REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

jueves, 27 de febrero de 2014

IMPORTANTE DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO A LA CONGREGACIÓN PARA LOS OBISPOS



Esta mañana en la Sala Bolonia del Palacio Apostólico, el Papa Francisco ha presidido la reunión de la Congregación para los Obispos, cuyo prefecto es el cardenal Marc Ouellet, y ha dirigido a los presentes un discurso acerca de la misión de esa congregación, de los criterios que deben presidir la elección de un obispo, así como de las características que éstos deben reunir y de su tarea con los fieles que les han sido confiando, exhortando al final a todos a recorrer con más frecuencia “los campos” en búsqueda de pastores aptos para ese ministerio, con la seguridad de que Cristo no abandona nunca a su Iglesia.
Ofrecemos a continuación amplios extractos del discurso:
1.- Lo esencial en la misión de la Congregación
“En la celebración de la ordenación de un obispo la Iglesia reunida, después de invocar al Espíritu Santo pide que sea ordenado el candidato presentado. El que preside pregunta entonces: “¿Tenéis el mandato?”...Esta congregación existe para ayudar a escribir ese mandato que después resonará en tantas Iglesias y llevará alegría y esperanza al Pueblo Santo de Dios. Esta congregación existe para asegurarse de que el nombre del elegido haya sido, ante todo, pronunciado por el Señor...El Pueblo santo de Dios sigue exclamando:... necesitamos alguien que nos mire con la amplitud de corazón de Dios; no necesitamos un manager, un administrador delegado de una empresa ...Nos hace falta alguien que sepa elevarse a la altura de la mirada de Dios para conducirnos hacia El...No tenemos que perder nunca de vista las necesidades de las Iglesias particulares a las que tenemos que atender... Nuestro reto es entrar en la perspectiva de Cristo teniendo en cuenta la singularidad de las Iglesias particulares”.
2.- El horizonte de Dios determina la misión de la Congregación
“Para elegir a esos ministros todos necesitamos elevarnos, subir también nosotros al 'piso superior'... Tenemos que elevarnos por encima de nuestras eventuales preferencias, simpatías, pertenencias o tendencias para entrar en la amplitud del horizonte de Dios...No hombres condicionados por el miedo de lo bajo, sino Pastores dotados de parresia, capaces de asegurar que en el mundo hay un sacramento de unidad y por lo tanto la humanidad no está destinada al abandono y al desamparo... A la hora de firmar el nombramiento de cada obispo me gustaría sentir la autoridad de vuestro discernimiento y la grandeza de horizontes con que madura vuestro consejo. Por eso el espíritu que preside vuestros trabajos... no podrá ser otro que ese humilde, silencioso y laborioso proceso desarrollado bajo la luz que viene de las alturas. Profesionalidad, servicio y santidad de vida: si nos apartamos de este trinomio abandonamos la grandeza a la que estamos llamados”.
3.-La Iglesia apostólica como fuente
“La altura de la Iglesia se encuentra siempre en los abismos de sus fundamentos...El mañana de la Iglesia vive siempre en sus orígenes...Sabemos que el Colegio Episcopal, en el cual mediante el Sacramento se insertarán los obispos, sucede al Colegio Apostólico. El mundo necesita saber que esta sucesión no se ha interrumpido...Las personas ya pasan con sufrimiento por la experiencia de tantas roturas: necesitan encontrar en la Iglesia ese permanecer indeleble de la gracia del principio”.

4.- El obispo como testigo del Resucitado
“Analicemos ... el momento en que la Iglesia Apostólica debe recomponer el Colegio de los Doce tras la traición de Judas. Sin los Doce la plenitud del Espíritu no puede descender. Hay que buscar al sucesor entre los que han seguido desde el principio el recorrido de Jesús y ahora puede convertirse 'junto con los Doce' en un 'testigo de la resurrección'. Hay que seleccionar entre los seguidores de Jesús a los testigos del Resucitado... También para nosotros ese es el criterio unificador: el obispo es aquel que sabe hacer actual todo lo que acaeció a Jesús y sobre todo sabe, junto con la Iglesia, hacerse testigo de su Resurrección... No un testigo aislado sino junto con la Iglesia..Quiero subrayar que la renuncia y el sacrificio son inherentes a la misión episcopal. .El episcopado no es para uno mismo, sino para la Iglesia... para los demás, sobre todo para aquellos que según el mundo se deben descartar. Por lo tanto, para individuar a un obispo no hace falta contabilizar sus dotes humanas, intelectuales, culturales y ni siquiera pastorales...Es cierto que necesitamos a alguien que sobresalga: su integridad humana asegura la capacidad de relaciones sanas... para que no proyecte sobre los demás sus carencias y se convierta en factor de inestabilidad...su preparación cultural le permite dialogar con los hombres y sus culturas...su ortodoxia y fidelidad a la Verdad completa custodiada por la Iglesia hace de él un pilar y un punto de referencia...su transparencia y su desapego a la hora de administrar los bienes de la comunidad le otorgan autoridad y encuentran la estima de todos. Todas esas dotes imprescindibles deben ser, sin embargo, una declinación del testimonio central del Resucitado, subordinadas a este compromiso prioritario”.
5.- La soberanía de Dios, autor de la elección.
“Volvamos al texto apostólico. Después del fatigoso discernimiento, los apóstoles rezan...No podemos alejarnos de aquel 'Enseñanos tú, Señor'. Las decisiones no pueden estar condicionadas por nuestras pretensiones, por eventuales grupos, camarillas o hegemonías. Para garantizar esa soberanía existen dos actitudes fundamentales: la propia conciencia ante Dios y la colegialidad... No el arbitrio sino el discernimiento conjunto. Ninguno puede tener todo en mano, cada uno aporta con humildad y honradez la tesela propia al mosaico que pertenece a Dios.


6.- Obispos “kerigmáticos”
“Dado que la fe procede del anuncio necesitamos obispos kerigmáticos...Hombres custodios de la doctrina, no para medir cuanto viva distante el mundo de la verdad contenida en ella, sino para fascinar al mundo... con la belleza del amor... con la oferta de la libertad que da el Evangelio. La Iglesia no necesita apologistas de las propias causas ni cruzados de las propias batallas, sino sembradores humildes y confiados de la verdad que saben que cada vez les es nuevamente confiada y que se fían de su potencia...Hombres pacientes porque saben que la cizaña no será nunca tanta como para llenar el campo”.
7.-Obispos orantes
“He hablado de los obispos kerigmáticos; ahora señalo el otro trazo de la identidad del obispo: hombre de oración. La misma parresia que debe tener en el anuncio de la Palabra, debe tener en la oración, tratando con Dios, nuestro Señor el bien de su pueblo, la salvación de su pueblo...Un hombre que no tiene valor de discutir con Dios en favor de su pueblo no puede ser obispo y tampoco el que no es capaz de asumir la misión de llevar al Pueblo de Dios hasta el lugar que El le indica...Y esto vale también para la paciencia apostólica...El obispo debe ser capaz de 'entrar con paciencia' ante Dios... buscando y dejándose encontrar”.


8.-Obispos pastores
Sean pastores cercanos a la gente, padres y hermanos, sean humildes, pacientes y misericordiosos; amen la pobreza, interna como libertad y también externa como sencillez y austeridad de vida,.. no tengan una filosofía de príncipes...que no sean ambiciosos y que no busquen el episcopado, que sean esposos de una Iglesia, sin estar a la búsqueda constante de otra; esto se llama adulterio. Sean capaces de 'vigilar' al rebaño que les será confiado, es decir, de preocuparse por todo lo que lo mantiene unido...Reafirmo que la Iglesia necesita Pastores auténticos...Observemos el testamento del apóstol Pablo...Nos habla...El confía los Pastores de la Iglesia a la 'Palabra de la gracia que tiene el poder de edificar y conceder la herencia'. Por lo tanto, no padrones de la Palabra, sino entregados a ella, siervos de la Palabra. Solo así es posible edificar y obtener la herencia de los santos. A cuantos se atormentaban con la pregunta sobre su herencia:'¿Cual es la herencia de un obispo, el oro o la plata'? Pablo responde: La santidad. La Iglesia permanece cuando se dilata la santidad de Dios en sus miembros...El Concilio Vaticano II afirma que a los obispos 'se les confía plenamente el oficio pastoral, o sea el cuidado habitual y cotidiano de sus ovejas'...En nuestra época lo habitual y lo cotidiano se asocian a menudo a la rutina y al aburrimiento. Por eso, con frecuencia, se intenta escapar hacia un permanente “otro lugar”. Desgraciadamente tampoco en la Iglesia estamos exentes de este peligro..Pienso que en este tiempo de encuentros y congresos es muy actual el decreto de residencia del Concilio de Trento y estaría bien que la Congregación de los Obispos escribiera algo al respecto. El rebaño necesita encontrar sitio en el corazón del Pastor. Si éste no está sólidamente anclado en si mismo, en Cristo y en su Iglesia, estará continuamente a merced de las olas, en búsqueda de compensaciones efímeras y no ofrecerá al rebaño ningún refugio”.
Conclusión
“Al final de estas palabras, me pregunto: ¿Dónde podemos encontrar hombres así?...No es fácil...Pienso en el profeta Samuel en búsqueda del sucesor de Saul que ,,,al saber que el pequeño David había llevado las ovejas a pastar al campo ordena: 'Di que lo traigan'. También nosotros no podemos por menos que escrutar los campos de la Iglesia intentando presentar al Señor para que diga: "Úngelo: es él”. Estoy seguro de que los hay porque el Señor no abandona a su Iglesia. Quizás somos nosotros los que no vamos bastante a los campos para buscarlos. Quizás nos hace falta la advertencia de Samuel : “No nos sentaremos a la mesa antes de que él venga”. Con esa santa inquietud quisiera que viviera esta congregación”.
Fuente: www.vis.va

miércoles, 26 de febrero de 2014

ORACIÓN PIDIENDO EL REINADO DE LA VIRGEN SANTÍSIMA


ORACIÓN PIDIENDO EL REINADO DE LA VIRGEN SANTÍSIMA

Oh María, Madre de Jesucristo Rey del universo y Dulce Madre nuestra, con legítimo orgullo de hijos queremos aceptar  y reconocer tu realeza.

Reina Madre y Señora, señalándonos el camino de la santidad, dirigiéndonos y exhortándonos a fin de que nunca nos apartemos de él. Reina sobre todo el género humano, particularmente abriendo las sendas de la fe a cuantos todavía no conocen a tu Divino Hijo. Reina sobre la Iglesia que profesa y celebra tu suave dominio y acude a Ti como refugio soberano en medio de las adversidades de nuestro tiempo, mas reina especialmente sobre aquella parte de la Iglesia que está perseguida y oprimida, dándole fortaleza para sortear las contrariedades, constancia para no ceder a injustas presiones, luz para no caer en las asechanzas del enemigo, firmeza para resistir a los ataques manifiestos, y en todo momento fidelidad inquebrantable  a tu Reino.

Reina sobre las inteligencias, a fin de que busquen solamente la verdad; sobre las voluntades, a fin de que persigan solamente el bien; sobre los corazones, para que amen únicamente lo que Tú misma amas.
Reina sobre los individuos y sobre las familias, al igual que sobre las sociedades y naciones, sobre las asambleas de los poderosos, sobre los consejos de los sabios, lo mismo que sobre las sencillas aspiraciones de los humildes.

Reina en las calles y en las plazas, en las ciudades y en las aldeas, en los valles y en las montañas, en el aire, en la tierra y en el mar. Y acoge la piadosa oración de cuantos saben que tu Reino es de misericordia, donde toda súplica encuentra acogida, todo dolor consuelo, toda desgracia alivio, toda enfermedad salud, y donde como una simple señal de tus suavísimas manos, de la muerte misma brota alegre la vida.


Concédenos que quienes ahora te aclaman en todas las partes del mundo y te reconocen como Reina y Señora, puedan un día en el cielo gozar de la plenitud de tu Reino en la visión de tu Hijo Divino, en el que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

LA VIRGEN MARÍA NOS HACE SENTIR HERMANOS


No se puede tratar filialmente a Nuestra Madre y pensar sólo en nosotros mismos. No se puede tratar a la Virgen y vivir encadenados a egoístas problemas personales, creados a menudo por uno mismo. La Virgen María nos lleva a Jesús, y Jesús es el Primogénito entre muchos hermanos. Conocer a Jesús supone aprender y decidirse a vivir entregados al servicio de los demás. 
Todo cristiano ha de vivir como María, mirando a Dios, a la Iglesia y al mundo, sin dejar de preocuparse activamente por la salvación de las almas. Hemos de colaborar empecinadamente con la gracia de Dios en cuanto se refiere a nuestra vida interior y en el desarrollo de las virtudes cristianas, sintiéndonos en todo momento miembros del Cuerpo Místico de Cristo, que es su Iglesia. La santidad personal, misterio de gracia recibida y de correspondencia personal, beneficia a todos los miembros del Cuerpo, nuestros hermanos. Si caminamos de la mano de la Virgen Santísima, Ella hará que nos sintamos hermanos de todos los hombres: porque todos somos hijos de ese Dios, del que Ella es Hija, Esposa y Madre, y por lo mismo también entrañable Madre nuestra.
         Los problemas de los hermanos no deberían sernos ajenos. El sentido de fraternidad cristiana ha de estar profundamente arraigado en nuestra alma, de tal manera que ningún hermano nos sea indiferente.
 Santa María, Madre de Jesús, que lo crió, lo educó y lo acompañó en su vida terrena y que ahora está junto a Él en los Cielos, nos ayudará a reconocer a Jesús que pasa a nuestro lado y se nos hace presente en las necesidades de nuestros hermanos los hombres, muy especialmente a través de los que viven a nuestro lado y con los que compartimos la andadura diaria.
         Debemos tratar a la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra,  como a una persona viva, porque sobre ella no ha triunfado la muerte, sino que está en cuerpo y alma junto a Dios Padre, junto a su Hijo, junto al Espíritu Santo. Sólo así podremos experimentar su acción materna y de su mano irá creciendo en nosotros la conciencia de nuestra filiación divina, creceremos en espíritu y sensibilidad fraterna.
         La fe católica reconoce en la Virgen María un signo privilegiado del amor de Dios. Para comprender el misterio que la envuelve hemos de hacernos como niños, y porque Ella es Madre nos enseñará a querer como hijos, a querer de verdad, sin medida, a ser sencillos, sin esas complicaciones que nacen de la actitud egoísta de pensar sólo en sí mismo, a estar alegres. Si buscamos a la Virgen María, a través de Ella encontraremos a Jesús, y comprenderemos un poco de lo que hay en ese Corazón Divino que se humilló y no hizo alarde de su categoría por la salvación de los hombres, sus hermanos.

Hna. Mª Elvira de la Santa Cruz MF

martes, 25 de febrero de 2014

MEDITACIÓN SOBRE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA


La Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo ofrecido sobre nuestros altares bajo las apariencias de pan y vino, en conmemoración del Sacrificio de la Cruz.

Transpórtate tú mismo hasta el Calvario. Mantén tu mente centrada en el misterio que se desarrolla ante tus ojos.
- Santo Padre Pío-

¿QUÉ OCURRE EN NUESTRO CORAZÓN?



Niños hambrientos en los campos de refugiados, mientras los fabricantes de armas hacen fiesta en los salones. Es la imagen que el Papa Francisco evocó en la Misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta. La homilía del Pontífice fue un llamamiento a la paz y contra toda guerra, en el mundo así como en las familias. El Papa insistió en que la paz no puede ser solamente una “palabra” y exhortó a todos los cristianos a no “acostumbrarse” al escándalo de la guerra.
¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? El Santo Padre se inspiró en la Epístola del Apóstol Santiago, en la Primera Lectura, para elevar una vibrante condena de todas las guerras. Y comentando las peleas entre los discípulos de Jesús para ver quién fuese el más grande entre ellos, puso en evidencia que cuando “los corazones se alejan nace la guerra”. “Cada día, en los periódicos, encontramos guerras – constató con amargura – en tal lugar dos, cinco muertos”, en otro lugar más víctimas:
“Y los muertos parecen hacer parte de una contabilidad cotidiana. ¡Estamos acostumbrados a leer estas cosas! Si tuviésemos la paciencia de citar todas las guerras que en este momento hay en el mundo, seguramente llenaríamos muchas páginas. Pareciera que el espíritu de la guerra se hubiese apoderado de nosotros. Se hacen actos para conmemorar el centenario de aquella Gran Guerra, tantos millones de muertos… ¡Y todos escandalizados! Pero ¡hoy es lo mismo! En vez de una gran guerra, pequeñas guerras en todas partes, pueblos divididos… por conservar los propios intereses se asesinan, se matan entre ellos”.
“¿De dónde vienen las guerras y las querellas que hay entre ustedes?”, repitió el Obispo de Roma. “Las guerras, el odio, la enemistad – respondió – no se compran en el mercado: están aquí, en el corazón.” Y recordó que cuando de niños, en el catecismo, “nos contaban la historia de Caín y Abel, todos estábamos escandalizados”, no se podía creer que uno mate el hermano. Pero, hoy, “tantos millones se matan entre hermanos, entre ellos. Pero estamos acostumbrados”. La Primera Guerra Mundial, dijo, “nos escandaliza, pero no la gran guerra un poco por todas partes”, un poco “escondida, ¡no escandaliza! Y tantos mueren por un pedazo de tierra, por una ambición, por un odio, por un celo racial”. “La pasión – agregó – nos lleva a la guerra, al espíritu del mundo”:
“También normalmente ante un conflicto, nos encontramos ante una situación curiosa: salir adelante para resolverlo, peleando. Con el lenguaje de la guerra. ¡No viene antes el lenguaje de la paz! ¿Y las consecuencias? Piensen en los niños hambrientos en los campos de refugiados… Piensen solamente en eso: ¡es el fruto de la guerra! Y si quieren piensen en los grandes salones, en las fiestas que hacen aquellos que son los patrones de la industria de las armas, que fabrican las armas, las armas que terminan allí. El niño enfermo, hambriento, en un campo de refugiados y las grandes fiestas, la vida bella que tienen aquellos que fabrican las armas”.
“¿Qué ocurre en nuestro corazón?”, repitió. El Apóstol Santiago, agregó Francisco, nos da un consejo sencillo: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes”. Por lo tanto, advirtió sobre “este espíritu de guerra, que nos aleja de Dios, que no está lejos de nosotros” está “también en nuestra casa ”:
“Cuantas familias destruidas porque el papá, la mamá no son capaces de encontrar el camino de la paz y prefieren la guerra, hacer causa… ¡La guerra destruye! ‘¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros’? En el corazón. Hoy les propongo rezar por la paz, por aquella paz que parece haberse convertido sólo en una palabra, nada más. Para que esta palabra tenga la capacidad de actuar, sigamos el consejo del Apóstol Santiago: ‘¡Reconozcan su miseria!”.
Aquella miseria, continuó, de donde provienen las guerras: “Las guerras en las familias, las guerras en los barrios, las guerras en todas partes”. “¿Quién de nosotros ha llorado – se preguntó – cuando lee el periódico, cuando en la televisión ve aquellas imágenes? Tantos muertos”. “Que la alegría de ustedes – dijo retomando al Apóstol Santiago – se transforme en llanto, y el gozo, en tristeza…”. Esto, agregó Francisco, “es lo que hoy, 25 de febrero, debe hacer un cristiano ante tantas guerras, en todas partes”: “Llorar, hacer luto, humillarse”. “Que el Señor – concluyó – nos haga entender esto y nos salve del acostumbrarnos a las noticias de guerra”.

CARTA DEL SANTO PADRE A LAS FAMILIAS



Queridas familias:          
Me presento a la puerta de su casa para hablarles de un acontecimiento que, como ya saben, tendrá lugar el próximo mes de octubre en el Vaticano. Se trata de la Asamblea general extraordinaria del Sínodo de los Obispos, convocada para tratar el tema “Los retos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”. Pues la Iglesia hoy está llamada a anunciar el Evangelio afrontando también las nuevas emergencias pastorales relacionadas con la familia.
Este señalado encuentro es importante para todo el Pueblo de Dios, Obispos, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos de las Iglesias particulares del mundo entero, que participan activamente en su preparación con propuestas concretas y con la ayuda indispensable de la oración. El apoyo de la oración es necesario e importante especialmente de parte de ustedes, queridas familias. Esta Asamblea sinodal está dedicada de modo especial a ustedes, a su vocación y misión en la Iglesia y en la sociedad, a los problemas de los matrimonios, de la vida familiar, de la educación de los hijos, y a la tarea de las familias en la misión de la Iglesia. Por tanto, les pido que invoquen con insistencia al Espíritu Santo, para que ilumine a los Padres sinodales y los guíe en su grave responsabilidad. Como saben, a esta Asamblea sinodal extraordinaria seguirá un año después la Asamblea ordinaria, que tratará el mismo tema de la familia. Y, en ese contexto, en septiembre de 2015, tendrá lugar el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia. Así pues, oremos todos juntos para que, mediante estas iniciativas, la Iglesia realice un auténtico camino de discernimiento y adopte los medios pastorales adecuados para ayudar a las familias a afrontar los retos actuales con la luz y la fuerza que vienen del Evangelio.
Les escribo esta carta el día en que se celebra la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. En el Evangelio de Lucas vemos que la Virgen y San José, según la Ley de Moisés, llevaron al Niño al templo para ofrecérselo al Señor, y dos ancianos, Simeón y Ana, impulsados por el Espíritu Santo, fueron a su encuentro y reconocieron en Jesús al Mesías (cf. Lc 2,22-38). Simeón lo tomó en brazos y dio gracias a Dios porque finalmente había “visto” la salvación; Ana, a pesar de su avanzada edad, cobró nuevas fuerzas y se puso a hablar a todos del Niño. Es una hermosa estampa: dos jóvenes padres y dos personas ancianas, reunidas por Jesús. ¡Realmente Jesús hace que generaciones diferentes se encuentren y se unan! Él es la fuente inagotable de ese amor que vence todo egoísmo, toda soledad, toda tristeza. En su camino familiar, ustedes comparten tantos momentos inolvidables: las comidas, el descanso, las tareas de la casa, la diversión, la oración, las excursiones y peregrinaciones, la solidaridad con los necesitados… Sin embargo, si falta el amor, falta la alegría, y el amor auténtico nos lo da Jesús: Él nos ofrece su Palabra, que ilumina nuestro camino; nos da el Pan de vida, que nos sostiene en las fatigas de cada día.
Queridas familias, su oración por el Sínodo de los Obispos será un precioso tesoro que enriquecerá a la Iglesia. Se lo agradezco, y les pido que recen también por mí, para que pueda servir al Pueblo de Dios en la verdad y en la caridad. Que la protección de la Bienaventurada Virgen María y de San José les acompañe siempre y les ayude a caminar unidos en el amor y en el servicio mutuo. Invoco de corazón sobre cada familia la bendición del Señor.
Vaticano, 2 de febrero de 2014
Fiesta de la Presentación del Señor

lunes, 24 de febrero de 2014

ADVERTENCIA A LOS INSTITUTOS, CONGREGACIONES RELIGIOSAS Y FUNDACIONES APOSTÓLICAS



El gran peligro de los Institutos nacientes está en no tener fe en la gracia primera. Vienen algunos que dicen: Si se modificara esto, si se añadiera aquello..., más valdría si se obrara de este otro modo... Puede ser que los tales tengan talento, experiencia e influencia, pero yo os digo que, voluntariamente o no, son traidores de la primera gracia, de la gracia de la fundación, de las ideas del Fundador, y que perderán al Instituto que los escuche.

Nunca faltan quienes se creen llamados a reformar al Fundador y a hacer mejor que él, pero sólo al que ha escogido para fundar bendice Dios, y nunca a sus contrarios. Harto conocido es el ejemplo de Fr. Elías y de San Francisco. Fray Elías quería cambiar, atenuar, glosar; mas por orden de Dios le contestaba el santo: “Sin glosa, sin glosa, sin glosa.” Fray Elías acabó separándose; fuese a Alemania, donde acabó sus días en la mayor de las miserias, sosteniendo al antipapa en el partido del emperador cismático.

No, Dios no bendecirá nunca a quien sale de la primera gracia, la cual puede desenvolverse, sacando a luz con el tiempo cuanto dentro contiene, según lo exijan las circunstancias, pero jamás cambiar o introducir cosas que le sean contrarias. Dios no hará prosperar más que la gracia primera: nunca dará otra distinta.

Por lo que si alguno se hubiese alejado, tiene que volver a ella pura y sencillamente: Prima opera fac, haced lo que antes, volved a la pureza de la gracia primera, que si no os voy a dispersarSin autem venio tibí et movebo candelabrum tuum de loco suo[1]. Así que no introduzcáis nunca en vuestra regla elementos nuevos o extraños, antes decid lo que aquel santo fundador: “O siguen siendo como son, o desaparecen del todo.” Este peligro es realmente grande; andad con cuidado.

Finalmente, observad la regla y guardadla religiosamente por respeto hacia Dios, ya que de Él procede. ¿Creéis acaso que el hombre es capaz de componer una regla? No, no hay santidad ni virtudes que para esto basten, sino que es menester vocación especial de Dios. Dios la inspira y el fundador la transmite con lágrimas y sufrimientos. No hay hombre que pueda poner luz y santidad en trazos de su mano. Si la regla lleva consigo la gracia y santifica, su autor no puede ser otro que Dios, único que puede dar gracia y virtud para santificarse.

La regla es para vosotros lo que el evangelio para la Iglesia, esto es, el libro de la vida, el libro de la palabra de Dios, lleno de su verdad, de su luz, de su gracia y de su vida. ¿Y tan osados habíais de ser que tocarais una sola sílaba de este evangelio, o dejarais caer una sola palabra? No, sino que todas sus palabras han de ser sagradas para vosotros.

Escuchad las amenazas que san Juan escribió al fin de su Apocalipsis; bien podéis aplicarlas al libro de las santas reglas: “Yo protesto a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Que si alguno añadiere a ellas cualquiera cosa, Dios descargará sobre él las plagas escritas en este libro. Y si alguno quitare cualquiera cosa de las palabras del libro de esta profecía, Dios le quitará a él del libro de la vida, y de la ciudad santa, y no le dará parte en lo escrito en este libro”[2].

San Pedro Julián Eymard, “Escritos Eucarísticos”, pags. 916, 917.  Ediciones “Eucaristía” Madrid, 1963.

[1] II, 5.
[2] Apoc. 18, 19.