REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)
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viernes, 22 de agosto de 2014
EL MUNDO LLAMA POR TÍ, NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ
EL TRIUNFO DEL CORAZÓN INMACULADO
¿Cómo
va a triunfar el Inmaculado Corazón?
El Inmaculado Corazón triunfará a través de la
Consagración de Rusia y de la devoción de los Cinco Primeros Sábados
(incluyendo la promesa de los dirigentes de la Iglesia de promover esta
devoción y nuestra propia fidelidad a esa devoción).
La Fe católica implica buenas obras, y no sólo
una confianza pasiva en la misericordia de Dios. “¿No veis cómo el hombre se
justifica por las obras, y no por la fe solamente?” (Santiago 2:24) De la misma
manera, en el caso de Fátima, Dios espera que hagamos algo, y no nos limitemos
a tener fe en la promesa de Nuestra Señora de que “Por fin Mi Inmaculado
Corazón triunfará…”
El Inmaculado Corazón no triunfará sin nuestra
ayuda, porque Dios, en Su plan de paz y salvación para los hombres, se digna
utilizar instrumentos humanos para efectuar Su voluntad.
Con
respecto a Fátima, Dios espera que hagamos alguna cosa, más que tener fe en la
promesa de Nuestra Señora: “Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará”.
Así, Jesús preguntó a Sor Lucía, con respecto
al Mensaje de Fátima, “¿Has propagado por el mundo aquello que la Madre del
cielo te pedía”? (15 de febrero de 1926)
Nuestra
Señora dijo: “¿No quieres consolarme, haciendo reparación”? (Nuestra Señora de Fátima,
10 de diciembre de 1925) Y por supuesto, la Consagración de Rusia misma es un acto
prescrito por Dios para ser hecha por hombres, y sin la cual Dios no otorgará
los beneficios prometidos a los hombres.
Nuestra Señora y
nosotros
Tenemos también la Consagración de cada uno de
nosotros: uniendo nuestros corazones al Inmaculado Corazón de María, y así
llegando a ser “propiedad” de la Santísima
Virgen. Damos nuestros corazones al Inmaculado Corazón de María, en cambio por
Su Inmaculado Corazón. De la misma manera, Jesús dio Su Corazón a Santa
Catalina de Siena y recibió el corazón suyo a cambio.
Así, es por las prácticas indicadas por Dios
que somos transformados por la gracia, por la acción de Nuestra Señora de tomar
lo que es suyo para transformarlo por la gracia de Dios. Consideremos el
ejemplo de los discípulos camino de Emaús. Sus ojos sólo se abrieron en Emaús,
cuando practicaron la hospitalidad y la caridad. Oyendo sólo no fue bastante;
tuvieron que hacer buenas obras para que creyeran y comprendieran con el corazón.
Depende de Usted y de
mí
¡No se equivoque en este asunto crucial! Es
por nosotros – ustedes, yo, cada uno de nosotros siendo transformado – que
Nuestra Señora operará, usando a aquellos que, por su voluntad, llegan a ser
Sus hijos e hijas dedicados a la misión de alcanzar Su Triunfo en el mundo.
¿Exactamente
cómo es que nos tornamos Sus hijos e hijas dedicados? En los modos siguientes:
-
Siguiendo Su plan;
-
Siguiendo todavía más el ejemplo de María;
-
Dejando que Ella triunfe por medio de Su Corazón brillando a través de cada uno
de nosotros;
-
Hablando a Su Corazón, y amando Su Corazón;
-
Despertando en otros el amor a Jesús y María;
-
Poniendo en práctica todas la cosas específicas que Ella nos pide que hagamos conforme
nuestras capacidades; por ejemplo, las almas individuales hacen los Primeros
Sábados e incentivan a otras personas a hacer lo mismo;
-
Promoviendo el conocimiento y la obediencia del Papa y de los Obispos a sus
órdenes de consagrar Rusia de acuerdo
con Su pedido.
Pues bien, el Triunfo del Inmaculado Corazón
se realizará por medio de la conversión de los corazones individuales. Y esto
significa una conversión a Cristo, a Su ley, a Su doctrina, amando a Jesús y a
María a través de nuestras intenciones, de todas nuestras palabras, gestos,
actos, omisiones (esto es, evitando el pecado en los pensamientos, deseos,
palabras y obras). Significa también la conversión a los “pensamientos de Su
corazón” (Salmo 32:11) para la salvación. Y no sólo para nuestra propia
salvación. Debemos ayudar a convertir los otros – para salvar sus almas, para transformar
la faz de la tierra. En resumen, debe haber conversiones individuales y conversiones
conjuntas de la sociedad y del mundo a todos los niveles: parroquia, ciudad, provincia,
estado, región, nación.
Esto significa, en primer lugar, hacer todo lo
que podemos, donde estamos, en nuestras vidas y esferas de influencia, y
juntamente con Nuestro Señor y Nuestra Señora, haciendo todo lo que podemos
para alcanzar la Consagración de Rusia lo más rápidamente posible.
Por medio de esta Consagración vendrá la conversión
de Rusia y se seguirá la conversión de todo el mundo. Finalmente, habrá un
reconocimiento público de que fue a través del Inmaculado Corazón que esta
conversión aconteció – fue Su obra, Su gracia, Su Realeza, y nosotros éramos
apenas instrumentos en Sus manos. Es el reconocimiento de que sólo Ella, por Su
propio poder, alcanzó la conversión de todo el mundo, y el reconocimiento que
cualquier cosa que hicimos para alcanzarlo, lo hicimos como resultado de ser
instrumentos en Sus manos para lograrlo. Fíjese, esto es crucial.
En
vista de lo que ya dije hasta aquí, es obvio que no debemos, ni podemos limitarnos
a esperar por Su intervención pública milagrosa, como si no tuviéramos un papel
que desempeñar. Ella no hará sin nosotros, como agentes humanos, aquello que se
puede llamar la primera etapa del Triunfo del Inmaculado Corazón. Porque Jesús
Mismo decretó que toda la Iglesia y todo el mundo deben reconocer que una
acción humana específica – la Consagración de Rusia – llevó a cabo la
conversión de Rusia: “Porque quiero que toda Mi Iglesia reconozca esa
consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para después
extender su culto y poner, al lado de la devoción de Mi Sagrado Corazón, la devoción
a este Corazón Inmaculado”.
No
debemos, ni podemos limitarnos a esperar por Su intervención pública milagrosa,
como si no tuviéramos un papel que desempeñar.
Nosotros,
que somos sus heraldos, que somos los que la anunciaremos hablando, escribiendo,
publicando, y dando particularmente consejos, correcciones, reprensiones y explicaciones,
no lo hacemos sólo nosotros mismos. Así como la primera gracia viene siempre de
Dios (por mediación de María), así también el impulso para el Triunfo nos llega
como una gracia mediada a través del Inmaculado Corazón de Nuestra Señora.
El triunfo vendrá en
etapas
El
triunfo del Inmaculado Corazón tendrá lugar por etapas. La etapa remota es la preparación
de la humanidad: Dios deseó durante toda la eternidad el Triunfo del Inmaculado
Corazón. Nuestra Señora, por medio de Sus méritos, oraciones e intervenciones personales,
está operando, rezando, interviniendo por todo el mundo donde es bienvenida, o por
lo menos no es rechazada. Son estas gracias, que ni yo, ni ustedes, ni todos
nosotros unidos o individualmente merecemos, que fueron derramados en nuestras
corazones, sin cualquier mérito de nuestra parte, en preparación para lo que
está viniendo, que es la ejecución del plan de Dios.
Es
el plan de Dios, el plan de Jesús y María, que será puesto en práctica lo más
pronto posible, en la medida en que cooperemos.
- En
nuestros corazones y vidas;
- Obteniendo
la cooperación de las almas que Dios pone en nuestro camino, para que por medio
de nuestras oraciones y sacrificios.
- Trabajando
siempre con la gracia de Jesús y María operando en nosotros, así como Su gracia
operando independientemente de nosotros, para que, por fin, se haga lo
suficiente – tanto en la orden de gracia de mover corazones y voluntades, como
en la orden de la naturaleza – hablando, leyendo, pensando, meditando,
comprendiendo, explicando a los otros y publicando;
Haciendo lo que podemos para que los Primeros Sábados sean observados lo más frecuentemente posible por los Sacerdotes, Obispos, Fieles y Religiosos, para que se haga por fin la Consagración de Rusia.
Haciendo lo que podemos para que los Primeros Sábados sean observados lo más frecuentemente posible por los Sacerdotes, Obispos, Fieles y Religiosos, para que se haga por fin la Consagración de Rusia.
Fuente: Fátima.org
jueves, 21 de agosto de 2014
CRISTIANOS PERSEGUIDOS: ¡BASTA DE SILENCIOS!
¡IMPLOREMOS AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
PARA QUE OCCIDENTE SE DÉ CUENTA DE QUE EL CALIFATO
NO SE PUEDE COMBATIR CON LOS SERMONES Y LAS BUENAS INTENCIONES!
¡BASTA DE SILENCIOS! ¡GRITAD CON CIEN MIL LENGUAS!
PORQUE, POR HABER CALLADO, ¡EL MUNDO ESTÁ PODRIDO!
-Santa Catalina de Siena al Papa-
PLEGARIA DEL AVE COR
Ave Corazón Santísimo.
Ave Corazón Benignísimo.
Ave Corazón Humildísimo.
Ave Corazón Purísimo.
Ave Corazón Devotísimo.
Ave Corazón Sapientísimo.
Ave Corazón Pacientísimo.
Ave Corazón Obedientísimo.
Ave Corazón Vigilantísimo.
Ave Corazón Fidelísimo.
Ave Corazón Felicísimo.
Ave Corazón Misericordiosísimo.
Ave Corazón Amantísimo de Jesús y María.
Te adoramos,
Te alabamos,
Te glorificamos,
Te damos gracias,
Te amamos con todo el corazón,
con toda el alma, con todas nuestras fuerzas,
Te ofrecemos nuestro corazón,
Te lo entregamos, consagramos, inmolamos.
Recíbelo y poséelo enteramente.
Purifícalo, ilumínalo, santifícalo.
Para que en él vivas y reines ahora y siempre;
y por los siglos de los siglos. Amén”.
EL CORAZÓN INMACULADO DE NUESTRA MADRE CELESTIAL
“Cuando
honramos este Corazón: Deseamos honrar en la Virgen Madre de Jesús, no
solamente alguno de sus misterios y alguna de sus acciones, como su nacimiento,
o su presentación, o su visitación, o su purificación; no solamente alguna de
sus cualidades, como Madre de Dios, o Hija del Padre, o esposa del Espíritu
Santo, o Templo de la Santísima Trinidad, o Reina del cielo y de la tierra; ni
siquiera solamente su dignísima Persona; sino que deseamos honrar primero y
principalmente en ella la fuente y el origen de la Santidad y de la dignidad de
todos sus misterios, de todas sus acciones, de todas sus cualidades y de su
persona misma; es decir su amor y su caridad, puesto que, según todos los
Santos Doctores, el amor y la caridad son la medida del mérito y el principio
de toda Santidad”.
“Permaneced
en este Corazón Maternal de vuestra Madre. Que sea el lugar de vuestro reposo,
vuestra ciudad de refugio, vuestra fortaleza inexpugnable, vuestro jardín de
delicias, vuestro Paraíso Terrestre”.
“El
Corazón de la Virgen está lleno de la sabiduría y del amor de Dios que todos
los otros corazones”.
“El
Corazón de María es una expresión perfecta y un maravilloso compendio de la
Vida de Dios”.
“Como
el esposo y la esposa no deben tener más que un corazón y un alma, haced de
modo, oh Reina de mi corazón que yo no tenga más que un alma, un espíritu, una
voluntad y un corazón con Vos. Para ello quitadme el corazón y dadme el
vuestro, según vuestra promesa, para que pueda cantar eternamente”.
“Oh
qué benignidad, la caridad ardiente de María me ha robado el corazón para
ofrecerme el suyo”.
“Una
de las más útiles e importantes maneras de honrar el dignísimo Corazón de la
Reina de las virtudes, consiste en procurar imitar e imprimir en el corazón una
imagen viva de su santidad, de su dulzura y mansedumbre, de su humildad, su
pureza, su devoción, su sabiduría, su prudencia, su paciencia, su obediencia,
su vigilancia, su fidelidad, su amor y todas las demás virtudes”.
“Ave
Cor. Los que reciten esta salutación con devoción les dará los deseos de
purificarse cada vez más de toda especie de pecado para que sean aptos para
recibir los dones, gracias y bendiciones divinas”.
“Pero,
entre todas las maravillas, he aquí una que sobrepasa las otras: es el Corazón
incomparable de esta grande Reina; es lo más admirable que hay en Ella..., es
el principio y la fuente de todas las cosas extrañas y extraordinarias que hay
en Ella... Porque ha sido por la humildad, pureza y amor de su santísimo
Corazón, por lo que ha llegado a la dignidad sublime de Madre de Dios, y, por
consiguiente, por lo que se ha hecho digna de todas las gracias, favores y
privilegios de que Dios la ha llenado”.
San Juan Eudes
miércoles, 20 de agosto de 2014
REINA Y SEÑORA UNIVERSAL
Sois, Virgen Santa, universal Señora
de cuanto en cielo y tierra ha Dios formado;
todo se humilla a Vos, todo os adora
y todo os honra y a vuestro honrado;
que quien os hizo de Dios engendradora,
que es lo que pudo más haberos dado,
lo que es menos os debe de derecho,
que es Reina universal haberos hecho.
Don José de Valdivielso
Capellán de la Catedral Primada
REALEZA DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN
Santa
María, en verdad, es la Reina y Señora de toda la Creación. Y se dice que en
verdad es Reina para indicar que su realeza no es sólo de honor y excelencia,
que la hace superior a toda criatura, sino que además tiene verdadera potestad
y dominio sobre todas ellas.
Las
razones de esta realeza son: Siendo Madre del Rey de reyes y del Señor de todos
los que dominan, Ella debe ser Reina y Señora; y, habiéndonos rescatado Cristo
con su sangre, a Ella como corredentora, le corresponde tener parte en su reinado.
Un reinado de infinito amor y misericordia, que Nuestro Señor Jesús quiere
ejercitarlo con la cooperación de su Madre.
Al
ser Santa María Reina de toda la Creación, es también Reina de los Ángeles y de
los Santos. El poder de éstos no puede compararse con el poder y la eficacia de
la Santísima Virgen ante el trono de Dios, que demuestra su admirable poderío
en tener siempre a sus pies a la serpiente infernal, en defender a sus hijos y
devotos de las asechanzas malditas de Satanás, y en proteger a la Iglesia que
le canta con júbilo: Tú sola has destruido todas las herejías del universo
mundo.
En
las letanías lauretanas invocamos a María como Reina de los Ángeles, de los
Patriarcas, de los Profetas, de los Apóstoles, de los Mártires, de los
Confesores, de las Vírgenes y de todos los Santos; como Reina concebida sin
pecado original y elevada al Cielo. Y también, como Reina del santísimo Rosario,
de la familia y de la paz.
La
Realeza de María aparece frecuentemente en la iconografía de la Virgen. El arte
cristiano ya a partir del Concilio de Éfeso (año 431) ha venido representando a
María como Reina y Emperatriz, sentada en trono real, con las insignias de la
realeza, e incluso en ocasiones la muestra siendo Ella coronada por su Hijo. Y
así vemos en infinidades de imágenes y cuadros de la Madre de Dios con los
atributos propios de la realeza: el manto, la corona y el cetro, como Reina que
es. También la vemos representada con la aureola de doce estrellas por ser
Señora de Israel y del Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia. En otras
representaciones, la luna bajo sus pies y el sol como vestido, la proclaman
Emperatriz del universo todo.
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