dulzuras, deplorando la pequeñez de su vaso que no podría contener cuanta habría querido. Basta, Señor, basta. En el cielo se entra en la alegría del Señor, buceando en un océano sin fondo de dulzuras y de consuelos inefables, es decir, en Dios mismo, que será todo en todos. Dentro de vosotros, fuera de vosotros, sobre vosotros y alrededor de vosotros, ante vosotros y detrás de vosotros: todo será gozo, alegría, dulzura y consuelos, porque en todos lados encontraréis a Dios. "Erit Deus omnia in omnibus".(P. I, c. XYII).
Fuente: digilander.libero.it

domingo, 2 de noviembre de 2014

IN MEMORIAM


ORACIONES POR LOS DIFUNTOS


RESPONSO

V. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.
R. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.
V. Señor, Dios mío, dirige mis pasos en tu presencia.
R. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.

V. Concédele (s), Señor, el descanso eterno, Y que le (s) alumbre la luz etema.
R. Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.

Señor, ten piedad, Cristo, ten piedad, Señor, ten piedad.
Padre nuestro...
V. Libra, Señor, su alma (sus almas) .
R. De las penas del infierno.

V. Descanse (descansen) en paz.
R. Amén.

V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a ti mi clamor.

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Oración: Te rogamos, Señor, que absuelvas el alma de tu siervo N. (de tu sierva N.) de todo vínculo de pecado, para que viva en la gloria de la resurrección, entre tus santos y elegidos. Por Cristo nuestro Señor.
R. Amén.
V. Concédele (concédeles) Señor, el descanso eterno.
R. Y brille para él (ella, ellos) la luz eterna.

V. Descanse (descansen) en paz.
R. Amén.
V. Su alma (sus almas) y las de todos los fieles difuntos descansen en paz, por la misericordia del Señor.
R. Amén.

OTRAS ORACIONES
Por los padres
Oremos: Oh, Dios que nos mandaste honrar al padre y a la madre, apiádate clemente de las almas de nuestros padres, y perdónales sus pecados; y haz que los veamos en el gozo de la eterna caridad. Por nuestro Señor Jesucristo.
R. Amén.

Por todos los fieles difuntos:
Oremos: Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, concede a las almas de tus siervos y siervas el perdón de todos los pecados, para que consigan por nuestras piadosas suplicas la indulgencia que siempre desearon. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.



V. Ne recordéris peccáta mea, Dómine.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.

V. Dírige, Dómine, Deus meus, in conspéctu tuo viam meam.
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.

V. Réquiem ætérnam dona ei (eis), Dómine, et lux perpétua lúceat ei (eis)
R. Dum véneris iudicáre sæculum per ignem.

Kyrie, eléison, Christe, eléison. Kyrie, eléison.
Pater noster...
V. A porta ínferi.
R. Erue, Dómine, ánimam eius (ánimas eórum).

V. Requiescat (requiescant) in pace.
R. Amen.

V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clámor meus ad te véniat.

V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu túo.

Orémus: Absólve, quæsumus, Dómine, ánimam fámuli tui N. (fámulæ tuæ N.) ab omni vínculo delictórum: ut, in resurrectiónis glória, ínter Sanctos et eléctos tuos resuscitata respíret. Per Chrístum Dóminum nostrum.
R. Amen.
V. Réquiem ætémam dona ei (eis), Dómine.
R. Et lux perpétua lúceat ei (eis).

V. Requiescat (requiescant) in pace.
R. Amen.
V. Anima eius (ánimæ eórum) et ánimæ ómnium fidélium defunctórum per misericórdiam Dei requiéscant in pace.
R. Amen.

ALIÆ ORATIONES
Pro paréntibus
Orémus: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre prcecepísti: miserere clementer animábus paréntum nostrórum, eorúmque peccáta dimítte; nosque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére. Per Chrístum Dóminum nóstrum.
R. Amen.

Pro omnibus fidélibus defunctis
Oremus: Fidélium, Deus, ómnium cónditor et redémptor, animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum: ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, píis supplicatiónibus consequántur. Per Chrístum Dóminum nóstrum.
R. Amen.

sábado, 1 de noviembre de 2014

MEDITAR SOBRE LA SANTIDAD


  • Sed santos como el Padre celestial es santo. Nuestro Señor Jesucristo (Mt. 5,48)
  • Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación. San Pablo (1 Tes 4,3; Ef 1,4)
  • Los que enseñen a otros la santidad brillarán como estrellas por toda la eternidad. Profeta Daniel
  • ¡Quiero ser santo! Santo Domingo Savio
  • La santidad consiste en estar siempre alegres. San Juan Bosco
  • La aventura de la santidad comienza con un «sí» a Dios. San Juan Pablo II
  • Los santos no son personas que nunca han cometido errores o pecados, sino quienes se arrepienten y se reconcilian. Benedicto XVI
  • La santidad se encuentra en el camino que nos abre cada uno de nuestros días, en que se ofrecen a nosotros, con atractivo desigual, los deberes de nuestra vida cotidiana. San Francisco de Sales
  • Siento el deseo, la necesidad de hacerme santo; nunca me hubiera imaginado yo que pudiese llegar a serlo con tanta facilidad; pero ahora que he visto que se puede lograrlo estando alegre, quiero absolutamente hacerme santo. Santo Domingo Savio
  • Un gran deseo de ser santo, es el primer peldaño para llegar a serlo; y al deseo se ha de unir una firme resolución. San Alfonso María de Ligorio
  • Quiero ser santa, pero no a medias, sino completamente. Santa Teresa del Niño Jesús
  • El secreto de la santidad consiste en no cansarnos nunca de estar empezando siempre. P. Rey
  • El verdadero ideal cristiano no es ser feliz, sino ser santo. A.W. Tozer
  • En lugar de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Santa Teresa del Niño Jesús
  • La marca de un santo no es la perfección, sino la consagración. Un santo no es un hombre sin faltas, es un hombre que se ha dado sin reservas a Dios. W. T. Richardson
  • Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres. Santo Domingo Savio
  • La santidad consiste en la disposición del corazón. Santa Teresa del Niño Jesús 
  • La santidad es muy sencilla, dejarse confiada y amorosamente en brazos de Dios, queriendo y haciendo lo que creemos que Él quiere. Santa Madre Maravillas de Jesús
  • Los santos fueron santos, porque quisieron, con inmenso querer, ser fieles. Santa Madre Maravillas de Jesús
  • La santidad no es un privilegio para algunos, sino una obligación para todos, "para usted y para mí". Santa Madre Teresa de Calcuta
  • No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien. Tomás de Kempis
  • Solo hay una desgracia: no ser santo. Léon Bloy
  • Un santo triste es un triste santo. San Francisco de Sales 

miércoles, 29 de octubre de 2014

RECUPERAR EL TIEMPO PERDIDO


 “Parece, Señor mío, que descansa mi alma considerando el gozo que tendrá, si por vuestra misericordia le fuere concedido gozar de Vos. Mas querría primero serviros, pues ha de gozar de lo que Vos, sirviéndola a ella, le ganasteis. ¿Qué haré, Señor mío? ¿Qué haré, mi Dios? ¡Oh, qué tarde se han encendido mis deseos y qué temprano andabais Vos, Señor, granjeando y llamando para que toda me emplease en Vos! ¿Por ventura, Señor, desamparasteis al miserable, o apartasteis al pobre mendigo cuando se quiso llegar a Vos? ¿Por ventura Señor, tienen término vuestras grandezas o vuestras magnificas obras? ¡Oh Dios mío y misericordia mía!, ¡y cómo las podréis mostrar ahora en vuestra sierva! Poderoso sois, gran Dios. Ahora se podrá entender si mi alma se entiende a sí mirando el tiempo que ha perdido y cómo en un punto podéis Vos, Señor, que le torne a ganar. Paréceme que desatino, pues el tiempo perdido suelen decir que no se puede tornar a cobrar. ¡Bendito sea mi Dios!

¡Oh Señor!, confieso vuestro gran poder. Si sois poderoso, como lo sois, ¿qué hay imposible al que todo lo puede? Quered Vos, Señor mío, quered, que aunque soy miserable, firmemente creo que podéis lo que queréis, y mientras mayores maravillas oigo vuestras y considero que podéis hacer más, más se fortalece mi fe y con mayor determinación creo que lo haréis Vos. ¿Y qué hay que maravillar de lo que hace el Todopoderoso? Bien sabéis Vos, mi Dios, que entre todas mis miserias nunca dejé de conocer vuestro gran poder y misericordia. Válgame, Señor, esto en que no os he ofendido.
Recuperad, Dios mío, el tiempo perdido con darme gracia en el presente y porvenir, para que parezca delante de Vos con vestiduras de bodas, pues si queréis podéis.”
Santa Teresa de Jesús

domingo, 26 de octubre de 2014

CRISTO JESÚS, REY UNIVERSAL


¡Oh Cristo Jesús! ¡Yo te reconozco por Rey universal! Todo cuanto existe, de ti ha recibido el ser. Ejerce sobre mí todos tus derechos, renuevo las promesas de mi bautismo. Renuncio a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y te ofrezco vivir como buen cristiano. Me esforzaré muy particularmente, por hacer triunfar, en cuanto pueda, los derechos de Dios y de tu iglesia. Te ofrezco, ¡oh Cristo Rey! mis pobres acciones para alcanzar que todos los corazones reconozcan tu amorosísimo reinado, y que de este modo se establezca en el mundo el reino de tu paz. Amén.
¡Viva Cristo Rey de la paz en mi corazón, en mi casa, en mi patria y en todo el mundo! Amén.

sábado, 25 de octubre de 2014

SÁBADO: DÍA CONSAGRADO A MARÍA


Que tu intercesión nos proteja siempre, ¡oh Madre purísima!, y ayúdanos en las necesidades según tus deseos.
Somos desterrados en esta tierra y tenemos ante los ojos siempre nuestro fin, y, así y todo, muchos de los nuestros perecen.
Ayúdanos con tus oraciones, ¡oh Doncella misericordiosa! y sé siempre nuestra abogada para que nuestra mala voluntad no nos pierda.
Bendita y Santa María, ruega a Dios por nosotros, ya que tú le llevaste en el seno, para que se apiade de nosotros por tu intercesión. Amén
  
HONRA A NUESTRA SEÑORA REZANDO EL SANTO ROSARIO