REGNUM MARIAE

REGNUM MARIAE
COR JESU ADVENIAT REGNUM TUUM, ADVENIAT PER MARIAM! "La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro. Para esta misión debemos consagrarnos a la Inmaculada sin límites ni reservas." (San Maximiliano María Kolbe)

lunes, 9 de diciembre de 2013

EL MILAGRO DE TEPEYAC 1 - la Historia del Indio Juan Diego

ORACIÓN DEL VICARIO DE CRISTO A LA INMACULADA


"Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el honor de nuestro pueblo
y la guardiana atenta que cuida de nuestra ciudad,
nos dirigimos con confianza y amor.

¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
El pecado no está en Ti.

Suscita en todos nosotros un renovado deseo de santidad:
en nuestra palabra brille el esplendor de la verdad,
en nuestras obras resuene el canto de la caridad,
en nuestro cuerpo y en nuestro corazón habiten la pureza y la castidad,
en nuestra vida se haga presente toda la belleza del Evangelio.

Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
La Palabra de Dios se hizo carne en Ti.

Ayúdanos a mantenernos en la escucha atenta de la voz del Señor:
el grito de los pobres nunca nos deje indiferentes,
el sufrimiento de los enfermos y los necesitados no nos encuentre distraídos,
la soledad de los ancianos y la fragilidad de los niños nos conmuevan,
toda vida humana sea siempre amada y venerada por todos nosotros.

Tú eres la Toda Hermosa, ¡Oh María!
En ti está el gozo pleno de la vida bienaventurada con Dios

Haz que no perdamos el sentido de nuestro camino terrenal:
la suave luz de la fe ilumine nuestros días,
la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos,
el calor contagioso del amor anime nuestro corazón,
los ojos de todos nosotros permanezcan fijos, allí, en Dios, donde está la verdadera alegría.

¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María!
Escucha nuestra oración, atiende nuestra súplica:
se Tú en nosotros la belleza del amor misericordioso de Dios en Jesús,
que esta belleza divina nos salve a nosotros, a nuestra ciudad, al mundo entero.

Amén".
(Papa Francisco)

martes, 3 de diciembre de 2013

"HE VENIDO PARA ANUNCIAR EL REINO DE DIOS A LOS POBRES"


Jesús, no tienes manos.
Tienes sólo nuestras manos
para construir un mundo donde reine la justicia.
Jesús, no tienes pies.
Tienes sólo nuestros pies
para poner en marcha la libertad y el amor.
Jesús, no tienes labios.
Tienes sólo nuestros labios
para anunciar al mundo la Buena Noticia de los pobres.
Jesús, no tienes medios.
Tienes sólo nuestra acción
para lograr que todos seamos hermanos.
Jesús, nosotros somos tu Evangelio,
el único Evangelio que la gente puede leer,
si nuestras vidas son obras y palabras eficaces.

Señor, enséñanos a no contentarnos 
con amar a los nuestros, a los que amamos.
Señor, enséñanos a pensar en los otros,
a amar primero a los que no son amados.
Señor, danos la gracia de comprender
que en cada momento de nuestra vida
hay millones de seres humanos
que son hijos tuyos,
que son mis hermanos,
y que mueren de hambre,
y que mueren de frío.
Señor, ten piedad
de todos los pobres del mundo.
Señor, no permitas que sigamos
siendo felices nosotros solos.
Danos la angustia de la miseria universal
y líbranos de nosotros mismos.

Jesús, danos tu amor y tu fuerza
para proseguir tu causa
y anunciar la buena noticia a los pobres.


REINA Y MADRE, CONFIANZA NUESTRA


NO SE PUEDE PARAR EL HAMBRE CON CUCHILLAS DE SANGRE


CARTA ABIERTA AL SR. JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ, MINISTRO DEL INTERIOR DEL GOBIERNO DE ESPAÑA, SOLICITÁNDOLE QUE PARE LA INSTALACIÓN DE “CUCHILLAS” EN LA VALLA DE CEUTA Y MELILLA
Estimado Sr. Ministro del Interior:
Las personas y colectivos que trabajamos en favor de los Derechos Humanos y con las personas migrantes no entendemos ni compartimos las políticas de fronteras que tanto la Unión Europea como España practican. Los métodos de externalización y defensa que se están implementando en las fronteras hemos realizado nuestras alegaciones y propuestas. Sin embargo, las últimas decisiones que afectarán a la valla de Ceuta y Melilla nos resultan del todo incomprensibles y rechazables.
Como hemos manifestados en otras ocasiones, estas medidas son las causa y las consecuencias de las desgracias y muertes que se suceden. Los resultados de estas políticas tanto europeas como españolas son los cadáveres de las personas migrantes saturando mares y desiertos.
Estamos habituados a que los gobiernos hagan caso omiso de nuestras advertencias y consideraciones. Sin embargo, deben admitir que teníamos razón cuando proclamábamos el error y la poca eficacia de estas políticas de contención.
Sin embargo, el hecho lamentable por la que nuevamente nos dirigimos a usted como representante del gobierno de España en esta materia, es que haya tomado en consideración e instalado nuevamente la “concertina”. Sistema inhumano, retirado ya en el 2007, por las muertes y lesiones graves que provocaba a todas las personas migrantes que intentaban cruzar nuestras fronteras por necesidad. Este es un instrumento que pone en serio riesgo la vida y la integridad de las personas, ya que, como en su día informaba el Defensor del Pueblo de España “su fin es causar daños corporales a aquellas personas que intentan traspasar las vallas”.
¿Toda la inversión realizada en sofisticados medios de detección y vigilancia fronteriza -incluido el nuevo Eurosur- no ha servido para nada y es necesario incorporar métodos pasados, oscuros e inhumanos de fortificación? Estos hechos son producto de una Europa Fortaleza, que pretende alejar e inmovilizar a las personas migrantes más allá de sus fronteras para eludir responsabilidades. Europa y España renuncian con estos métodos a los valores que dice defender. Los resultados son evidentes, más de 20 000 muertes en el Mediterráneo.
Una sociedad que se dice democrática no puede llevar a cabo esa medida. No puede permitir vallas infranqueables, y mucho menos, sin escatiman en medios, volcarse en soluciones que contradicen los mínimos humanitarios.
Sr. Ministro: ESTAS MEDIDAS NO IMPEDIRÁN QUE SIGAN VINIENDO INMIGRANTES. NO SE PUEDE PARAR EL HAMBRE CON CUCHILLAS DE SANGRE.
Los testimonios de los inmigrantes que han realizado el salto a las vallas y sufrido sus consecuencias lo atestiguan: “Ya estamos muertos, sin futuro”; “Estoy aquí para entrar en Europa. Es mi única meta y no voy a parar hasta conseguirlo”; “¿Qué es lo que puedo perder? No tengo nada”.
Sr. Ministro: lo primordial es ir al origen del problema, que no está en Melilla, ni Ceuta, sino en Europa y su relación con los países africanos.
Por todo esto le exigimos e instamos como ciudadanos, preocupados por las personas, los derechos universales y la calidad humana de nuestra sociedad, que proceda a dar las instrucciones oportunas para que no se restablezca el sistema de cuchillas en las vallas de Ceuta y Melilla. Con esta medida solo causarán dolor, no conseguirán nada más. Y será un punto negro más a añadir a las políticas de fronteras de toda Europa.
¡Ni una muerte más por las fronteras !
“Plataforma contra la violencia institucional hacia los inmigrantes”

lunes, 18 de noviembre de 2013

ORACIÓN PARA BAUTIZAR A LOS BEBÉS ABORTADOS



LA REALEZA DE NUESTRA SEÑORA EN LA TRADICIÓN

Con razón ha creído siempre el pueblo cristiano, aun en los siglos pasados, que Aquélla, de la que nació el Hijo del Altísimo, que «reinará eternamente en la casa de Jacob» y [será] «Príncipe de la Paz», «Rey de los reyes y Señor de los señores», por encima de todas las demás criaturas recibió de Dios singularísimos privilegios de gracia. Y considerando luego las íntimas relaciones que unen a la madre con el hijo, reconoció fácilmente en la Madre de Dios una regia preeminencia sobre todos los seres.
Por ello se comprende fácilmente cómo ya los antiguos escritores de la Iglesia, fundados en las palabras del arcángel San Gabriel que predijo el reinado eterno del Hijo de María, y en las de Isabel que se inclinó reverente ante ella, llamándola «Madre de mi Señor», al denominar a María «Madre del Rey» y «Madre del Señor», querían claramente significar que de la realeza del Hijo se había de derivar a su Madre una singular elevación y preeminencia.
5. Por esta razón San Efrén, con férvida inspiración poética, hace hablar así a María: «Manténgame el cielo con su abrazo, porque se me debe más honor que a él; pues el cielo fue tan sólo tu trono, pero no tu madre. ¡Cuánto más no habrá de honrarse y venerarse a la Madre del Rey que a su trono!». Y en otro lugar ora él así a María: «... virgen augusta y dueña, Reina, Señora, protégeme bajo tus alas, guárdame, para que no se gloríe contra mí Satanás, que siembra ruinas, ni triunfe contra mí el malvado enemigo».
San Gregorio Nacianceno llama a María «Madre del Rey de todo el universo», «Madre Virgen, que dio a luz al Rey de todo el mundo». Prudencio, a su vez, afirma que la Madre se maravilló «de haber engendrado a Dios como hombre sí, pero también como Sumo Rey».
Esta dignidad real de María se halla, además, claramente afirmada por quienes la llaman «Señora», «Dominadora» y «Reina».
Ya en una homilía atribuida a Orígenes, Isabel saluda a María «Madre de mi Señor», y aún la dice también: «Tú eres mi señora».
Lo mismo se deduce de San Jerónimo, cuando expone su pensamiento sobre las varias "interpretaciones" del nombre de "María": «Sépase que María en la lengua siriaca significa Señora». E igualmente se expresa, después de él, San Pedro Crisólogo: «El nombre hebreo María se traduce Domina en latín; por lo tanto, el ángel la saluda Señora para que se vea libre del temor servil la Madre del Dominador, pues éste, como hijo, quiso que ella naciera y fuera llamada Señora».
San Epifanio, obispo de Constantinopla, escribe al Sumo Pontífice Hormidas, que se ha de implorar la unidad de la Iglesia «por la gracia de la santa y consubstancial Trinidad y por la intercesión de nuestra santa Señora, gloriosa Virgen y Madre de Dios, María».

Un autor del mismo tiempo saluda solemnemente con estas palabras a la Bienaventurada Virgen sentada a la diestra de Dios, para que pida por nosotros: «Señora de los mortales, santísima Madre de Dios».
San Andrés de Creta atribuye frecuentemente la dignidad de reina a la Virgen, y así escribe: « (Jesucristo) lleva en este día como Reina del género humano, desde la morada terrenal (a los cielos) a su Madre siempre Virgen, en cuyo seno, aun permaneciendo Dios, tomó la carne humana«. Y en otra parte: «Reina de todos los hombres, porque, fiel de hecho al significado de su nombre, se encuentra por encima de todos, si sólo a Dios se exceptúa».
También San Germán se dirige así a la humilde Virgen: «Siéntate, Señora: eres Reina y más eminente que los reyes todos, y así te corresponde sentarte en el puesto más alto»; y la llama «Señora de todos los que en la tierra habitan».
San Juan Damasceno la proclama «Reina, Dueña, Señora» y también «Señora de todas las criaturas»; y un antiguo escritor de la Iglesia occidental la llama «Reina feliz», «Reina eterna, junto al Hijo Rey, cuya nívea cabeza está adornada con áurea corona».
Finalmente, San Ildefonso de Toledo resume casi todos los títulos de honor en este saludo: « ¡Oh Señora mía!, ¡oh Dominadora mía!: tú mandas en mí, Madre de mi Señor..., Señora entre las esclavas, Reina entre las hermanas».
6. Los Teólogos de la Iglesia, extrayendo su doctrina de estos y otros muchos testimonios de la antigua tradición, han llamado a la Beatísima Madre Virgen Reina de todas las cosas creadas, Reina del mundo, Señora del universo.
7. Los Sumos Pastores de la Iglesia creyeron deber suyo el aprobar y excitar con exhortaciones y alabanzas la devoción del pueblo cristiano hacia la celestial Madre y Reina.
Dejando aparte documentos de los Papas recientes, recordaremos que ya en el siglo séptimo Nuestro Predecesor San Martín llamó a María «nuestra Señora gloriosa, siempre Virgen»; San Agatón, en la carta sinodal, enviada a los Padres del Sexto Concilio Ecuménico, la llamó «Señora nuestra, verdadera y propiamente Madre de Dios»; y en el siglo octavo, Gregorio II en una carta enviada al patriarca San Germán, leída entre aclamaciones de los Padres del Séptimo Concilio Ecuménico, proclamaba a María «Señora de todos y verdadera Madre de Dios y Señora de todos los cristianos».

Recordaremos igualmente que Nuestro Predecesor, de ilustre memoria, Sixto IV, en la bula Cum praexcelsa, al referirse favorablemente a la doctrina de la inmaculada concepción de la Bienaventurada Virgen, comienza con estas palabras: «Reina, que siempre vigilante intercede junto al Rey que ha engendrado». E igualmente Benedicto XIV, en la bula Gloriosae Dominae llama a María «Reina del Cielo y de la tierra», afirmando que «el Sumo Rey le ha confiado a ella, en cierto modo, su propio imperio».
Por ello San Alfonso de Ligorio, resumiendo toda la tradición de los siglos anteriores, escribió con suma devoción: «Porque la Virgen María fue exaltada a ser la Madre del Rey de los reyes, con justa razón la Iglesia la honra con el título de Reina».
DE LA CARTA ENCÍCLICA AD CAELI REGINAM DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XII